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Desde un lugar lejano y otra vez lejano: la poesía salva
Frank Castell , 18 de abril de 2006

La rosa bajo la campana de cristal, de Ceferino Herrera Hidalgo (Bocas de Gibara, 1946) es uno de los títulos más importantes que exhibe hoy el catálogo de la editorial Sanlope. No es un cumplido. Es el reconocimiento a uno de los autores que defiende el verso hábil y sonoro. Vivir en Delicias, dígase Puerto Padre, dígase Las Tunas, pudiera impedir que la obra de un escritor no se difunda con el rigor ni la justeza necesarios. Ese que tanta falta le hace a muchos “triunfadores o elegidos de estos tiempos”, que viajan y viajan, mientras los grandes continúan en el anonimato. A veces los artistas se mueren y los lectores no son testigos de una obra sincera, madura, hecha con el corazón.

El autor de este libro entrega poemas concebidos entre 1972 y mediados de los ochenta. Textos que se alejan del panfleto y los simplismos en una época triste para la literatura en Cuba. Ceferino le canta a la vida desde la imagen transparente y profunda:

El silencio de pronto es esta mesa larga donde escribo y no encuentran mis huesos acomodo en el torcido hierro de la silla. No hay nadie, solo el ajetrear constante del gorrión y los mayitos en la enredadera; la melodía improbable de las hojas sobre el césped inundado…

Vuelo poético de altísimo nivel. Quizás el haber sido egresado de la Academia de San Alejandro, permite una simbiosis entre plástica y verso. De ahí la filosofía, la recreación de su Delicias querido, del mar simbólico y nostálgico. Pero más que eso La rosa…, desnuda sin concesiones el mundo interior del sujeto lírico. No experimenta. Tampoco se propone atiborrar de intertextualidades, uno de los lugares comunes en el referente poético actual. Ceferino, mediante la belleza y el poder de síntesis, aboga por la tranquilidad y el rumor de los ríos y los pájaros que trae consigo:

Te nacen alas
si te miro
y tu vuelo es alto
y limpio como el de una garza
y en el cielo dibujas
una mancha blanca
frente al sol dorado
como un dibujo inigualable
de Okusai.

("Garza en pleno vuelo")

Quiso el destino que estos poemas reunidos durante años por un grupo de amigos incondicionales: Renael González, Ernesto Carralero, María Liliana Celorrio, salieran para rendir homenaje a Ceferino, alejado de todo contacto con el mundo de las tertulias y los certámenes, por azar de la vida. Pero el tiempo, juez implacable que rige el destino del ser humano nos deja la satisfacción de conocer a uno de los poetas más extraordinarios de Las Tunas.

De los pocos aciertos que Sanlope ha tenido en los últimos años, La Rosa bajo la campana de cristal, es sin dudas un ejemplo de cuánto se puede hacer cuando se quiere.

Para quienes no conocen a Ceferino Herrrera Hidalgo, les va el texto que da título al libro:

El poema atado a las palabras permanece.
Para lograrlo
hace falta hacer añicos las imágenes,
tener ánfora, sueño, lumbre, hogar,
y corazón en ristre.
Poblar de sonidos el ámbito cerrado
donde una mujer y un hombre hacen el amor.

Por todas las palabras de este mundo,
poner amor, levantar el ancla,
pedir al mar la sal,
subsistencia a la tierra, y no ceder un ápice ante los enemigos.

Los diarios traen noticias alarmantes;
El espectro de la guerra ronda cada casa.
Razón tenía Vallejo
¿Cómo hablar entonces de la armonía perfecta
teorizar sobre la caída de un astro,
comer manzanas a la medianoche?
Un niño ha muerto por un áspid,
hay una zorra vagando por su minúsculo planeta.

Más allá de esta tierra
un hombre emprende un viaje insospechado;
prefiere imaginar a su mujer única entre todas
pero no la conoce.

Ocurre que nada impedirá
la consagración de la pureza.

Sea la paz en los hombres que construyen
un universo nuevo para todos.
Que el poema deje de ser un acto de palabras
que fructifique, sea árbol,
voz, música y canto.

Un hombre, una mujer esperan.

Entonces, hay que hablar
del intento ancestral de no ser una bestia,
polvo enardecido en el espacio.
Más allá, amor, mujer, no estamos solos.
La rosa intacta bajo la campana de cristal
permanece.