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Llegar a La Habana y triunfar
Frank Castell , 11 de enero de 2006

A simple vista el lector de Poeta en La Habana entiende que Osmany Oduardo Guerra (Las Tunas, 1975) retrata una ciudad melancólica porque precisamente él no quiere sucumbir al influjo de sus calles apacibles o inhóspitas. Basta llegar al pórtico de textos alusivos a los fantasmas que lleva el poeta:

Malditos los que llegan a una ciudad extraña,
Esta ciudad que ahora se ha vuelto pesadilla.

Sí, para muchos La Habana es una pesadilla, sin embargo permanecen en ella como árboles, aferrados a la historia. Este es un libro diferente, alejado de toda retórica, logra captar el espíritu de los transeúntes, los exiliados en cualquier parque. Aquí la voz del sujeto lírico mantiene el tono durante el tiempo, a veces directo, a veces un poco más simbólico; pero de todas formas humano.

Su autor no es un poeta de poses citadinas. Sabe hasta dónde entregarse. De ahí que los textos se unen en una suerte de cuadros o sinfonía de quien camina sin otro objetivo que descubrir los tantos misterios a través de la mirada precisa e indócil.

Quizás los versos de Osmany no sean asumidos con beneplácito por algunos lectores. El sólo hecho de retratar a la capital con sus luces e imperfecciones parezca a simple vista irreverente. Pero ahí está la trampa: al distanciarse de la ciudad es una forma de percibir ese aliento bohemio que la hace imprescindible de él:

Cuando vengan a buscarme
me encontrarán sin hambre ni rencores
abrazado a esta ciudad
que sabe a veces a nostalgia

Texto a texto las imágenes se esparcen y nos muestran, además, un giro en el discurso, un modo más intimo de enfocar la soledad, ese precio que el poeta paga: hay todo un universo de explosiones e implosiones en el alma:

Me dio mucha tristeza porque al otro lado del teléfono
mi madre se quitaba sus cansados ojos

Poeta en La Habana apuesta por lo auténtico, las definiciones, la grandeza de las pequeñas cosas y el lirismo, pues en sus trazos de sangre hay un universo vivencial que legitima cuanto dice.

No quiero ser categórico, pero ya era hora de que se publicara un volumen con estas virtudes. Para bien de la poesía cubana, Osmany Oduardo Guerra debe ocupar, desde ya, el lugar privilegiado que se merece.