María Villar Buceta
(La Habana, 1898-id., 1978)

Enrique Loynaz

Sacerdote de la belleza,
exultador de lo irreal,
el credo de este artista empieza
más allá del bien y del mal.

Extraordinario y paradójico,
en su fiebre de creación
a sabiendas subvierte el lógico
proceso de la concepción.

Uniendo en cópulas monstruosas
lo anímico y lo inanimado,
halla fórmulas armoniosas
su arte sutil y complicado;

y su alma al dócil cuerpo inicia
en caminos de perdición,
cuando, en misas negras, oficia
con hostias de condenación.

Celoso de su ministerio
de arte y de voluptuosidad,
arropa en gasas de misterio
su extraña personalidad

e inhumano sin ser divino
en su anhelo de perfección,
ahoga el amoroso trino
del ave de su corazón.

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