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Dolor de España, «una sierpe herida»
Reinier Pérez-Hernández , 21 de septiembre de 2006

En febrero de 1936 el Frente Popular ganó las elecciones españolas y, con ellas, la vitalidad de la Segunda República se iba consolidando y radicalizando. Cinco meses después, una rebelión militar golpearía los rumbos republicanos y una cruenta Guerra Civil se extendería por toda la península, destruyendo esa República cuyo fin había sido establecer un Estado democrático, laico y abierto a amplias reformas sociales, como nunca antes se había visto. He aquí una triste y a la vez heroica página de la historia contemporánea europea.

La cuarta entrega de La Gaceta de Cuba de este 2006 quiere rendirle homenaje a esa República —que frustró la derecha española y europea— desde este lado del Atlántico. Para esto ha preparado el dossier «Dolor y lección de España», en el que autores cubanos, mexicanos y españoles ofrecen a través de sus escritos la trascendencia de ese momento histórico y los influjos que despertaron en la intelectualidad y la cultura de este Continente, además de recordar la importancia que tuvo la presencia en tierras americanas del enorme número de aquellos transterrados que tuvieron que exilarse a la caída de la República.

Así, «La Guerra Civil Española y la literatura cubana», de Jorge Domingo Cuadriello, es un recuento de la repercusión de esa Guerra en los intelectuales cubanos y en la literatura que escriben no sólo desde la izquierda cubana, sino también desde la derecha, en defensa de los respectivos bandos que se hallaban en pugna. Asimismo recuerda la repercusión indirecta, a través de la presencia de intelectuales y escritores que como refugiados que como Gustavo Pitalluga o Luis Amado Blanco se instalaron en Cuba o, como Menéndez Pidal o Juan Ramón Jiménez pasaron por aquí con rumbos continentales. En este mismo sentido se pueden leer los ensayos Juan Rodríguez, «Nicolás Guillén, soldado de la poesía», y de Juan Manuel Noceda, «Wifredo Lam y el dolor de España». Ambos hacen referencia a los estrechos vínculos y compromisos que establecieron esos dos artistas cubanos con el pueblo —al cual unieron parte de sus vidas— y las ideas y la lucha contra el fascismo y la reacción antirrepublicana.

Mientras tanto, Andrés Sorel recuerda en «La cultura y la República» cuánto hizo esa República por sentar bases y difundir los conocimientos culturales a través de la creación de escuelas y de otros proyectos sociales en el que se involucraron gran cantidad de intelectuales, quienes vieron en esa política una vía para salvar y liberar a España del «viejo régimen». Finalmente, los escritos de Gonzalo Celorio y Juan Villoro rememoran la presencia de todos esos intelectuales españoles que, junto con otros miles de hijos de España, tuvieron que huir de la represión fascista y se radicaron en las tierras americanas. Celorio, por su parte, escribe en «Un español de sangre roja» las relaciones y los contactos con esos españoles transterrados en México, como Wenceslao Roces, Adolfo Sánchez Vázquez, Joaquín Xirau, José Gaos o Francisco Gíner de los Rios, y vinculados a instituciones capitales de la cultura americana como la UNAM y el Fondo de Cultura Económica. Y Villoro, por la suya, narra en «La maleta que escapó de Franco» los sueños y las ilusiones del español que esperaba regresar a su tierra natal.

Ahora bien, a este dossier le continúa otro donde se homenajea a José Juan Arrom, autor de importantes ensayos y estudios sobre la cultura cubana y latinoamericana, así como uno de los más destacados profesores cubanos, que fijó residencia en los Estados Unidos y donde contribuyó, desde mediados del siglo pasado, a los estudios latinoamericanistas desde los espacios académicos usonianos. Una entrevista de Enrique Sacerio-Garí y sendos escritos de Graziella Pogolotti y Roberto Fernández Retamar, trazan su perfil humano y profesional, cubano y americano cabal.

Pero La Gaceta sigue discurriendo por otros cauces. Y tiene páginas para participar de las declaraciones del trovador cubano Gerardo Alfonso —en la entrevista «Remembranzas de un cuarto de siglo», hecha por Kaloian Santos Cabrera— y del artista plástico Tony López —en «Recuentro con el escultor y caricaturista Tony López», de Axel Li—. Y tiene páginas también para reconocer algunas modos de la fotografía cubana, de la mano de «René Peña y Juan Carlos Alom: dos vertientes sobre el mismo signo», donde Mónica R. Ravelo fija sus criterios en torno la trabajo antropológico en la obra de Peña y Alom. Y también para «El recuerdo de Panchito Pérez Guzmán», que Pedro Pablo escribe in memoriam de este historiador fallecido recientemente. Y para el ensayo que sobre las esferas de la cultura, en planos teóricos, traza «Políticas culturales e investigación: recurso y método», de Lázaro I. Rodríguez... Y también páginas para conocer las lecturas que de la poesía de Ismael González Castañar realiza Caridad Atencio...

Páginas, páginas, páginas... además, que dan a conocer poemas de las Menciones de la oncena edición del Premio de Poesía La Gaceta de Cuba —que recayeron, en Yanira Marimón, Carlos Esquivel, Daniel Díaz Mantilla, Annia Alejo y Antonio Armenteros—; y los cuentos «Salomé», de Raúl Flores, y «El Puente», de Raciel Martínez; y las palabras con que Miguel Barnet inaugurara el XI Festival Internacional de Poesía de La Habana.

Antes del «Punto» de esta Gaceta —un texto de Zaida Capote sobre cuestiones de lengua cubana—, la sección de «Crítica» incluye los comentarios a:

el mediometraje Fractal, de Marco Antonio Díaz, Kayra Gómez y Marcel Echevarria,
a los libros La sucesión, de Caridad Atencio; De Sodoma vino un ángel, de Pedro Pérez Rivero; Zugzwang, de Féliz Sánchez; y La neblina del ayer, de Leonardo Padura,
al escritor Pedro Ortiz y a la obra plástica de Ernesto Leal,
y a la puesta en escena, por la Compañía Hubert de Blank, de Parece blanca, de Abelardo Estorino.

Creo que he apretado en estas líneas todos los discursos con que las páginas de La Gaceta se abren al lector su cuarta entrega. Digo apretado, pues no he intentado más para que sea el lector de estas palabras quien opere directamente en ellas y para que complete la entera apertura de esta publicación. Yo sólo, repito, trazo unas huellas con la única intención —o esperanza— de que sean seguidas hasta la médula, it est., La Gaceta de Cuba. Amén.


La Gaceta de Cuba, No. 4, julio-agosto de 2006. ISSN 0864-1706.

Unión de Escritores y Artistas de Cuba. Director: Norberto Codina.