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Confluencias entre Lina de Feria y Liudmila Quincoses
Oduardo G. , 30 de noviembre de 2007

Se ha hecho muy frecuente el comentario de la recuperación editorial que ha tenido la literatura cubana en los últimos años, pero casi nunca se habla de los espacios que han aparecido para que los escritores interactúen con el público lector y, por qué no, con sus colegas. Uno de esos espacios es Confluencias, organizado por el Instituto Cubano del Libro, la Asociación Hermanos Saíz y el Centro Hispanoamericano de Cultura adscrito a la Oficina del Historiador de la Ciudad. La idea es que poetas de dos generaciones distantes se encuentren, interactúen y, por supuesto, lean. Puede haber o no confluencias en su obra, o sea, puntos de contacto en el orden formal, pero siempre habrá ese punto donde se llegará a una convergencia universal: la palabra.

Lina de Feria y Liudmila Quincoses son dos poetas muy diferentes en casi todos los sentidos: desde el punto de vista generacional las separan muchos años. Pero si hay algo en lo que estas dos poetas se parecen es en el modo en que irrumpieron en la literatura cubana. Lina, en 1967, con solo 22 años, se alzó con el que se convertiría en uno de los premios más importantes, el David. Compartido en aquella ocasión con Cabeza de Zanahoria, de Luis Rogelio Nogueras, Casa que no existía ya era un libro de una madurez aplastante, atípico, y consagraría a su autora como una poeta de la que no podrían apartarse las miradas de la crítica y los lectores. Con Liudmila sucede algo parecido: en 1994, con 19 años, obtiene el Premio Fundación de la Ciudad de Santa Clara con Un libro raro, e inmediatamente llama la atención de los círculos literarios de la Isla y, al igual que Casa que no existía, era un libro maduro y diferente.

Según dijo Liudmila Quincoses al ser interrogada por el moderador habitual de Confluencias Juan Nicolás Padrón, ella escribió su primer libro por intuición y esa intuición poética todavía la ayuda; la suya es una escritura compulsiva. Para Lina de Feria, ella escapó a los estereotipos de la poesía femenina de la época, pero lo hizo de una manera inconsciente y siempre se ha sentido atraída por el mito de Midas, sólo que ella siempre ha tratado de convertir en poesía todo lo que toca. 

Desde el punto de vista formal, las poéticas de estas autoras difieren abismalmente y eso fue notable cuando las dos leyeron parte de su obra, pero el hecho de que sus poéticas difieran no quiere decir que no haya confluencias. De los poemas que leyeron podría decirse mucho, pero quien escucha poesía se sumerge y luego, cuando el recital termina, se despierta de una suerte de ensueño, eso si en realidad te gusta la poesía, si en realidad la disfrutas.