MOTIVO
CON DOS PAUSAS
En un rapto de piedad por
mi cuerpo
quise convertirme en un contemplativo;
pero eso es tan inútil como la
reputación
o la bienaventuranza.
Soy más torpe que el cínico
que celebró los actos,
o la vacuidad de los actos
o el exceso de los sentidos
o la irrepetibilidad del sujeto:
todo cuanto digo se borra en el intento
de encontrar una sola palabra
que no me haya matado: un nombre,
un vicio, una moneda, Dios;
un sitio donde poder esconderme de mí
mismo.
Los artefactos saben hablar,
y todos los dispensan;
y los gestos bestiales hallan perfume,
flores;
cualquier nacido es un dandy, juega con
el Demonio,
y entra a la casa del demente, del borracho
o la puta,
frenético, fanático, furtivo
aldea o ciudadela,
pasto o buitre,
pacto o acción, o liquen o desplante,
prende un tizón y me lo paga el
alma
y el alma vuelve a ser de la candela.
Todo está por ganar; todo está
por perder.
La contemplación tiene un muerto,
y un retoño podrido en la atalaya.

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