Apariencias |
  en  
Hoy es lunes, 9 de diciembre de 2019; 6:19 PM | Actualizado: 09 de diciembre de 2019
Búsqueda de artículos
título
autor
Artículos en esta sección: 216 | ver otros artículos en esta sección »
Página
En busca de un espacio: Historia de las mujeres en Cuba
Mary Nash, 23 de abril de 2004

Introducción imprescindible: Mary Nash, un cambio a la Historia de las Mujeres

Por Julio César González Pages

La historiadora irlandesa Mary Nash, radicada en Barcelona por muchos años, representa una de las figuras de la renovación de la Historia de las mujeres en Occidente. Autora de libros convertidos en clásico de este tipo de literatura, como Rojas. Las mujeres republicanas en la Guerra civil (Taurus, 1999) ,ha aportado apreciaciones teóricas desde la pespertiva de género, que han servido de referencia para las investigaciones sobre estos temas en todas las latitudes.

La profesora Nash pionera de los estudios de las mujeres en España , fue presidenta fundadora de la Asociación Española de Investigación en Historia de las mujeres. Tiene numerosas publicaciones en la península Ibérica y otros países sobre temática femenina.

Otras investigaciones de la autora lo son Conflictos sociales y respuestas colectivas(1994), en colaboración con Susana Tavera y Mulheres, trábalo e reproducao . Atitudes sociais e políticas de proteccao a vida (1996), en colaboración con Rosa Ballester.

El presente trabajo, que ponemos a su disposición, es la primera colaboración que realiza Mary Nash para una publicación cubana y es el prologo al libro En busca de un espacio: Historia de la Mujeres en Cuba (Ciencias Sociales, 2003).

Prologo al libro En busca de un espacio: Historia de las mujeres en Cuba

Por Mary Nash
Universidad Autónoma de Barcelona

El cambio desde la indefinición de unos estudios de las mujeres emergentes en los 1970`s a su consolidación hoy como espacio fundamental de conocimiento científico refleja la creciente consolidación y normalización científica de los estudios de las mujeres en el mundo académico internacional. A pesar de determinadas dificultades y la falta de recursos, los estudios de las mujeres y de género se han ido convirtiendo en parte integrante de la vida académica, de la investigación y de la actividad universitaria. Un balance de su amplio repertorio evidencia la riqueza de perspectivas, el grado consolidado de sus formulaciones teóricas y las aportaciones fundamentales en los ámbitos de investigación. La pluralidad de planteamientos, el debate académico y la capacidad de desarrollar saberes fuera de la lógica de la dominación caracterizan los estudios de género.

Frente a la fuerza de la simplicidad y de la unidad esquemática de los primeros planteamientos teóricos, hoy en día, se avanza a partir de conceptualizaciones complejas de los conocimientos científicos y de trabajos empíricos que permiten una reflexión crítica y abierta, reconocedora de la diversidad de la experiencia colectiva y de la variada subjetividad de les mujeres. En este escenario la historia de las mujeres ha generado la capacidad de generar un conocimiento histórico crítico encaminado a abrir perspectivas que incluyen la historia de las mujeres como central en la historiografía.

Un repaso de la historia de las mujeres pone de relieve los pasos en su formulación conceptual. Identificar y dar voz a las mujeres fue una tarea significativa inicial realizada por la historia de las mujeres. Su impulso inicial de renovación historiográfica favoreció la recuperación de la memoria colectiva femenina y una mayor visibilidad de su trayectoria histórica. Destacar la experiencia colectiva de las mujeres como elemento fundamental en la configuración de la sociedad fue otra aportación significativa. De igual modo que en otras disciplinas de los estudios de las mujeres, la historia de las mujeres hizo una crítica de los parámetros tradicionales del conocimiento histórico androcéntrico. Las aportaciones iniciales denunciaron la invisibilidad de las mujeres en los estudios históricos y abogaron por la necesidad de recuperar la memoria histórica femenina. La historia de género y de las mujeres ha considerado clave la constatación de que la equiparación tradicional de la trayectoria específica de los hombres con la experiencia histórica de la humanidad significó la identificación de la historia de la humanidad con la del varón, y la consiguiente exclusión de las mujeres del escenario histórico. Una visión androcéntrica de la historia representó la negación de las mujeres como agentes históricos y la generalización de una visión distorsionada de la historia que infravaloraba la dinámica femenina en el pasado. También transmitió una visión de las mujeres como colectivo social sin identidad histórica ni proyección social futura. Este olvido histórico y la negación a las mujeres de un lugar en la dinámica histórica dificultó la consolidación de señas de identidad colectiva para las mujeres e ignoró su subjetividad creadora y las pautas de su conversión en sujetos históricos capaces de transformación social.

