COMO
TODO HOMBRE NORMAL
A Ofelia
1
Yo, como todo hombre normal, soy maniático.
Me llevo bien con mis obsesiones.
Mis relaciones con la angustia son cordiales
porque no creo que
en el mundo todo está ganado,
pero tampoco que todo está perdido.
Simplemente pienso que falta por hacer
la mejor parte.
(Cuenten conmigo.)
Pero pido que se razone y se hable claro.
Y pido que se condene a Dios por incapaz
y al Diablo por ridículo
y a la Gloria por exagerada y a la Pureza
por imposible y al Iluso
por iluso y al burgués por dolor
y al Fanático por pandillismo y
nocturnidad.
2
Yo, como todo hombre normal,
estoy enamorado de una mujer,
de una gran mujer nerviosa, bellísima,
al borde la histeria,
de una espléndida mujer que le
gusta vivir,
que hace el amor como una niña
de convento
a pesar de sus grandes ojos dibujados,
de sus
largas piernas duras y del temblor de
primavera, del frenético temblor
obsceno
que desgarra la blancura de su vientre.
Y estoy enamorado de mi tiempo.
que es brutal y también está
al borde la histeria.
Estoy enamorado de mi tiempo con los nervios
de punta,
con la cabeza rebotando entre el estruendo
y la esperanza,
entre la usura y el peligro,
entre la muerte y el amor.
Y sueño y vocifero
frente a una sorda, ululante multitud
de turbinas, pozos de petróleo,
gigantescos combinados siderometalúrgicos
donde el hombre
crece en la presteza de sus dedos sobre
los
controles y las herramientas, fundido
al cuerpo
caliente y brillante de las máquinas,
que se
desgastan incesantemente fabricando un
mundo
radiante y futuro, jamás visto,
jamás oído,
jamás tocado, habitado por fantasmas
que
apenas tenemos tiempo de engendrar.
Estoy enamorado de una mujer
bellísima y neurótica como
la Historia,
y me hundo en sus carnes espaciosas para
que la aurora
que estamos construyendo
no ilumine un planeta solitario
y melancólico.
3
Creo que el mundo puede
y debe ser cambiado
piedra a piedra y hombre a hombre,
y con esa fe me acuesto y me levanto.
Mi corazón es un bosque de furias
y benevolencias.
En mi cabeza, las derrotas, los triunfos
y las utopías
han abierto océanos, han levantado
barricadas, han hecho muertos
y resucitado muertos, han dictado reglas
de belleza y de moral
han fomentado el desaliento y proclamado
políticas salvadoras,
han inventado islas y culturas y mártires
victoriosos;
en mi cabeza, la libertad ha coronado
ídolos intolerantes
a cuyos pies en llamas he quemado dogmas
e idolatrías.
Me refugio en mi cabeza, todo yo metido
en mi cabeza,
que es un balón de fútbol
pateado por pavorosas
risas, por pavorosas palabras,
por pavorosos silencios.
Invito a todos los hombres de la libertad
y del trabajo
a patear este balón,
a dar en el blanco con esta pelota silbante.
