La traducción es un oficio indispensable que enriquece las culturas nacionales. Resulta una mediocre utopía concebir la cultura literaria de un país sin las traducciones –o versiones, traslaciones, acercamientos, aproximaciones– de las obras de Shakespeare, Cervantes, Milton, Whitman, Pushkin, Chéjov, Víctor Hugo, Goethe.
Usurpador, sacrílego, corruptor, traidor podrían ser algunas formas de llamar a quien se lance a la aventura de trasladar obras literarias de una lengua a otra. La antigua sentencia “Traduttore e traditore” establece la condición adúltera del traductor, profanador de textos literarios.
No pretendo esbozar un tratado acerca de esta práctica, sino introducir la esencia de lo que será, a partir de ahora, en CubaLiteraria, la nueva sección Traduttore/traditore: una posibilidad para que el lector se acerque a nuestros traductores, desde los más excelsos hasta los más jóvenes. Supongo que siempre habrá olvidos, pero cuento con el apoyo incondicional de varios amigos. En cualquier caso, que nunca se confunda olvido con exclusión voluntaria. Aquí tendrán cabida los traductores cubanos más relevantes desde Martí y Heredia, hasta muy jóvenes como Jesús David Curbelo, José Adrián Vitier, Susana Haug o Israel Domínguez, por supuesto pasando por Eliseo Diego, Cintio Vitier, Retamar, Nancy Morejón, David Chericián.
Existen muchos textos narrativos traducidos por cubanos que son de importancia capital para el conocimiento de la literatura universal. Me remito, por ejemplo, a Ramona, de Helen Hunt Jackson, y a Mis hijos, de Víctor Hugo, por Martí. O a El guardián en el trigal, de J. D. Salinger, por Roberto Blanco. Dada las características del Portal, en esta sección publicaremos ensayos acerca de la traducción literaria en Cuba y, en principio, nos limitaremos a publicar sólo traducciones de poesía, que resulta más dinámica a la hora de valorar una traducción; al final, en su conjunto, estos poemas conformarán una visión antológica de esta práctica literaria en nuestro país.
La vocación por la traducción literaria en Cuba nunca se ha apagado. Ni siquiera se ha debilitado. Con esta nueva sección pretendemos presentar a nuestros lectores habituales los mejores exponentes de la vasta tradición de traductores cubanos.
