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¿Preguntas o pronósticos?, en todo caso, apuestas
Jennifer Piñero Roig, 15 de junio de 2006
De apuestas se trata el último número de la revista cubana El Cuentero que, casualmente, es también el primero. Después de la irrupción de la prueba piloto –la edición 0/0– el colectivo gestor de la nueva publicación literaria opta por apostar a la permanencia del libro impreso. Por eso dedica su contenido al eslabón diana de la cadena EMISOR → MENSAJE → RECEPTOR, en este caso, el LECTOR.

En el índice convergen autores de la talla y renombre de Ricardo Piglia y Boris Pilniak con otros escritores cubanos de la más reciente hornada. Entre los textos seleccionados se pueden hallar artículos, reseñas, entrevistas y por supuesto cuentos, que hacen de El Cuentero un objeto digno de colección.

Lectores imaginarios se titula el ensayo cedido por Piglia a la revista, el cual es el tercer capítulo de su último libro El último lector, editado por Anagrama en el año 2005. El también autor de novelas esenciales como Respiración artificial (1980) y La ciudad ausente (1992), se concentra esta vez en demostrar la tesis de que actualmente, en la literatura, el detective privado del género policial resulta ser el personaje lector por excelencia. Y no un lector cualquiera, sino uno que sabe asociar, que puede “leer palabras impresas y descifrar signos escritos en el papel.” Para demostrar sus razones, Piglia se apoya fundamentalmente en dos personajes clásicos, el protagonista del relato que inauguró el género, Auguste Dupin en Los crímenes de la Rue Morgue (1841), de Edgar Allan Poe y en Philip Marlowe, el detective que se sumerge en los bajos mundos descritos en The long Goodbye, The Big Sleep o The High Window, del estadounidense Raymond Chandler. Ambos, a pesar de las diferencias sociales, espaciales, de métodos de trabajo y todo el tiempo que los separa, coinciden en ser buenos lectores. Dupin descubre el misterio de los asesinatos de la Rue Morgue en la lectura de los periódicos. Marlowe cita a T. S. Eliot, a Flaubert y lee Los hermanos Karamazov.

Rogelio Riverón apuesta por entrevistar a Alberto Garrido, narrador, poeta y ensayista, premio Casa de las Américas por su libro de cuentos El muro de las lamentaciones (2000) y Casa de Teatro con su novela El círculo de los infieles (2006). Más que una sucesión de preguntas y respuestas es el intercambio dialogado de dos creadores cómplices. Cierta ironía y mucho atrevimiento rezuman del texto. Riverón, aunque también acude a interrogantes infaltables como la situación de un escritor de provincias o la influencia recibida de los antecesores, es capaz de hacerlo de una manera fresca y ocurrente que se agradece. Incluso, del juego lúdico propuesto como culminación al entrevistado –mencionar varios autores y que este refiera brevemente su opinión sobre ellos– surgen respuestas que bien vale la pena consultar.

Acto seguido, un fragmento de la novela Corazón de Perro, del propio Garrido, entra de lleno en la materia más importante, el objeto de la publicación: la narrativa. Y más adelante se continúa con La cosa, el cuento del escritor argentino Abelardo Castillo, otro de los nombres grandes, fundador de la revista El escarabajo de oro, de 1959 a 1974, autor de Cuentos crueles (1966), El Evangelio según Van Hutten (1999) y cuyo último volumen publicado es El espejo que tiembla.

Con el artículo "¿Alguien recuerda hoy a su cartero?", de Víctor Fowler, se hace un alto en la línea narrativa. Fowler aborda el desarrollo tecnológico. Los cambios que ha traído en el área del soporte del texto literario y las posibles consecuencias a largo plazo para el futuro del libro impreso, tal cual lo conocemos hoy. En un material que suscita polémica, el ensayista y crítico cubano hace un recuento de varias novedades tecnológicas, la computadora “multi- oficio”: sustituta de la máquina de escribir y capaz de almacenar bibliotecas, enciclopedias, música, audiovisuales y otros materiales de referencia; el libro electrónico en sus varias modalidades, etc. Sin embargo, manifiesta la idea bastante provocativa de que esto pudiera traer consigo no sólo cambios en el formato o soporte de los libros, lo cual podría considerarse un hecho –dada la existencia real de alternativas al producto de la imprenta de Guttemberg– sino en los modos de lectura.

