Anualmente la colección Pinos Nuevos presenta varios autores y títulos para engrosar la nómina de las letras cubanas. No siempre la obra tiene méritos trascendentes y queda en sus inicios, perdida entre la pluralidad de voces, aunque siempre es bueno que la diversidad sea el signo que mantenga esta línea editorial en Cuba, como justo espacio para el talento, la sensibilidad y la inteligencia que se multiplica en el país, más allá de la capital y de las principales ciudades, como fenómeno que abre las compuertas y revitaliza, de por sí, al movimiento autoral cubano y también, por qué no, al sistema editorial.
En ese concierto aparece Martí, eros y mujer, ensayo de la investigadora y periodista Mayra Beatriz Martínez, a quien conozco desde hace más de dos décadas. Sé de sus inicios en el mundo de la literatura, el periodismo y estos afanes martianos, los mismos que la llevaron a anclarse, no a limitarse, en su expresión intelectiva, en el Centro de Estudios Martianos.
La figura del Apóstol es una temática sobre la que muchos y muchas giramos en este país, con mayor o menor fortuna, y también con mayor ingenio y agudeza en cuanto a las propuestas investigativas, aunque todavía haya huella de tijeras y pegamentos en algunos títulos, y esquemas y fórmulas reiterativos. Sin embargo, Mayra Beatriz no anda por el camino trillado, sino que se lanza de lleno hacia otras vertientes menos estudiadas, como la mirada de Martí sobre la mujer y, especialmente, sobre lo erótico; y lo hace de igual forma en su construcción, no como dogma sino como proceso cuajado de enriquecimiento, evoluciones e involuciones, en justa correspondencia con la propia articulación vital del hombre que fue Martí, del que en muchas oportunidades nos solemos olvidar para sólo reparar o detenernos, en exceso, en aspectos puntuales de su ideología política o su corpus literario.
Mujer y erotismo se fusionan en estas páginas ensayísticas, dentro del espíritu de los llamados estudios de género, mas sin caer en la tentación, igualmente peligrosa, que lleva a no pocos a forzar la mano para emplear un lugar común y hacer que Martí diga lo que no dijo, encasillándosele en otras teorías, conceptos y experiencias que no fueron ni de su época ni de su perfil.
Creo, y me avala el haber trabajado algo sobre la vida y la obra martianas, que el Maestro no necesita de tales “contribuciones”, empobrecedoras y reduccionistas por su tendenciosidad al subrayar su vigencia. Muy por el contrario, José Martí, como lo subraya la autora del volumen, se sostiene a sí mismo desde su praxis vital y su conceptualización ideoestética, dentro del nada fácil y siempre complejo proceso histórico de la Modernidad que tuvo, en él, a uno de sus más avanzados y lúcidos protagonistas.
Mayra Beatriz no es conclusiva ni pretende cerrar todas las puertas a esta indagatoria suya, apelativo a otros acercamientos que potencia la polémica sobre el tema y abre la “leyenda” desde su relectura contemporánea, como lo explicita el ensayo en el mejor ángulo de la investigación, aquel que profundiza en el texto y el personaje de Lucía Jerez, escrito en 1885, hace ya más de un siglo, pero que mantiene todavía, para nosotros y en esta centuria, su enigma y sigue siendo uno de los materiales más provocativos para la investigación, a pesar de las manquedades confesas por el autor sobre aquella “noveluca” que, de haber sido conocida, pienso, por alguien como el cineasta italiano Visconti, muy bien hubiera podido sorprenderlo.
El erotismo, desde los textos públicos y, sobre todo, en aquella papelería más personal e íntima en la que se manifiesta con libertad el punto de vista del sujeto martiano, es la sustancia de este ensayo que despoja a Martí de letra muerta y lo presenta en medio de la reflexión, como un proceso abierto que nos reclama urgente atención, libre de prejuicios y de tabúes.
