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Excilia Saldaña: morir de tanta vida
Enrique Pérez Díaz , 10 de agosto de 2006

-¿Qué es la noche, abuela?
-Es una doncella de dulce mirada,
/vestida de ébano.
 Descalza y cansada. Es negra y es
 / bella. Es sabia y callada.
En nada recuerda a sus otras hermanas.
Excilia Saldaña

Excilia Saldaña Molina (La Habana, 7 de agosto de 1946-20 de julio de 1999) arribaría este año a su sesenta aniversario. Con la desaparición física en plena madurez de tan conocida autora y editora cubana de libros para niños, se perdió una voz original, polifacética y profundamente enraizada en la cultura nacional; una voz que, sin embargo, dejó un valioso legado literario, no solo a las nuevas generaciones, sino también a aquellos que deciden emprender la literatura más como un reto y una búsqueda perennes que como un acto de complicidad.

Cuando llegaba a sus cincuenta y tres años, Excilia dejaba al morir casi una veintena de obras, sobre todo de índole poética, entre las que merece destacarse un libro tan singular y trascendente como La noche, por el cual recibió el Premio Especial La Rosa Blanca, de la Sección de Literatura Infantil de la UNEAC, otorgado en 1995 a los mejores libros para niños, de autores cubanos publicados entre 1990 y 1995. Ese mismo año, Excilia quedaba finalista, junto a Dora Alonso, del Premio Mundial de Literatura Infantil José Martí, que otorgan bienalmente la Fundación San Judas Tadeo y el Ministerio de Cultura de Costa Rica. Ambos galardones, que tuve la alegría de entregarle personalmente, reconocían con justicia la obra de una genuina defensora de la palabra, pues eso fue sin duda alguna Excilia, una celosa editora, implacable ante la mediocridad y una pulcra y preciosita artífice del verso y la prosa poética.

Abrir al azar las páginas de La noche –ese libro tan diferente a cualquier otro (incluso de la propia autora) que tantos adoradores y estudiosos ha cosechado-, enseguida pone al lector en contacto con la maravilla. Valdría recordar aquella frase que el maestro Félix Pita Rodríguez utilizaba refiriéndose a José Martí para caracterizar lo incalificable: “la desmesura del genio”. Pues eso mismo es La noche, una obra apasionada, vehemente, llena de caminos encontrados y desmesurada como la arrolladora personalidad de su autora.

Entre sus páginas el lector puede encontrar un compendio de la sapiencia y el entendimiento humanos, una especie de guía para el corazón, un decálogo para que los niños y niñas se aventuren en el difícil arte de descubrir (y cultivar) sus mejores sentimientos y de buscar en la literatura las más caras virtudes del hombre.

Refiriéndose a este libro la periodista y escritora Mercedes Santos Moray, quien fue miembro del jurado que le concedió el Premio Especial La Rosa Blanca ha dicho: “Pocas obras hay en nuestra literatura que, al hacer un balance verdaderamente exigente y no tendencioso, podamos clasificar de clásicas. Y porque lo son, también resultan irrepetibles e imposibles de imitar. No hay formas para el reprise de La noche, como no las hubo para los Motivos de son, de Nicolás Guillén, o para La calzada de Jesús del Monte, de Eliseo Diego”.

Excilia era graduada del Instituto Superior Pedagógico de La Habana y tenía más de veinte años como editora de obras para niños, sobre todo en la Editorial Gente Nueva, donde durante largo tiempo estuvo al frente de la redacción de poesía.

