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"Isabeau": ontología y trascendencia (Segunda parte)
Gina Picart , 11 de septiembre de 2005

El castillo por dentro y por fuera 

"Los castillos en la antigua literatura gótica representan la irrupción o anclaje de lo sobrenatural en lo cotidiano (...) y muestran de una manera gráfica la antigüedad y abolengo de quienes habitan en sus torres, a menudo una nobleza venida a menos. Otorgan la atmósfera perfecta, son fortalezas, lugares de privacidad y lejanía que no pertenecen a este tiempo, sino a uno mítico (...) son residencias de antepasados de los cuales poco o nada se sabe. (...) Los castillos están hechos para ser abandonados."

Nycteris: A través del cristal. Una perspectiva del gótico 

Además de la narración en primera persona --recurso muy utilizado en el gótico literario--, otra de las señales que nos permiten catalogar a "Isabeau" como una obra perteneciente a tal género la encontramos de inicio en el paratexto que encabeza la segunda versión del relato, donde se presenta al lector una imagen inicial, muy sugestiva, de la mansión que servirá de escenario a los acontecimientos:

Durante seis siglos, en medio de pantanos inmensos, la mansión de las cinco atalayas se había erguido con oscura majestad por encima de la niebla movediza; su enrejado de lanzas troyanas toleraba aún el crecimiento de una hiedra sarmentosa, insistente y fuerte como la bruma que descendía de las lejanas montañas. Este era el inmutable paisaje exterior desde el refectorio de la mansión. Dentro se veía la silueta de una dama blanca junto al fuego, dominada a veces por el humo pálido de la hoguera.

Una edificación de seis siglos nos retrotrae de inmediato hasta el límite entre la Alta y la Baja Edad Media; o sea, que estamos en presencia del infaltable castillo que sirve de característico escenario al relato y la novela de género gótico. Se trata aquí de la pétrea mole medieval construida entre pantanos para dificultar su acceso a huestes enemigas, propósito reforzado por la presencia de las cinco atalayas. Es, pues, una casa que rechaza con todas sus fuerzas el mundo exterior, defendiéndose de él e impidiéndole penetrar más allá de sus muros: un cofre cerrado, receptoría perfecta de secretos y misterios.

La versión original de "Isabeau" ofrece una imagen más gráfica del entorno que rodea a esta mansión antiquísima ubicada muy cerca de las columnas de Hércules, en la orilla europea del estrecho de Gibraltar. La edificación está rodeada de pantanos inmensos, barrizales neblinosos infectos y repletos de latencias, a los que el narrador señala como sumamente peligrosos no sólo para a la salud, sino también para la seguridad de los viajeros: a lo largo de siglos muchos de ellos han sido tragados por las marismas, en cuyo fondo continúan viviendo una existencia espectral que se manifiesta a veces a los habitantes de la mansión, y de la que estos se resguardan, aprehensivos, tras sus sólidos muros. Más allá, a lo lejos, se alzan unas montañas de cuyas laderas desciende una bruma insistente. La diafanidad es una cualidad absolutamente reñida con el género gótico.

En estos barrizales, donde en noches de tormenta los cuerpos de las liebres muertas se acumulan formando torrenteras, reinan unas fiebres de hielo a las que ambos esposos temen, pero especialmente Isabeau, quien, además de padecer una misteriosa enfermedad que le provoca alucinaciones, sufre en exceso los rigores del frío.

Más al norte, los moradores de la mansión pueden ver a través de la hermosa cristalería de sus vitrales las candelas del aquelarre.3 Nunca se llega a saber con exactitud a qué se refiere el narrador cuando menciona este espectáculo, y sólo en una ocasión, en la versión original, el Lord Oscuro dice de este fenómeno, mientras lo contempla, que lo supone frenético, y añade a manera de especulación: Celebrarían la oportunidad de emancipar a aquella soldadesca pintada en los cuadernos de mi madre. Debido a la omisión de información, la naturaleza del suceso queda definitivamente velada.

El paisaje que rodea a la mansión, como una muy apropiada escenografía teatral, no logra conformar una geografía coherente y posible; ello revela que la morada en cuestión, con sus alrededores siniestros y poblados por presencias extrañas portadoras del horror, es en realidad una construcción cultural enteramente articulada por el autor, la cual desempeña al mismo tiempo la doble función de mansión gótica y de metáfora de la psiquis de sus habitantes, cumpliéndose la metamorfosis simbólico-metafórica con que el gótico moderno asume los elementos tradicionales del gótico clásico.

Siguiendo siempre el paratexto de la segunda versión, rico en señales, encontramos en él una referencia a que estos exteriores resultan visibles desde el refectorio del castillo. Y con la mención a dicha estancia pasamos al interior de la morada ancestral del Lord Oscuro, la cual, desde su matrimonio, también sirve de marco a Isabeau. La morada interior posee profusión de vitrales y cristalerías a través de las cuales puede contemplarse el mundo exterior teñido por una paleta cromática que trasciende los tintes de la realidad y, al mismo tiempo, se nos describe como sombría, penumbrosa. No hay mención alguna a fuentes de energía eléctrica: todas las escenas interiores que presenciamos ocurren a la luz de grandes cirios y velones o iluminadas por la luz diurna del sol que atraviesa los cristales.

