Camino de la media rueda, o saga del compañero Manuel Sosa
En estos arranques de año, el poeta Manuel Sosa me ha recordado que, en el 2010, cumplo 50. En su blog ironiza con canturías en Taguasco, y de antemano “lamenta” perdérselas; pero yo, más que evocar festejos que en verdad no creo merecer –ni sobre vidas en las que tampoco merezco creer–, de antemano confieso mi escalofrío. De pronto me acordé de Edgar Allan Poe; o más bien de su cuento “La carta robada”: esas cosas que están a la vista y, sin embargo, permanecen ocultas.
Uno dice “la media rueda”, y hay en la frase bastante de irracional optimismo. Primeramente, porque imagina que montado sobre cajas de bolas llegará feliz a los cien años. Si hasta hoy ha sido así, mañana tendrá que ser igual, uno se dice, y sin embargo no tiene en cuenta que las tozudas estadísticas de
