Luisa Pérez de Zambrana
(Santiago de Cuba, 1835-La Habana, 1922)

A mi esposo

Tendí, tendí la vista desolada
en mi dolor profundo;
y al hallarme sin ti, desamparada,
me creí sobre el mundo.

Para mi alma agobiada y dolorida
todo estaba desierto,
y hubo un momento ¡oh Dios! que estremecida
pensé que te habías muerto.

Quise mirar la aurora, y en mi duelo
la hallé densa y nublada;
alcé los ojos, y empañaba el cielo
una nube enlutada.

A sentarme, rendida de tristeza
volví con hondo anhelo,
escondí entre mis manos la cabeza
y lloré sin consuelo.

Por largo tiempo en íntimo quebranto
sollocé desolada
hasta que me sentí de llorar tanto
trémula y extenuada.

1/2

Imprimir
www.cubaliteraria.com