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El silencio se rompe, como el espejo
Mercedes Santos Moray , 11 de septiembre de 2006

Me llama la atención, y lo he escrito en otra ocasión, que dentro de la convocatoria de los premios Alejo Carpentier, en el género del ensayo, se esté manifestando con fuerza, sensibilidad y talento la mujer, y que sean algunos de esos libros los mejores títulos laureados en las últimas ediciones.

Maggie Mateo con su acercamiento a Lezama Lima, después la excelente exploración de Mayerín Bello sobre Eliseo Diego y ahora, otra filóloga de las nuevas promociones, pero de igual rigor que las antes mencionadas, Zaida Capote nos presenta su investigación sobre Dulce María Loynaz.

Cada una de ellas ha revisitado a los autores estudiados y a sus obras rompiendo no sólo el silencio, sino el espejo que ha deformado, y también “canonizado” en demasía cualquier posible aventura intelectual sobre esos clásicos de las letras cubanas del siglo XX.

Contra el silencio es el título del cuaderno de Zaida Capote Cruz, quien sostiene como tesis central de su discurso el sentido y presencia de la paradoja, como sustancia de la obra de Dulce María Loynaz, y rompe también algunas concepciones, afirmaciones y criterios que hablan como dogmas y desde el sentido del “magíster dixit”, cuando de la autora de Jardín se habla y polemiza.

Contextualizar a la persona y a la escritora, y con ella desde esas relaciones, deudas, fuentes, polémicas incluidas, abre una nueva perspectiva sobre la producción loynaciana, como lo avala este ensayo que afirmará también el carácter feminista y transgresor de la poeta.

Ante las lecturas superficiales, ante los esquemas que suelen imponerse como camisa de fuerza sobre un autor o autora, como sucede con la Loynaz, Capote nos introduce en un proceso de construcción identitario, donde sobresale no sólo la amplia cultura de la escritora, sino su diálogo vivo con su época, a pesar de los criterios que suelen afirmarse desde su ostracismo.

La poesía, como el mundo narrativo que cuenta con una novela a la que todavía no creo que se le haya hecho justicia –y que a pesa de presentar la atmósfera como su gran personaje, del espíritu visual de sus imágenes subjetivas, ni siquiera cuando se pensó en traducirla al cine, se logró ir más allá de los esquemas que suelen buscar, para la narrativa cinematográfica, argumentos factuales, tal como lo reclamó, en su día, la actriz que iba a asumir el personaje de Bárbara, nada menos que María Félix.

Fina García Marruz, con su proverbial sensibilidad y agudeza será uno de los apoyos para Zaida Capote, al reflexionar sobre esa obra tan singular, de la que no dudo en compartir su proximidad a lo que luego conoceríamos como “boom”, tal y como lo apunta la ensayista en su libro, quien además subraya los elementos no sólo intertextuales del discurso loynaciano, sino la presencia de lo autotextual en su novela.

El proceso de crecimiento de la poeta que fue, en esencias, Dulce María hasta que llegó a la síntesis de su lírica, en la prosa de sus Poemas sin nombre, tan próximos también a la poética martiana, los diversos elementos estéticos de su contemporaneidad, asumidos desde la singular apropiación de una creadora como lo fue aquella habanera voluntariosa e irónica, son algunas de las aproximaciones que ganamos con la lectura de este estudio que contribuye a despiezar la imagen, y a quebrar fórmulas preceptivas que han caducado, en sustancia, por su propia condición reduccionista.