LA
OTRA CASA
Ay, es cierto que no soy
hijo en la casa de la poesía;
es cierto que no tengo allí una
estancia
de paja de alma, ni siquiera una lumbre.
Cada uno tiene sus signos,
sus razones,
pero los míos son sólo un
soplo deleznable.
Ay, sé muy bien que
no he de estar
ni como aire extraviado en esta casa.
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