El decálogo (o antidecálogo), de Juan Carlos Onetti, autor uruguayo que fuera premio Cervantes en 1990, ocupa un espacio central dentro de El Cuentero. En sus consejos para escritores, Onetti disiente del dogma de Quiroga. No por espíritu de contradicción a priori, sino para ofrecer otro prisma a quienes deciden emprender el camino del arte de la palabra. Disidente al fin, su decálogo cuenta también con el punto once.

Boris Pilniak es la figura rescatada en este número de la revista. Como reza en la cima de la página, “uno de los propósitos de El Cuentero es dar a conocer la obra de escritores de diferentes épocas que han ido ocupando un lugar en el vasto panorama de la cuentística universal.” Narrador, poeta y periodista, Pilniak contribuyó con su obra, junto a la de Bulgakov y Babel, a renovar la literatura rusa. Un cuento sobre cómo se escriben los cuentos es un relato donde, además de jugar con el posible origen de una idea para un texto, se ubica una historia personal en una historia colectiva en el marco de la confrontación de dos culturas.

"Let it be (la mejor de las muertes)", uno de los cuentos del libro ganador del Premio David 2005, de Luis Alfredo Vaillant, y las tres historias galardonadas por el César Galeano 2005, conforman el segundo bloque de textos narrativos. En "Let it be", Vaillant retoma uno de los temas míticos de The Beatles: "Lucy in the sky with diamonds", y (re)crea una Lucy, escritora posmoderna, solitaria y triste que tiene el extraño hábito de querer suicidarse en las noches de sábado, aunque  siempre la detenga otro retorcido personaje, oscuro ingeniero. Hasta un sábado de cansancio monótono.

"El polaco", de Rubén Rodríguez, fue el cuento ganador entre los varios presentados por los alumnos del séptimo curso de técnicas narrativas del Centro Onelio Jorge Cardoso. Las obras que constituyeron menciones, "El regreso de los tiempos", de Ernesto Morales y El espantapájaros, de Aymara Farramola, cierran el conjunto dedicado a las narraciones.

Una crítica al Premio Celestino, auspiciado por la Asociación Hermanos Saíz de Holguín, de Michael H. Miranda, es también una suerte de reconocimiento al autor maldito que es Reynaldo Arenas, a quien rinde homenaje el evento.

"Los daños colaterales y el precio justo de la ciencia-ficción", de Erick J. Mota, analiza la presencia de la literatura de este género en la última edición de la Feria Internacional del Libro en La Habana (FILH 2006). Mientras que "Pregunten qué guitarras, por favor" y "El gran salto o caída libre", de Jorge Enrique Lage y Dazra Novak respectivamente, concluyen el grueso de los materiales incluidos en el primer número de El Cuentero.

Tanto Lage, uno de los escritores jóvenes más reconocidos en el ámbito literario cubano del momento, como Novak, misteriosa narradora que, según consta entre paréntesis, nace en el Londres de 1978, aportan reseñas que resaltan, más que por los textos considerados –Escritos con Guitarras (Ediciones Unión, 2005) y Esquirlas (Letras Cubanas, 2005)– por la prosa inquietante y poco común dentro de la manera acostumbrada en las reseñas.

Después de una lectura total de la revista, quizás se comparta el postulado de Punto Cero, el editorial donde define la intención de la revista su director Eduardo Heras León, al afirmar su creencia en que “el hombre encontrará adecuadas respuestas para los nuevos desafíos que enfrentarán el libro y los lectores.”