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Lola Rodríguez de Tió: de un pájaro, las dos alas
Leonardo Depestre Catony , 08 de noviembre de 2005

Una de las mujeres de mayor relevancia social y cultural en la Cuba de finales del siglo XIX y a lo largo del primer cuarto del siglo XX fue la patriota puertorriqueña Lola Rodríguez de Tió, nacida en 1863.

El despotismo colonial imperante en su isla natal laceraba el carácter independentista de Lola, asegurándose que fue esta la causa de su emigración por diversas tierras hasta radicarse finalmente en Cuba. Llegó en 1889 con su esposo, Bonocio Tió, también hombre de letras. Junto al matrimonio venía Patria, la hija de ambos. En su edición del 10 de noviembre de aquel año, el semanario habanero El Fígaro presentaba a sus lectores el retrato de la poetisa, a quien daba la bienvenida. Pocos días después, el 6 de diciembre, en el Teatro Tacón declamaba Lola su poema "A Cuba", que muy pronto se popularizó y de la cual reproducimos esta inspirada estrofa:

 

¿Cómo no darme calor

la hermosa tierra de Tula,

donde el horizonte azula

y da a los campos color?

 

La huella de Lola Rodríguez de Tió se hizo palpable en varias de las publicaciones más importantes de la Cuba del XIX, las que recogen sus textos y la citan cuando se alude a la presencia femenina en la literatura. Figuró también entre los miembros fundadores de la Academia Nacional de Artes y Letras, creada en 1910.

Se publicaron varios poemarios suyos: Mis cantares y Claros y nieblas, editados en Puerto Rico, Mi libro de Cuba, aparecido en 1893, y el cuaderno inédito Claros de Sol. Algunas características resultan evidentes en la poesía de Lola Rodríguez: el entusiasmo patriótico, la exaltación de los sentimientos, el amor por el paisaje natural, la inspiración cálida, la espontaneidad de la rima, el colorido y la llaneza del lenguaje.

Preocupada por el tema de la educación, fue inspectora de escuelas. Con su aguzada sensibilidad, comprendió cuán importante era la formación integral de los escolares para el desarrollo posterior de sus personalidades y para el bien común de la nación.

Vivió largo tiempo en Cuba, aunque realizó viajes al exterior. Recién llegada de uno bastante prolongado por Europa, falleció en La Habana el 10 de noviembre de 1924, a los 61 años. La noticia se recibió con sincero pesar, y el espacio que al suceso se le dedicó en la prensa revela la gran consideración en que se le tuvo.

Su inserción en el contexto sociocultural cubano fue completo, al punto que una estrofa suya muy conocida --del propio poema "A Cuba"-- ha devenido símbolo de los indisolubles lazos existentes entre la isla que la vio nacer y la que la acogió como hija adoptiva:

 

Cuba y Puerto Rico son

de un pájaro las dos alas;

reciben flores y balas

sobre el mismo corazón.