Desde su primer libro de poemas, Enlloró, que recibió mención en el Premio Casa de las Américas en 1967, inició una ascendente trayectoria en la que destacan otros títulos tan valiosos como Cantos para un mayito y una paloma (que mereció el Premio Ismaelillo de la UNEAC en 1979) y Kele Kele, recreación de patakines publicada por Letras Cubanas. También dio a conocer obras como Flor para amar, Soñando y viajando, Poesía de amor y combate, Compay Tito (en coautoría con David Chericián) todas publicadas por la Editorial Gente Nueva; el cuento policial El misterioso caso de los maravillosos cascos de Doña Cuca Bregante (Ediciones Capitán San Luis), Mi nombre, antielegía familiar (publicado por Ediciones Unión en formato de plaquette en 1991 y en el 2004 como libro) y Lengua de trapo, recopilación de trabalenguas para niños aparecida por Gente Nueva.

Además, póstumamente se le ha publicado Jícara de miel (Gente Nueva, 2000), La lechuza y el sijú (Gente Nueva, 2002), Kric en el país de las frutas (Gente Nueva, 2005) y su cuento El misterioso caso de los maravillosos cascos de Doña Cuca Bregante ha aparecido en las selecciones Carrusel de cuentos (Editorial Capitán San Luis, 2004) y El cuento de nunca acabar y otros misterios (Ediciones Unión, 2005)
Durante años, aparte de su labor autoral y como editora, por las cuales había merecido la Distinción por la Cultura Nacional, Excilia presidió la Sección de Literatura Infantil de la UNEAC y fue miembro del ejecutivo del Comité Cubano del IBBY (Organización Internacional del Libro Juvenil)

Rastrear en su bibliografía permite conocer la variedad de registros en que la autora consiguió moverse con verdadera soltura, bien fuera desde el rescate patakines del folclor afrocubano (Kele Kele), el de los libros ilustrados a la manera versificada del folclor inglés (Compay Tito)o la recurrencia a todas las formas de versificar posibles (La Noche) –mediante la cual se propuso seguir con originalidad y de modo fiel, una tradición que había estudiado muy bien en la lírica de oro española.

Su obra literaria, sin embargo, no ha sido del todo publicada –como la de tantos autores cubanos- en la profusión deseada. Ahí quedan como evidencia diversos libros que la autora dedicó a la edad preescolar; su poesía erótica, que nos diera a conocer a un grupo de colegas durante una velada en Sancti Spiritus, o sus enjundiosos estudios y conferencias sobre la tradición y la cubanía, presentados en los Encuentros de Investigación y Crítica de Literatura para niños y jóvenes que, desde hace casi dos décadas se realizan en Sancti Spiritus y de los cuales también fue una fiel impulsora desde sus comienzos.

Ahora, cuando Excilia vive en nuestro recuerdo a sus sesenta años, bien vale recordar la valoración de esa otra gran figura de nuestras Letras, Nancy Morejón, Premio Nacional de Literatura, quien al editar Cantos para un Mayito y una paloma, en su nota de contraportada resumía refiriéndose a la capacidad creativa de Excilia: “Ese domino de los recursos poéticos revela, con rigor y buen gusto, inesperados matices que enriquecen, en el plano de la creación literaria, lo más legítimo de nuestra identidad cultural. Por ello este libro, delicado y bien escrito para los niños, será también, a no dudarlo, un verdadero goce estético para el lector adulto”.

Es difícil en verdad, resumir en unas pocas cuartillas la trayectoria vital de una persona como Excilia Saldaña, más para concluir de alguna manera estas reflexiones sobre alguien que tanto nos marcó a cuantos la conocimos, quiero regalar al lector con estos versos tomados de su cuento La lechuza y el sijú, una de esas joyitas de buen gusto y trascendencia que aparecen sorpresivamente cuando, al releer La noche, nos perdemos en la magia de sus muchos derroteros y vericuetos:

Muchacha de tiernos ojos
como campiñas de cielo,
muchacha de tiernos ojos
como campiñas de cielo,
quiero enseñarte a volar
y luego seguirte el vuelo.

Muchacha del corazón
como una llama encendida,
en ti no existe la muerte,
la muerte muere de vida,
en ti no existe la muerte,
la muerte muere de vida.