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La Maga Maguísima pernoctando en Radio Metropolitana
Enrique Pérez Díaz , 19 de abril de 2006

La historia del arte y la literatura está llena de ejemplos que muestran los incesantes —más bien crecientes— intercambios entrambos, préstamos, adaptaciones, versiones, unas veces artísticas y logradas, otras, puros intentos fallidos de acercar los medios entre sí. Hoy dedicamos nuestra sección a comentar sobre uno de estos intercambios felices en que la Literatura sirve de motor o acicate para impulsar el arte, en este caso radial. El Gran Premio concedido en el Festival Nacional de la Radio cubana al programa dedicado a José Martí del espacio diario "La Maga Maguísima", bien justifica que nos detengamos a hablar del modo –casi increíble– en que una buena historia puede viajar de un medio a otro.

PORTENTOSO VIAJE HACIA LA MAGIA

Poco se habla de la radio en Cuba, como no sea a través de sus mismas ondas intangibles para muchos. Sin embargo, deseo referirme a un espacio que, con apenas medio año en el aire, se ha granjeado la mirada cómplice del público al que va destinado y —¿por qué no?— del gran público en general.

Se trata de "La Maga Maguísima", infantil radial de 27 minutos que para Radio Metropolitana dirige Cuqui Dueñas, con guiones de la escritora Olga Marta Pérez y la periodista Rosa Pérez y que además cuenta con la eficaz realización de Yosvel.

Surgida en un libro de cuentos de Olga Marta, esta Maga —que en la radio encarna la impar actriz Verónica Lynn— viene para demostrar al oyente que la literatura y el arte siempre pueden significar un viaje portentoso, sí, un portentoso viaje hacia el conocimiento, la distracción, el deleite y, sobre todo, al buscar esas ignotas e infinitas geografías que a veces tenemos a la mano y nunca fuimos capaces de descubrir.

Aunque nacida de un texto publicado por la editorial pinareña Cauce,1 esta Maga del radio llega con otros muchos encantos y atributos, que le hacen posible granjearse el afecto, tanto de niños como adultos.

Sin abandonar la esencia de la criatura literaria, la autora le dota de una esencia otra, no solo en su ya rica personalidad, sino en sus dotes para transformar la realidad o sus incontables aventuras en pos del perenne hallazgo del insólito cotidiano.

El espacio se estructura como un eterno viaje de la Maga y sus incidentales interlocutores quienes se trasladan por secciones, mediante conjuros tan ocurrentes y espontáneos como aquel que dice: Mango, maní, tamarindo, te reirás de lo lindo o Guacamole, cundeamor, que se abra mi cuento en flor.

De este modo, la Maguísima hace cuentos, entrevistas (dimequetediré), viaja a través del espacio y lo mismo puede encontrarse con una torpe lechuza causante del bautismo de Estela Granito de Canela,2 El Unicornio Azul o las increíbles mariposas monarcas que aquí, no solo parecen surcar inconmensurables espacios sino tiempos infinitos.

En otros instantes, La Maga conversa con el narrador rompiendo así la norma radial o propone un diálogo intertextual hacia el oyente sobre la base del conocimiento mutuo de obras de la literatura universal.

En su Saco de palabras regala adivinanzas, trabalenguas o los palíndromos, esas inconcebibles palabras que pueden leerse (y decirse) de alante para atrás y viceversa.

Navega también con su fantasía por el Magazine, sección que, a diferencia de los medios modernos, eternamente brinda buenas nuevas, sean ciertas o no; tiene una rica cosecha de Versos de ayer y de siempre o establece monólogos sobre cualquier tema con su cómplice y hechizado auditorio.

Como la Maga y su equipo creativo se reverdecen en cada entrega, la fantasía aquí no tiene límites, el humor campea por su respeto y esa necesaria pizca de saber –por demás inherente a cualquier obra destinada al público infantil– representa un constante ejercicio de búsquedas y recuentos, lo mismo si la protagonista conoce una estrella “supermaga”, un agujero negro o los más insospechados parajes del orbe, ya sea imaginado o real.

Y ya se ha dicho todo, que esta Maga Maguísima no admite más relecturas e interpretaciones que las ofrecidas por ella misma. Solo se podría añadir que, quien al amanecer de cada día se aventure a encontrarla en las misteriosas ondas del radio, de repente se hallará en un portentoso itinerario hacia la magia, donde todo lo bueno puede ocurrir en el lugar más posible o imposible, pues la Maguísima invita a echar penas y disgustos en un saco a la espalda y escucharla de nuevo sin jamás perder su pista, enarbolando este simpático y ocurrente conjuro que nunca falla: Pan con guayaba y queso, que nos vayamos de regreso.

1Apareció en la colección Fililí y en el 2003 mereció el Premio Especial La Rosa Blanca (Texto. Ilustración y Edición) que confiere a los mejores libros del año la Sección de Literatura Infantil de la UNEAC. Al año siguiente los 5 mil ejemplares publicados por el plan de Ediciones Especiales del Instituto Cubano del Libro se agotaron en las librerías.

2 Explica el posible origen de la popular canción de Liuba María Hevia y es parte de un libro de cuentos de Olga Marta Pérez sobre letras de la conocida cantautora.