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Social, una revista para la memoria
Leonardo Depestre Catony, 28 de enero de 2006

Confieso el placer de releer revistas y periódicos “viejos”. Lo disfruto a plenitud porque no soy alérgico al polvo ni al tufillo que emana de las publicaciones sobre las cuales mucho ha llovido. De entre las revistas de tiempos ha que merecen todo nuestro respeto, cuatro cuentan con mi preferencia ―sin orden, aclaro―: Bohemia, Carteles, El Fígaro y Social. Me detendré en esta última, cuyo primer número apareció en enero de 1916, hace por estas fechas nueve décadas.

Fundada y dirigida siempre por Conrado Massaguer, por su calidad tipográfica, papel, diseño y empaque periodístico, Social no tenía nada que envidiar a las mejores revistas de su tiempo en cualquier país. Fue, en su momento, una revista de concepción moderna, letra bien legible y formato grande, atractiva cubierta y, como diríamos hoy, para todos los gustos. Sus entregas mensuales siempre contenían algo nuevo. Profusamente ilustrada, sus fotografías eran de elevada calidad, así como el resto de la información gráfica.

Vale la pena detenernos un párrafo en su director, el matancero Conrado Massaguer, hombre de cultura, solvencia económica y, por sobre todo, uno de los más importantes caricaturistas cubanos, con una manera de hacer que caracterizó e identificó su obra, aún al cabo de tantos años.

Pero Social contó, además, con el sello de su jefe de redacción o director artístico: el Dr. Emilio Roig de Leuchsenring, personalidad entusiasta de la cultura cubana del siglo XX y uno de los más relevantes historiadores y publicistas nacidos en el archipiélago. De manera que Social nació con excelentes padrinos.

Entre sus colaboradores cubanos aparecen Juan Marinello, Alfonso Hernández Catá, Agustín Acosta, José Zacarías Tallet, Rubén Martínez Villena, Alejo Carpentier, Nicolás Guillén, Enrique Serpa, Ramiro Guerra, Medardo Vitier, Fernando Ortiz, Enrique Labrador Ruiz, Manuel Navarro Luna, Carlos Loveira, Emilio Ballagas y muchos más. Entre los extranjeros, citaremos a Gabriela Mistral, Miguel de Unamuno, Vicente Blasco Ibáñez, Alfonsina Storni, Manuel y Antonio Machado, Leopoldo Lugones, Alfonso Reyes, Juan Ramón Jiménez, Langston Hughes, Jacinto Benavente, Vicente Aleixandre, Diego Rivera, Alejandro Casona, Miguel Ángel Asturias, y Federico García Lorca.

Con secciones fijas, Social incluía cuentos, poemas, textos históricos, de crítica literaria y artes plásticas, notas teatrales, cinematográficas y deportivas, y reseñaba el paso por La Habana de personalidades extranjeras de la cultura. En sus páginas apareció, por entregas, la novela Fantoches, en la que un autor diferente corrió a cargo de cada capítulo.

Social desempeñó, además, un importante papel como elemento aglutinador de los intelectuales cubanos de entonces. En sus almuerzos semanales y en el bufete del Dr. Roig de Leuchsenring, en la Habana Vieja, hallaron cabida los más disímiles tópicos de interés, y estuvo allí el germen del Grupo Minorista, muchos de cuyos integrantes firmaron trabajos para la revista.

Dos etapas tuvo la publicación. La primera se extendió desde su fundación hasta agosto de 1933, a la caída del dictador Gerardo Machado, y fue, sin duda, la de mayor esplendor dentro del panorama cultural cubano. La segunda corrió entre septiembre de 1935 y 1938, fecha de su última edición.

Documento de inapreciable valor para cuantos investigadores y lectores hurguen en el pasado republicano, Social es una publicación patrimonial, cuyas páginas debemos recorrer con emoción, agradecimiento y, además, con enorme respeto hacia aquellos que hicieron un periodismo digno y de servicio en circunstancias bien difíciles.