Apariencias |
  en  
Hoy es lunes, 9 de diciembre de 2019; 6:22 PM | Actualizado: 09 de diciembre de 2019
Búsqueda de artículos
título
autor
Artículos en esta sección: 216 | ver otros artículos en esta sección »
Página
Reinventar la esperanza
Rodolfo Zamora Rielo, 19 de abril de 2006

Si algo se ha podido comprobar en la interacción del ser humano con su entorno es la necesidad de hallar respuestas a las interrogantes que le impone la dinámica social que lo impele y define. En un momento histórico como el actual, en el que las cruzadas belicistas saquean las viñas del intelecto universal y la «democracia» se enseba las manos, los riesgos de un capitalismo atroz amenazan a toda la especie. ¿Qué hacer, entonces, ante esta contingencia? El libro Reinventar la democracia. Reinventar el Estado, del escritor portugués Boaventura de Sousa Santos puede ser una brújula para encontrar  las respuestas.

Con antecedentes de obra polémica y controvertida, Reinventar la democracia. Reinventar el Estado no pretende convertirse en una Biblia de la alternativa, sino apenas en un análisis desprejuiciado de aciertos y desaciertos, que toma en cuenta los nuevos escenarios en pos de estrategias de pertinencia, de zonas de influencia más eficaces. Porque, como deja bien claro el autor al comienzo, el poder del capital todavía se manifiesta «en tiempo y en geografía, en opresión material y sometimiento cultural, en generación de pobreza y desigualdades, en destrucción del ambiente y desenfreno militar».

El sociólogo, catedrático y profesor portugués, Boaventura de Sousa Santos (Coimbra, 1940) orienta su reflexión hacia la esencia del contrato social de Jean-Jacques Rousseau, como cumbre de la sociopolítica moderna, y las contradicciones que emanan de su aplicación y de su total olvido. Para De Sousa Santos, estas contradicciones han provocado fenómenos que han aumentado la brecha entre ricos y pobres, le han otorgado el poder a las transnacionales económicas, han limitado el papel del Estado, han lacerado la biodiversidad, han privatizado los bienes públicos y han inducido a la exclusión de todo lo que no cumpla los parámetros impuestos por el poder del capital.

La situación de desigualdad promovida por los países que ocupan el centro capitalista hacia los países de la periferia genera un nivel de dependencia que convierte a estos en meros receptores de tecnología e ideología desde los centros de poder que producen mecanismos de colonialismo. En ese sentido, es usual palpar la turbulencia de los fenómenos sociales, promovidos por las recetas neoliberales que polarizaron la sociedad capitalista, alimentaron el consumismo y establecieron un conjunto de condiciones ineludibles para las naciones periféricas, so pena de exclusión, conocido como el consenso de Washington.     

Para el teórico, el peligro se agazapa en el renacer del fascismo en diversas categorías. Entre ellas destaca el fascismo societal, engendro que programa una democracia sobre la base de la segregación racial y cultural, la aplicación aleatoria de las leyes, el recorte de fondos públicos, la usurpación del poder estatal por poderosos actores sociales. Además de todo esto, se apoya en el espejismo de la demagogia populista y la manipulación de la inseguridad ciudadana para construir ese fascismo financiero que gasta en guerras los fondos de la educación y la salud.

Para enfrentar tal situación debe comenzarse por activar las alternativas al poder mediático del ciberespacio y los mercados financieros en la misma escala global en que operan. Como la propuesta del software libre que ofrezca información y conocimientos despojados de la intencionalidad colonizadora de los centros de poder. Asimismo debe pensarse en la reconstrucción de espacios para la deliberación democrática, la creatividad y el movimiento espontáneo de los pueblos y la construcción de un nuevo contrato social más inclusivo, sin exclusiones ni imposiciones.

Una de las alternativas más importantes que se yerguen está en el «tercer sector»: la sociedad civil; única capaz de conjurar ese «fascismo societal» que ha dejado de ser un sistema político para ocupar el sustrato social. Este sector puede desafiar la economía política burguesa, articulando la ayuda mutua, la cooperación, la solidaridad y la confianza, pues engloba a organizaciones sociales que no responden ni al poder estatal ni al mercantil. Aunque emerge como una fuerza política progresista en el espacio público, necesita de la reforma radical del Estado, como está sucediendo en Venezuela, Argentina, Brasil y Bolivia, para alcanzar la credibilidad y el poder de gestión.

Mucho se podría escribir sobre este libro, pero deben ser los lectores, que ojalá sean muchos, quienes obtengan la mayor savia de un intento de explicar el mundo que nos rodea desde una perspectiva constructiva y no ficticia, llamándole a los problemas por su nombre y a las soluciones por su poder de cambio, sin triunfalismos ni arengas vanas. Reinventar la democracia. Reinventar el Estado traerá muchas interrogantes, pero también la convicción de que un mundo mejor es y tiene que ser posible.