LA
ORACIÓN DEL CREPÚSCULO
¡MI DIOS, quiero ser
algo inmaterial!
Quisiera
no haber jamás nacido y no morir
jamás;
ser tan sólo una fuerza: un color,
un sonido,
una luz
Ser un claro de luna sobre
el mar.
Ser un ardiente rayo de
sol. Dar de mi fuego
y mi lumbre a la TIERRA, ignorando que
allá
en su seno, se agita como un sueño
perenne,
como un misterio torvo, la ciega humanidad.
Ignorando sus vanos ideales,
sus luchas
por las terrenas glorias y el error ancestral
de juzgarse a sí misma grande
aun no sabiendo
por cuál causa ha nacido ni por
cuál morirá
No quisiera estar hecho
de algo; no quisiera
existir, solamente para luchar, ¡luchar
sin que el estéril río de
la vida, me lleve
dulcemente a un remanso de beatitud y
paz!
¿Con qué divinos
dedos liberar mi materia
de la prisión del mundo donde encerrada
está?
¡Cómo podré diluirme
todo!, todo en la nada,
en la luz, mi DIOS, ¡quiero ser
algo inmaterial!
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