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Extraviados que encuentran un lugar*
Reinier Pérez-Hernández , 25 de agosto de 2006
Creo que la tercera entrega de La Gaceta de Cuba de este 2006 guarda en sus páginas el polvo o la arena de algo extraviado y que ahora aparece en letra de molde. No quiero decir que se haya extraviado. Todo lo contrario: ha puesto en sus 8 x 12 pulgadas temas o nombres que parecieran haber estado extraviados en o de los campos de la cultura insular. Tampoco esto es exacto, pero me tomo la licencia.

“Cine cubano más allá del mar” es el título del dossier con que da su primer paso de apertura, al abordar en seis ensayos y un testimonio el cine cubano que se hace más allá de las fronteras, más allá de los límites insulares: ese cine de la diáspora. Lo buscado, y hallado, ha sido la posibilidad de hacer visible que fuera de Cuba también se está haciendo y se hizo cine, aun cuando la mayoría de lo hecho deje mucho que desear. En este sentido, y mucho más, los autores que colaboran para procurar esa visibilidad ofrecen desde recorridos históricos hasta estudios específicos de cineastas. En la primera cuerda se ubica los ensayos de Juan Antonio García Borrero y Emmanuel Vincenot, “Sobre el discurso audiovisual de la diáspora” y “¿Qué fue del viejo cine cubano?”, respectivamente. Borrero reflexiona sobre ese discurso atendiendo a la necesidad de tomarlo en cuenta para los estudios de la cultura cubana. Vincenot, por su parte, realiza un recorrido por la obra de Manolo Alonso, Manuel de la Pedrosa, Eduardo Palmer, Manuel Conde y Mario Barral, desde la anterior a 1959 hasta la que continuaron haciendo tras salir de Cuba.

Otros tres textos se ofrecen también para reconocer el quehacer cinematográfico de algunos de estos cineastas, como León Ichaso y Néstor Almendros (sobre el primero es el ensayo de Jorge Rufinelli, “Un cineasta y dos culturas: León Ichaso”; sobre el segundo, el de Yoanqui Rivero, “Néstor Almedros y su estilo”). Mientras que Désirée Díaz, en “Más allá del mar”, indaga, a partir de las nociones de la cultura fronteriza y considerándola conceptualmente, en los factores conflictivos y problemáticos que rodearon la realización de los documentales Más allá del mar y La Fábri-K, de Lisandro Pérez-Rey, joven cineasta. Como Miguel Coyula, cuyo testimonio cierra este momento de La Gaceta donde todo(s) parecen indicar que ha ocupado un lugar algo que parecía extraviado para la mirada de muchos: el cine cubano que hacen e hicieron quienes no vivieron en Cuba pero que son cubanos.
Sin embargo, otro hallazgo —de entre los muchos extravíos que han ocurrido— de esta Gaceta el lector lo podría hallar —o no, según sus intereses, deseos o juicios— en ese momento en que Delfín Prats se asoma a las páginas con una descarnada voz que pone en jaque muchos presupuestos sobre su propia vida y obra. Es un exacto —y diría que hasta embriagador, a no ser que ignore el tipo de embriaguez— momento donde Delfín Prats se ubica a sí mismo con una descarnada y sincera voz que pocas veces se logra escuchar en boca de los escritores, o de aquellos que viven la literatura como (en) carne propia. No voy a extenderme, porque debo continuarles la relación de lo que trae este número, y porque la entrevista que le hizo Leandro Estupiñán, “Yo tengo un mal karma”, y el fragmento de un texto suyo: “La huerta de cándido (parte segunda). Strip tease y eclipse de las almas”, le recompondrán mucho mejor que lo que yo pueda decir.

A partir de aquí, el orden de La Gaceta se conjugará con ensayos sobre historiografía, artes plásticas, teatro, cine y zen, de la mano —o la palabra— de Fernando Martínez Heredia, con “¿Renovar la historia política?”; Alex Fleites, con “El ojo veloz, en finos sobresaltos” —sobre la pintura de Agustín Bejarano—; José Manuel Noceda, con “Carlos Enrique Prado, con un mirar diferente” —sobre el trabajo artístico de Enrique Prado—; Carlos Padrón, con su entrevista al teatrista argentino Adolfo Gutkin; Ana López, con “Hollywood como etnógrafo de las Américas” —que proporciona una visión crítica a la institución Hollywood de los 40 y 50 como constructora de la mirada hacia esa “otredad” usoniana que es la América Latina—; y Omar Pérez, con “Diez años de zen en Cuba” —una historia personal, una memoria de los primeros momentos de la práctica de zen en La Habana.

Y mientras este número da a conocer el Primer Lugar y la Beca de Creación Prometeo de la oncena edición de su Premio de Poesía, que recayeron, respectivamente, en Rito Ramón Aroche, por “Las fundaciones”, y Leymén Pérez, por “Sendas de Oku”; también adelanta una versión del prólogo que Haydee Arango hiciera a Maneras de narrar. Cuentos del Premio La Gaceta de Cuba (1993-2005) —que, como su título indica, recopila los cuentos galardonados en ese certamen hasta el pasado año—. Además, para quienes están al tanto de El Puente, aparece “¿Amnesia quiere decir olvido?”, carta dirigida al director de La Gaceta y con la que Norge Espinosa responde a los cuestionamientos que Guillermo Rodríguez Rivera le hiciera (en el no. 1, enero-febrero de 2006) a propósito de un ensayo que publicara en el número 4, julio-agosto de 2005, como parte de un dossier dedicado a El Puente... Y nada: que El Puente sigue despertando la polémica.
 
Y voy cerrando estas palabras para que el lector no se aburra. La sección de “Crítica” incluye en esta ocasión comentarios sobre las exposiciones de artes plásticas Manual de instrucciones (colectiva), Grasa, jabón y plátano, de Wilfredo Prieto, y Ciudad para ciegos, de Arturo Montoto —tres de las que se pudieron apreciar en la novena Bienal de La Habana—; los títulos Muerte por asfixia, de Filiberto González, y Radiografía del Ejército Libertador, 1895-1898, de Francisco Pérez Guzmán; el cortometraje Cuca y el pollo, de Carlos D. Lechuga; un video clip Piedras contra tanques (remix), realizado por Ermitis Blanco y Abel Álvarez.

Asimismo el lector podrá hallar comentarios, por un lado, al mal diseño y organización de los pabellones para niños en la Feria del Libro de Cuba, y, por el otro, a la colección Fililí, que la Editorial Cauce ha creado para publicar la literatura para niños.

Finalmente, “El punto” de esta entrega casi vuelve a mí con los visos de algo que ha sido extraviado y que La Gaceta permite su encuentro. Se trata de un artículo de Reynaldo González, “Las cámaras salen del armario”, donde su autor repasa, a partir de sucesos actuales cinematográficos y televisivos, la apertura a la hora de tratar —y no a maltratar ni discriminar— la pasión y el enamoramiento entre personas del mismo sexo. Asunto, tema, que siguen extraviados —por no decir ignorados o discriminados—, aun cuando puedan estar hallando su lugar.

 

* La Gaceta de Cuba, No. 3, mayo-junio de 2006. Unión de Escritores y Artistas de Cuba. Director: Norberto Codina.