LA
MUERTE DE LA BACANTE
Para servir de argumento a un cuadro
Erigone en desorden la melena,
De Venus presa, con ardor salvaje,
Oculta apenas en el griego traje
Los globos de marfil y de azucena.
El seco labio que el pudor no frena
Del lienzo muerde el tempestuoso oleaje,
Y rasgando el incómodo ropaje
Besa y comprime la tostada arena.
Ebria de amor, frenética de vino,
En torno extiende la febril mirada,
Mal tendida en las piedras del camino.
Y al contemplarse sola,
despechada
Se oprime el pecho, con rumor suspira,
Cierra los ojos, y gozando expira.
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