En este breve cuaderno, publicado en Ciudad de La Habana por Ediciones Extramuros en el año 2000, con ilustraciones de Norberto Marrero, su autora, Caridad Atencio (La Habana, 1963), nos entrega textos en los que la realidad está hecha de fabulaciones y experiencias unas veces alucinantes y otras indagadoras, en busca de una percepción diferente, en la que se integran diversos elementos para conformar un paisaje sin espacio y un suceder indescifrable. Ciertamente, en estas prosas poemáticas no hay historias ni hay alabanzas, sino hechos que podrían leerse como los de un onirismo profundo, imágenes que sólo se nos dan en los sueños o en estados de vigilia intensa en los que elaboramos fábulas que no podemos explicar. Hay un momento, en la página 29, donde se nos dice: Me abandoné a mis anchas creyendo que era un sueño. Esos acontecimientos inauditos nos conducen al conocimiento de una relación insondable entre el ser y las cosas, entre el yo y lo real, centro de estas páginas. Caridad Atencio se ha sentado a observar y a precisar el diálogo de su cuerpo con lo otro, aquello que no es ella, y entonces ve y alcanza este momento extraordinario, en la página citada: Negar, negar el cuerpo, y perseguir las fuentes milagrosas que habitan en el ser. Pero antes, en la página 20, hemos leído esto: Intérnense en sus cuerpos, vengan a contemplar los perfiles del agua cuando acaba la espuma. Tras la insinuada contradicción se aprecia una voluntad cognoscitiva que quiere ir más allá de un saber externo, saber de apariencias, para adentrarse en el esclarecimiento de definiciones anteriores, en un estado primigenio en el que aún no han aparecido mutaciones desvirtuadoras. El cuerpo mismo está cifrado en la piel, en los movimientos y en las sonoridades: Palpo un ligero error, trampa de los pasquines: sobre tu sexo, como un ancla, hay un seis enigmático, pero esculpido en caracteres góticos (texto inicial), ¿Por qué parte del cuerpo viene entrando la danza, esa mano moldeada por la herida que ocasiona el discurso? ("Evidencia del iris"), Del hombro hacia la pelvis sale un canto distinto, aunque en tu mismo cuerpo ("Octubre es la razón de esta misiva"). Estamos en presencia de poemas de una ontología mítica, indagación por las esencias desde una invención que la autora ve como cierta porque la sume en tanto experiencia, acontecimientos íntimos, pero sin añoranzas ni memorias, sin recuentos ni enumeraciones que puedan reconstruir un pasado. No: sólo se pretende ver, testimoniar los hechos sin sus consecuencias afectivas, exclusivamente como puros acontecimientos con otro significado del que tradicionalmente la poesía ha dado a esas interrelaciones. Salinas para el potro es una relectura de la tradición, del mismo modo que sus lecturas de los clásicos fueron realizadas también desde una perspectiva diferente. Hay aquí una reasunción de la realidad desde la experiencia propia, personal e irrepetible, y asimismo desde otras escrituras. Las alusiones a la vida afectiva en algunos momentos de este cuaderno (como por ejemplo este inicio en la página 39: ¿Puedo decir acaso: mi padre estaba allí? ¿Muertas sus aguilillas, cerca los papalotes que le hincaban el pecho a todo aire?) no son confesionales, no pretenden rememorar, sino sólo definidoras de una ontología que se quiere aprehender en los contrastes entre lo real y lo aparente. Así nos dice el mismo texto: Él persigue su imagen, mal vicio el del espejo: siempre servir de carne al ajeno narciso. Buscas una mirada, lo antiguo del pulmón. Hurgo en mi ojo con recelo.
Acaso el poema que mejor defina este cuaderno sea el de la página 41, el más rico en su conceptualización y en ese distanciamiento que caracteriza la poética de Caridad Atencio en esta entrega. Una lectura psicoanalítica podría revelarnos muchos de sus signos claves, pero no podemos emprender aquí semejante acercamiento, para el cual además no estamos aptos en toda la dimensión de su riqueza y sus posibilidades. Veámoslo íntegro: Temblor del horizonte que yo miro. No dubitar, no un roce, sino acercarse a lo nunca pensado, que es alejarse. Las manchas desde el cielo que respiran su íntimo motín. Una cruzada. Todo es únicamente quedarme en lo sereno, y hay que espirarse tanto.Entre el cuerpo y el fruto hay un vacío. Desvíos inevitables, si es que busca el primero. El mundo no es la araña bajando por la cuerda. La lógica fue un torso al que incendiaron vivo, ante el rostro inmutable de los hombres.Caer como racimo sobre lo diminuto. Las hachas sí, las hachas, que rompen los buzones. Celebrar el silencio de los cojos de acera con las miradas fijas en los ceños. Crisis de las fronteras, bombillas que equivocan el rumbo de su luz.Siempre por anunciar, vivir callando...A veces el fervor, a veces, las visiones.
En otros ejemplos hay transmutaciones más vertiginosas hasta tornar imposible la aprehensión de la realidad, siempre huidiza, mutante en desconocidas asociaciones que nos revelan una simbología diferente, de una carga de significados posibles inhallables en otros poetas. El potro aparece al inicio. Sobre él cabalga el que busca el desciframiento último. Y aparecen también las aguas. En otros momentos hallamos los espejos: imagen, agua fija, trasfondo insondable, nada, no-ser, muerte, ausencia. De nuevo la evasión del Ser, esa perenne fuga desde los sentidos hacia un vacío que el poeta quiere comprender, y para ello ha construido sus escrituras, con las que nos dice qué ve, oye, piensa, cómo percibe su vida y los signos que la hacen y la ocultan. Creo que Salinas para el potro es un valioso cuaderno de magnífica poesía, poemas sin concesiones a simplezas ni vacuidades, sin puerilidades ni fórmulas de una retórica hueca y de exacerbados sentimientos. Con este conjunto Caridad Atencio se nos muestra como una poetisa de calidad y plenitud a sus años. Sus lectores le agradecemos sus visiones y sus palabras.