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Un amor que no ha pasado
Sigfredo Ariel , 18 de abril de 2006

En medio siglo de canto María Teresa Vera apenas incluyó composiciones suyas en los discos que grabó. La primera que escribió, Esta vez tocó perder, está fechada en 1914. Es un bambuco, forma musical de origen colombiano traída al parecer por los emigrados cubanos de la guerra del 95 y que alcanzó aquí gran popularidad a inicios del siglo. El bambuco adquirió en Cuba un modo peculiar de acompañamiento. Obdulio Morales aseguraba que «al bambuco cubano había que darle ritmo de bembé». El de María Teresa llevó texto de Nena Núñez, versos de desaliento, de amor contrariado, signo que va a regir casi todas las composiciones suyas:

 

Tengo un dolor en el alma
que no quiero demostrar
no sólo por no llorar,
sino que quiero arrancar
este amor que vive en mí.

Tus besos fueron la causa, pero no te culpo a ti.
Me culpo a mí que creí que tú sentirías igual
para luego comprobar lo equivocada que fui.
Sé, mucho te costará, pero me resignaré,
a mi orgullo le diré, igual que a mi corazón:
no siempre se va a ganar, esta vez tocó perder.

Veintisiete años más tarde, aquel desengaño tendrá su respuesta en otro bolero, también con versos de Nena Núñez, no exentos de cierta picardía criolla: El último es el mejor.

"No siempre se va a perder» como dice la canción.
Esta vez al corazón no lo trataron tan mal
y orgulloso, como siempre, y abierto de par en par,
para que así pueda entrar un amor dulce y reciente.
Y como es cosa sabida en cuestiones del amor
para pasar bien la vida el último es el mejor."

Componer respuestas o contestaciones era práctica habitual de muchos autores de canciones de inicios del siglo. Manuel Corona, en especial, era muy aficionado a este tipo de consecuencias musicales, tanto a canciones ajenas como propias. Entre muchas recordamos Extracto de timidez, que contestaba a Timidez, de Patricio Ballagas; Reverso de Mercedes, tras su famosa Mercedes, que a su vez inspiró a Sindo Garay otra canción titulada Merceditas, a la que Corona contestó con la Última palabra de Mercedes. Varias canciones de Rosendo Ruiz fueron «contestadas» por Sindo y viceversa. La lista es sumamente extensa como se podrá imaginar.

La Vieja Guardia estuvo dividida en dos grandes bandos que rivalizaban entre sí y que muy a menudo se batían, canción contra canción, diciéndose y desdiciéndose. No pocos creadores menores intentaron aprovecharse de aquellas querellas entre grandes. Sindo Garay lidereaba uno de esos bandos, Corona el otro. María Teresa pertenecía a este último, aunque no dudaba en interpretar la obra de Sindo, dejándonos versiones magníficas de páginas tan arduas como El huracán y la palma o La baracoesa, desgraciadamente muy poco difundida.

Esta práctica de las contestaciones engendró piezas de gran altura, borrándose con el tiempo la circunstancia en que fueron escritas, e incluso la canción que las inspiró. A menudo estas respuestas aludían de manera evidente a la línea melódica y/o la armonía de la canción a la que se contestaba. Es el caso de No puedo amarte ya, con texto de la propia María Teresa, que responde a Veinte años, en la cual no sólo reproduce la misma introducción de la conocida habanera, sino que continúa básicamente el desarrollo melódico de aquélla, y la idéntica estructura métrica de los versos.

VEINTE AÑOS                                             NO PUEDO AMARTE YA

 

Que te importa que te ame                             Que tú me amas, bien lo sé

si tú no me quieres ya.                                                y me alegra el corazón

El amor que ya ha pasado                              porque si tu amor se fue

no se puede recordar.                                     hoy reclama mi pasión.

Fui la ilusión de tu vida                                  Gocé la vida a tu lado

un día lejano ya.                                             y aunque no te anhelo ya

Hoy represento el pasado,                              hoy me consuela el pasado

no me puedo conformar.                                 en mi triste realidad.

 

Si las cosas que uno quiere                             Si lo que mi alma pidiera

se pudieran alcanzar                                       alguien lo pudiera dar

tú me quisieras lo mismo                                aquella ilusión surgiera

que veinte años atrás.                                     loca por volverte a amar.

 

Con qué tristeza miramos                               Con qué pena despedimos

un amor que se nos va                                               un amor cuando se va

es un pedazo del alma                                    y al verlo alejar sufrimos

que se arranca sin piedad.                             sin poderlo remediar.

Las letras de las canciones de María Teresa Vera fueron escritas en su gran mayoría por Nena Núñez (Esta vez tocó perder, Yo quiero que tú sepas, Es mi venganza, El último es el mejor, Es mi sentencia...) y por Guillermina Aramburu, (Porque me siento triste, No me sabes querer, Veinte años) esa misteriosa y «digna señora pone letra a mis mejores producciones» procedía de una antigua familia de Guanajay, hija del escritor y periodista Nicolás Aramburu, en cuya casa trabajó durante años la madre de María Teresa como doméstica. Con algunas excepciones, como es el caso del bambuco Cara a cara, con versos de J. González Ramos, la propia trovadora escribió los textos de sus canciones: Con mi madre siempre, Amar y ser amada –una de las pocas piezas de su autoría que grabó con Zequeira-, Arrolla cubano, Ya te conocí y otras que permanecen inéditas. Su sincera alabanza a Ochún, madre suya en el santo, titulada A la Virgen de Caridad fue grabada por el trío Veinte años en 1961 junto a boleros deliciosos llenos de cándido rencor.

La interpretación de Hierrezuelo-Valdés-Daugherty fue guiada por la compositora, y mucho de la expresión suya quedó impresa en ellos de manera indeleble. La «marcha» que María Teresa le imponía al ritmo del bolero, un tanto «adelantada» en relación con otros intérpretes contemporáneos suyos, fue una herencia que aprovechó Lorenzo para sus interpretaciones junto a Francisco Repilado (Compay Segundo) y más tarde junto a su hermano Reynaldo en el dúo Los Compadres, fundado en 1945, cuando aún cantaba con María.

Las últimas presentaciones públicas de María Teresa Vera tuvieron lugar en 1961. Cuando varias dolencias le imposibilitaron el canto, nadie fue capaz de lamentarlo tan hondamente como ella misma, que se había entregado de manera absoluta a la canción cubana. El disco con sus creaciones a cargo del trío Veinte Años, editado recientemente ya en disco compacto, es un esfuerzo encomiable, por supuesto, pero su verdadero homenaje será volver los ojos nuestros hacia aquellas canciones con las que Cuba entró en el siglo XX, las que ella más amó, modestas flores apenas conocidas, frágil amor que se nos va escurriendo. Memoria olvidadiza de nuestra antigüedad de país joven, isla que se levanta no sólo sobre el mar, sino sobre su entraña de canción, amores y pesares que vienen sucediéndose una y otra vez en todas nuestras vidas. Rozar ese cimiento será nuestra fortuna siempre, la única que tuvo y deseó María Teresa Vera.


*Fragmentos de entrevista a María Teresa Vera de Don Galaor publicada en 1957, en la revista Bohemia.