Si la casa exterior representa al medioevo, sus estancias internas ofrecen una decoración donde lo antiguo y lo moderno se mezclan en un estilo retro sugestivo y elegante, un tanto morboso. Sus vastas habitaciones aparecen engalanadas con mueblería y adornos antiguos que se han ido acumulando a través de varias generaciones: retratos de familia, esculturas, bibelots, cuadros y colecciones de armas y armaduras. Pero, además de la herencia familiar, hay también objetos exóticos adquiridos por la pareja en sus viajes, y son estos los que el narrador describe con una profusión de detalles que nos deja entrever cuán cercano se siente espiritualmente a ellos. Describir y citar estos objetos no constituye por su parte mera enumeración, sino un llamado de atención sobre el simbolismo que cada uno encierra y su función de apoyo a la estructura místico-filosófica que obra como soporte de la historia.

La primera estancia en que se nos permite penetrar, y aquella en que se desarrolla la mayor cantidad de escenas del relato, es la habitación donde Isabeau suele pasar sus largas temporadas de enferma. El Lord Oscuro la llama la habitación de las cortinas, y la describe como un anfiteatro sin gradas (significativo que el entorno en el que van a actuar los protagonistas se asemeje precisamente a un área de representación teatral). Desde un inicio él confiesa que odia sus olores. El primer mueble con que tropezamos en ella es un diván cuyo diseño alude a los combates anónimos de Corydon. Corydon, como es sabido, es el referente clásico homosexual del ensayo autobiográfico de André Gide, y este detalle es importante porque no es el único que al respecto encontraremos en el relato; forma parte de un conjunto con funciones composicionales cuya significación debe ser cuidadosamente analizada.

Hay en la habitación numerosos objetos, algunos estéticamente importantes para el Lord Oscuro, como el picaporte de bronce labrado, el espejo de la antecámara, el conjunto de muebles de Lalique y la cama de Isabeau con sus barandas art nouveau decoradas con orquídeas de bronce. Frente a la cama se muestra un retablo cuyas pinturas, de un erotismo insolente, disgustan a el Lord Oscuro porque no comulgan con su actitud personal más refinada ante la sexualidad, pero sobre todo porque son un regalo hecho a su esposa por otro hombre, un rival en amores. Un grupo de anforillas de cobre pulimentado son las preferidas por Isabeau, quien suele acariciarlas sensualmente con los ojos cerrados (con gestos de ciega, dirá el Lord Oscuro). Plantas de seda brillante ponen una falsa nota verde en la estancia --son plantas que, desde lo natural, aclaman el artificio--, y toda la escena se ilumina con la llama de un gran cirio violeta cuya superficie tiene grabados exquisitos poemas de Bilitis, poetisa griega del siglo VI a.C.4 Por segunda vez la homosexualidad se hace presente en el texto con estos poemas lésbicos. A la salida de la alcoba hay una alberca en la que nadan los animalejos de Isabeau: carpas y rayas que el Lord Oscuro suele acariciar para procurarse una paz hipnótica, presumiblemente cuando las tensiones de su relación matrimonial le agobian demasiado.

Otras dos estancias se describen en el relato. Una es el salón donde la pareja se reúne para hacer música con un organillo y un arpa. En esta habitación, entre otros objetos preciosos destaca una alfombra colgada a manera de dosel, en cuya superficie aparece bordado un hermoso paisaje de la ciudad de Istakar (donde los esposos ha pasado su luna de miel). La otra locación es el refectorio, a través de cuya cristalería ambos suelen contemplar las candelas del aquelarre y el entorno que rodea la mansión. Por todas partes hay regalos enviados a Isabeau por el misterioso rival de el Lord Oscuro; obsequios de una exquisitez y un refinamiento que el narrador confiesa no poder emular, por lo que le provocan gran incomodidad y malestar y disminuyen su autoestima.

Cada objeto descrito ha sido deliberadamente escogido por el autor para construir espacios interiores de belleza sombría y decadente que sirvan de marco apropiado a la condición de sus personajes y, al mismo tiempo, constituyan un escenario digno del conflicto. Pero no puede ignorarse la intención paralela de colocar sutilmente ante la mirada del lector algunas pistas, a manera de piezas de un rompecabezas que más tarde, al armarse, constituirán un sólido entramado referencial capaz de aportar de modo subliminal ciertos elementos imprescindibles para la total comprensión de la historia narrada. También por dentro la mansión de las cinco atalayas se nos revela como una auténtica construcción cultural absolutamente permeada de intencionalidad.



3 El aquelarre es un término que alude al sabat o reunión donde las brujas se encuentran con su señor, el Diablo, para celebrar la Misa Negra, ceremonia donde tienen lugar rituales espantosos y blasfemos.

4 Personaje apócrifo creado por el poeta francés Pierre Louÿs. Su poemario Los Cantos de Bilitis, de tema lésbico, ha devenido libro de culto.