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Merchán: un escritor entre dos patrias
Leonardo Depestre Catony, 20 de marzo de 2006

Rafael María Merchán nació en Manzanillo. Su padre fue un médico colombiano y su madre, bayamesa. ¡Buena mezcla de sangres la del pequeño nacido el 2 de noviembre de 1844 en plena colonia!

Diversos oficios asumió en su adolescencia: fue tipógrafo, cajista. También ingresó en el Seminario de Santiago de Cuba, aunque desistió de seguir la carrera eclesiástica. Este diverso quehacer no fue obstáculo para que el interés por las letras despertara tempranamente y resultara pasión de toda la vida, primero a través del periodismo y las colaboraciones de prensa.

En 1867 se trasladó a La Habana para desempeñarse como profesor y redactor en El Siglo, del reformista Francisco de Frías, Conde de Pozos Dulces, y después de El País, del separatista Francisco Javier Cisneros. Ya en 1869 Merchán había enfilado abiertamente hacia el independentismo y su pluma era conocida. Su artículo titulado “Laboremus”, incitación entre líneas a trabajar por la Revolución, le ganó el sobrenombre de El Laborante y las sospechas de la metrópoli, por lo que en 1869 tuvo que emigrar a Norteamérica para militar junto a la prensa insurreccional, donde llegó a ser director del periódico La Revolución. En ausencia, en Cuba se le siguió proceso por infidencia y se le condenó a muerte.

En 1874 embarcó Merchán hacia Colombia, donde estableció su hogar y fue delegado del Partido Revolucionario Cubano, buscando el apoyo de los países latinoamericanos. Con la firma de los acuerdos de paz del Zanjón en 1878, de vuelta en Cuba, se sumó Merchán al movimiento autonomista, actitud polémica motivó más de una crítica de antiguos compañeros de armas. Sin embargo, al estallar la Revolución de 1895 la nueva guerra tuvo en Merchán a un soldado que, con su palabra escrita, ofreció sus servicios a Cuba Libre. Fue importante su labor como propagandista revolucionario, y ya con la instauración de la República se le nombró ministro plenipotenciario en España, responsabilidad a la que renunció para regresar a Colombia, donde murió el 19 de marzo de 1905, hace 101 años.

Es, pues, momento de detenernos en un breve análisis de su obra literaria, que comprende al periodista, al crítico, al ensayista y al poeta, pues todo ello convivió en Rafael María Merchán. Su bibliografía activa incluye los extensos volúmenes Estudios críticos, editado en Colombia, y Variedades, que recoge algunas de sus obras antes editadas en forma de folleto. Señala el profesor y erudito Max Henríquez Ureña que la crítica de Merchán era de tipo analítico, es decir, que se detenía en los aspectos de la forma (asuntos de lenguaje y estilo), además de caracterizarse por un tono en general severo. En 1896 apareció Cuba: justificación de su guerra de independencia. La manera en que se conformaron sus libros —a partir de la recopilación de artículos y textos publicados— es, por su misma índole, fragmentaria, pues no escribió libros dotados de fuerte unidad, como señala Henríquez Ureña. Fue, no obstante, un espíritu bien dispuesto para la polémica y un meticuloso velador de la forma y el estilo.

Hombre tan crítico se aventuró, además, en el terreno de la poesía. Emociones tituló su libro, fechado en 1899, pero no fue la poesía su más feliz incursión, aun cuando se le reconocen algunos textos de inspiración romántica. Fue también traductor del inglés, y un muy valioso exponente de las preocupaciones culturales de las intelectualidades cubana y colombiana de finales del siglo XIX, amén de servidor sincero de Cuba y su independencia.