Me imagino que no hay más remedio que adaptarse a los nuevos tiempos, que estos cambian que es una barbaridad como decía la canción y con ellos la sociedad, sus hábitos y sus relaciones. Así que me tendré que resignar a que las librerías de barrio vayan desapareciendo y las sustituyan mastodontes en los que algunos trabajadores, por no decir la gran mayoría, saben más de ropa interior que de libros. El libro, no me había enterado y así me va, es una mercancía comercial, y como tal ha de ser tratada. Tomado de La Ventana