No es casual que un ministro lleve una vida literaria exitosa. Motivado por la presencia de Abel Prieto, decidí conversar con él. Después de participar en un encuentro con los creadores de Puerto Padre, Abel se me acercó con la tranquilidad de los grandes personajes. Había viajado a Las Tunas para dejar inaugurada la Escuela de Bandas de Concierto, un esfuerzo del Ministerio de Cultura para dotar a cada municipio del país con tan importante institución.
Grabadora en mano, decidí dialogar con Abel sobre sus interioridades como escritor, sus puntos de vista acerca del panorama de la más reciente literatura cubana, y entrar de lleno en su obra, dotada de un matiz sencillo y la vez profundo.
Ganador en el 2001 del premio de la crítica por su novela El vuelo del gato, publicada por Letras Cubanas y posteriormente por Ediciones B, de España, su poética transcurre en la recreación de universo vivencial de la Cuba de los ochenta, la nostalgia por los tiempos de su juventud, y por el rock, a través de la psicología de personajes bien construidos.
Fue fácil, pese a la cantidad de personas que se encontraban en una de las salas del museo polivalente Fernando García Grave de Peralta, de la ciudad de Puerto Padre. Ya había conversado (aunque no desde la mirada del periodista) con él en octubre de 2003 en La Habana , durante una lectura mía en el Palacio del Segundo Cabo como parte de la gira La Estrella de Cuba , de ahí que el diálogo devino en recuento, visión de un hombre comprometido con el Arte.
¿Cómo lleva su obra desde el puesto de ministro?
Ha sido realmente, como te imaginarás, muy difícil. Yo publiqué El vuelo del gato en el año 1999. Ya llevaba dos años en este cargo, y desde hace seis, más o menos, estoy trabajando en otra novela. Dicen que da mala suerte hablar de eso. Pero, bueno, es una novela que combina dibujos con textos. Yo soy aficionado al dibujo, y estoy intentando hacer algo con un personaje que es narrador y al propio tiempo ilustra su propio relato. Es la historia de un caricaturista. Tiene que ver con la antigua Unión Soviética. Quisiera hacer una reflexión sobre el siglo XX, ese siglo tan trágico. Y al mismo tiempo aunque tiene su componente amargo, quisiera que fuera una novela con mucho humor. Pero, bueno, estoy escribiendo en condiciones, como te imaginarás, dificilísimas. Porque no es sólo sacar un poquito de tiempo, sino sacar tiempo que no sea tiempo tenso. Tú, que escribes, sabes de qué se trata cuando te hablo de eso. Tú sabes que hay tiempo que tú sacas que no es útil literariamente, porque cuando estás con una carga de estrés, cuando tienes cosas pendientes, tienes llamadas pendientes, prácticamente paraliza desde el punto de vista creativo. De todos modos yo escribí El vuelo del gato. Lo dejé terminado estando en la UNEAC, una versión bastante completa. Cuando me pasan para el Ministerio la tenía casi ya terminada.
Estoy habituado a escribir bajo tensión de trabajo burocrático administrativo. Pero en los últimos tiempos esa carga ha sido muy fuerte. Pero tengo esperanza en que esta novela tenga futuro. Hay que esperar a ver…
¿Qué variaciones ha tenido su obra desde Los bitongos y los guapos hasta lo más reciente que hace?
Yo publiqué Los bitongos y los guapos en 1980. Ese libro lo veo hoy muy críticamente. Siento que hay mucha ingenuidad en él. Después hubo otros libros de cuentos que se llaman No me falles gallego y Noche de sábado, que es el libro de cuentos que está más cerca de lo que escribo hoy. Creo que esa evolución, si se le puede llamar así, tiene que ver con el trabajo con personajes pequeños, digamos, personas que no son grandes héroes, no son personas de la épica, sino que tienen una especie de vida en tono menor. A mí me parece que fui encontrando un mundo literario en el que me siento cómodo a lo largo de los ochenta, en esos tres libros de cuentos. Noche de sábado que tiene mucho que ver con El vuelo del gato. Está el componente del espiritismo en Noche… Me apasiona el espiritismo cubano. Para mí es una especie de metáfora de la identidad nuestra. Pero está en Noche…, el mundo aquel de la música, el rock de los sesenta. Yo siento que es un libro que evita cualquier tipo de didactismo. Evita las conclusiones. Evita cualquier tipo de pretensión, que, por ejemplo, yo siento que eso está en Los bitongos y los guapos. Una cierta tendencia que al final haya que dar algún tipo de conclusión. Algo que no tiene nada que ver con la Literatura. La literatura no es para sacar conclusión. Es para hacer preguntas, para pisar terreno desconocido, siempre que se pueda. Pero yo pienso que esa evolución tiene que ver con la búsqueda de un ámbito literario hasta cierto punto propio, aunque yo creo que lo comparto con mi generación, con lo que hace el propio Guillermo (Vidal), con Senel Paz, con Mejides, Sacha, es decir, con otros narradores que han hecho una obra que a mí me gusta mucho.
Yo creo que mi generación dejó los grandes temas y se dedicó a ese mundo un poquito más en sordina. Y que por ahí encontró algunas cosas interesantes.
¿Qué opinión le merece a usted la Literatura de la Cuba de hoy?
Uno de los problemas que tengo es el poco tiempo para leer, y corro el riesgo de cometer omisiones e injusticias. Ena Lucía Portela a mí me parece que hace un tipo de literatura extraordinaria. Me gustó mucho su novela El pájaro, pincel y tinta china. Ahora estoy leyendo una noveleta de Marcial Gala muy interesante. Estoy leyendo los cuentos de Anna Lidia Vega, y los de narradores más jóvenes.
Lamentablemente, ya te digo, mis limitaciones, las limitaciones de este tipo de trabajo no son sólo para escribir, también son para leer. Yo tenía un hábito de lectura que he tenido que limitar. No tengo una parnada, una opinión sobre lo que están haciendo los más jóvenes. Lo que leo me interesa mucho. Es algo muy auténtico. Tiene un toque de desgarramiento que yo creo tiene que ver con experiencias de los últimos años, de las contradicciones nuestras, que ha habido en nuestra sociedad en los últimos años. Creo que son gentes que no les interesa el marcado literario, que están creando porque tienen necesidad de hacerlo, porque tienen necesidad de comunicar una palabra, un mensaje. Me gusta que se planteen así el hecho literario. A mí, algo que me deprime a veces es ver como en el mundo entero cada día la literatura de verdad se aprecia menos, y hay mucha seudo literatura que está circulando. Es una gran estafa, que circula, incluso, en editoriales importantes.
A mí me da la impresión de que la joven literatura cubana no tiene nada que ver con eso. Está buscando su espacio a golpes de autenticidad y de fe en la literatura y en la creación.
Con la presteza del encuentro ante uno de los intelectuales de mayor lucidez de nuestro país, llegaron a mí las palabras del argentino Abelardo Castillo: “Todo gran escritor elige el habla de su pueblo como fundamento de su literatura, y ese es un acto voluntario y lúcido”.
Sin lugar a dudas, Abel Prieto escribe desde la voz, la realidad y riqueza de su patria.