De un núcleo fuerte dispone esta cuarta entrega de La Gaceta de Cuba correspondiente al año 2005. Se trata de un dossier ―“Re-pasar El Puente”― dedicado expresamente a ese proyecto cultural cubano aparecido en el primer lustro de los años 60 del siglo XX, es decir, bajo los exactos y renovadores vientos de la Revolución Cubana: Ediciones El Puente, cuya historia, tras un prologado silencio ―como si se hubiese estado cociendo lejos de la intemperie―, empieza a salir a la luz, empieza a abrirse camino como un imprescindible y necesario instante en la cultura cubana al que hay que mirar y “desclasificar” sus “archivos”...
Así, La Gaceta... tiende un puente rememorador hacia lo que fue y no fue Ediciones El Puente, que llegó a publicar más de veinte autores ―entre ellos, futuros Premios Nacionales como Nancy Morejón― y treinta y seis libros ―entre cuento, teatro y poesía, como el primer tomo de una Novísima poesía cubana―. Los cinco autores que se agrupan en “Re-pasar El Puente” no sólo rememoran el nacimiento y la muerte de un “grupo” que ―se sabe ya y este dossier lo reafirma― no fue grupo, sus avatares, sueños, deseos e ilusiones de sus protagonistas y de aquellos que participaron y publicaron en él; también hurgan en los conflictos que cercenaron ese proyecto cultural, las fuerzas dogmáticas e intolerantes que se lanzaron contra él y sus contradicciones internas.
Roberto Zurbano, en “Re-pasar El Puente”, advierte que volver a El Puente no es arqueología literaria, “sino incorporar a nuestro pensamiento crítico cultural uno de los núcleos genésicos de la cultural literaria surgida con la Revolución”. Es verdad. Por su parte, Gerardo Fulleda León levanta de sus recuerdos las figuras claves que animaron las Ediciones El Puente, como José Mario, Ana María Simo y Ana Justina, al tiempo que traza una visión personal de lo que era El Puente: “un grupo de jóvenes que necesitábamos expresarnos por medio de la literatura [...]. Pero con diferenciaciones estilísticas y conceptuales ante la literatura y la vida.” Es verdad. Mientras que Josefina Suárez, entrevistada por Arturo Arango, sitúa el papel que ella desempeñó en el trabajo de El Puente, Isabel Alfonso ofrece un análisis en el que ubica a las Ediciones en el contexto cultural de la época y revisa las posiciones estéticas de tres autores que publicaron en él: Isel Rivero, Reinaldo García y José Mario. Finalmente, Norge Espinosa cruza las aguas turbulentas, atraviesa diversas zonas de la literatura y la cultura cubana de entonces ―plagada de fricciones― y recoge las “insistencias” con que un “grupo” quiso marcar su diferencia y su libertad creadora: todo para rescatar una historia, un momento que “no debe seguir siendo ignorado”, como se pudo constatar en Mirar los 60, esa impresionante exposición que organizó hace poco el Museo Nacional de Bellas Artes y que (de)mostró el estado de invisibilidad en que quedó El Puente ―como si hubiese sido volado por los aires―. Son verdades.
Parece que El Puente vuelve a ser reconstruido, aunque esta vez desde otra dimensión... es decir, desde la distancia temporal. Seguramente ―cabrá esperar― mucho de este Puente permanezca aún invisible para la historia literaria cubana. Pero volverá a ser cruzado con otros ojos, con otras manos, con otros pies, en busca de juicios que reconstruyan el valor real de un fenómeno protagonizado por un “grupo” que, diría Fulleda León, entonces era bastante iluso pero que ahora es ―y será― objeto de muchos acercamientos.
Si La Gaceta... levanta un puente en este sentido, justo a cuarenta años de su desaparición ―al menos en Cuba, pues José Mario continuó el proyecto al fijar en 1968 su residencia en España―, también lo hace con otra “figura” a cien años de su muerte.
Me refiero a Máximo Gómez, protagonista especial de la historia cubana, antillana y latinoamericana. A este hombre singular se le dedica una sección que, como indica su nombre ―”Gómez, escritor”―, destaca una faceta poco conocida de su persona ―diría que bastante relegada, aunque tampoco quiero ahora magnificar: al César lo que es del César―: se trata del Gómez literario, el autor de relatos y una literatura de campaña que sigue despertando interés. En esta sección aparecen textos de Ambrosio Fornet ―sobre lo que él llama la narrativa de campaña del Generalísimo―, Fernando Martínez Heredia ―sobre el lado intelectual, y no simplemente guerrero, de su persona― y Reinaldo Montero ―cuyas palabras retratan en breves líneas el Gómez que conoció en su infancia―. A ellos se suma “La gratitud merecida”, artículo de Pedro Pablo Rodríguez con que La Gaceta... pone “El punto” al final de las páginas de sus entregas.
Por supuesto, destacados entre estos dos núcleos aparece otro, dedicado al artista René Francisco, cuya obra es observada y revisada desde la perspectiva de Caridad Atencio, con “Una intención contra el destino”; Eugenio Valdés Figueroa, con “El salto (o los trampolines de René”; y Rafael Acosta de Arriba, con “René Francisco: Opiniones de un mirahuecos”.
Y entre estos tres se diseminan otros textos literarios o ensayísticos. Ahí están, en ese momento literario de la revista: poemas de Chely Lima y Arístides Vega Chapú; un cuento de José M. Fernández Pequeño y otro de Manuel García Verdecia. Mientras que en el ensayístico: “Menos talco para lo negro”, de Maribel Rivero ―acerca de la cultura religiosa afrocubana en el cine de esta Isla―; “Tata Güines: tumba, tumbador, tumba”, de Raúl Fernández, y “Albio y Alberto, en su fugaz resurrección”, de Rosa Ileana Boudet.
La “Crítica” alberga en sus páginas reseñas sobre el Festival de Cine Pobre de Gibara y la Muestra de Nuevos Realizadores de este año; los libros Contra el documento, de Dean Luis Reyes, y Fuga, de Soledad Ríos; la puesta en escena de Tren hacia la dicha, obra de Amado del Pino; el Salón Pablo Torres Gener, de la Isla de la Juventud, y las exposiciones de arte Reporte de ilusiones, de Luis Gárciga y Miguel Moya, La biblioteca blanca, de Wilfredo Prieto; y, finalmente, sobre el Festival Los Días de la Danza, en el que se reúne la danza cubana y se muestra el estado de este arte.
* La Gaceta de Cuba, No. 4, julio-agosto de 2005. Unión de Escritores y Artistas de Cuba. Director: Norberto Codina. Redacción: Calle 17, no. 354, e/ G y H, El Vedado, La Habana, 10400. E-mail: gaceta@uneac.co.cu. Sitio Web: www.uneac.com. ISSN 0864-1706.