Las primeras iniciativas encaminadas a recuperar la identidad histórica de las mujeres llevaron a la revisión de las pautas metodológicas existentes para plantear la centralidad de los roles, expectativas, visiones, poderes, opresión y experiencia global de las mujeres en el análisis histórico. La integración de las mujeres en la narrativa histórica generó perspectivas teóricas nuevas e interrogantes innovadores en el bagaje metodológico habitual de la historiografía. Una mirada hacia el recorrido de la historia de las mujeres pone de relieve que muchas de sus primeras formulaciones metodológicas se articularon a partir de esquemas bastante rígidos que polarizaban la experiencia histórica del colectivo social de las mujeres. Así, conceptos opuestos como público/privado, poder/sumisión, víctima/heroína, confrontación/consentimiento eran binomios utilizados para interpretar la dinámica histórica de las mujeres. Cabe señalar, además, que el eje interpretativo predominante en su primera época resaltaba la victimización histórica de las mujeres y priorizaba una visión de su trayectoria desde la clave de su confrontación con esta opresión histórica, fijándose preferentemente en aquellas protagonistas femeninas que rompían los moldes de su subordinación histórica en una heroica lucha emancipadora.

En la actualidad, el avance en los planteamientos interpretativos ha llevado a la elaboración de unas categorías analíticas, conceptuales y metodológicas que superan las visiones organizadas en los términos dicotómicos de víctima/heroína, público/privado, igualdad/diferencia. Cuestionar estos esquemas rígidos de signo oposicional, ha sido, precisamente, lo que ha permitido la formulación de propuestas interpretativas más integradoras desde la intersección de espacios y la interacción constante en la dinámica de las relaciones de poder de género y la articulación de la experiencia colectiva de las mujeres. De este modo, se han establecido bases más complejas para la comprensión de la trayectoria histórica femenina. Ha quedado claro que la interacción social de género en su realidad histórica no puede plantearse a partir de una dicotomía entre modalidades de consensos/conflicto, víctima/ heroína, sino a partir de un complejo entramado que contextualiza e interrelaciona la diversa experiencia histórica de las mujeres con su entorno socio-cultural y política.

Desde la historia, se ha replanteado la construcción sociocultural de las nociones de mujer y de las identidades de género como categorías que traspasan el tiempo, los lugares, y los contextos. Estos planteamientos que cuestionen la validez de interpretaciones lineales o universalistas han suscitado el debate sobre la posibilidad de una identidad colectiva universal de las mujeres como grupo con objetivos claramente definidos en común. En cambio, han facilitado la constatación de las diferencias entre las mujeres, diferencias de clase, de raza, de edad, de formación cultural, de ubicación territorial (campo/ciudad, Norte/Sur) o metropolis/ colonia. Esta constatación evita asunciones universalistas en torno, por ejemplo, a la globalidad de la experiencia de la opresión femenina, pero al mismo tiempo permite detectar las diferencias y agendas distintas que construyen las mujeres. Facilita la identificación en cada momento y contexto concreto de las iniciativas en común y la subjetividad colectiva de las experiencias generales. De esta forma, como historiadora, entiendo que conceptos como la experiencia de las mujeres, la subjetividad femenina, e incluso la propia categoría de mujer son construcciones culturales y no categorías de índole esencialista derivadas de una supuesta diferencia sexual, natural o de un orden simbólico universal diferenciador. El cuestionamiento de lo genérico, universal, tampoco significa una fragmentación incesante de lo diferente que impide la atribución de agentes históricos a las mujeres. Más bien problematiza la noción de una categoría de mujer homogénea, no diferenciada, para poner de relieve la pluralidad del colectivo de las mujeres y las diversas identidades colectivas, estrategias y coaliciones que construyen en contextos históricos específicos.

Desde mi perspectiva el análisis de la interacción social de género no puede plantearse a partir de una dicotomía entre formas exclusivas de consensos o de conflicto. Al contrario, el interés de la historia de las mujeres es detectar las diferentes modalidades de consensos o de resistencia de las mujeres y descifrar su interacción como también su transformación en contextos históricos específicos. A mi modo de ver, es en este marco que habría que situar las diferentes manifestaciones del feminismo histórico, entre ellos el sufragismo. El análisis del feminismo histórico puede plantearse desde consideraciones metodológicas abiertas para recoger su diversidad y las vías plurales de emancipación femenina. Frente a la definición del feminismo entendido como forma de conflictividad social y de pensamiento reivindicativo que se centra en las manifestaciones políticas del sufragismo a partir del discurso de la igualdad, se puede considerar la necesidad de establecer otras definiciones del feminismo histórico a partir de resortes socioculturales que se asienten en el reconocimiento del principio de la diferencia de género y de roles sociales distintos para hombres y mujeres.

La lucha por el sufragio ha representado en muchos países un eje vertebrador del feminismo político al plantear la demanda de los derechos políticos individuales d las mujeres en clave de igualdad. También, cabe entender sus manifestaciones en términos de la cultura política y la cultura de género de cada sociedad. Al entender el feminismo histórico como movimiento social de manifestaciones plurales, de diversas modalidades de estrategias de resistencia y de agencia social, el sufragismo representa una vía decisiva en su desarrollo.

El libro En busca de un espacio : historia de las mujeres en Cuba del historiador Julio César González Pagés presenta por primera vez la trayectoria del sufragismo cubano en el marco de la historia política de Cuba. Basada en una extensa investigación de documentación primaria y de bibliografía, este estudio aporta un estudio sistemático del desarrollo del movimiento sufragista cubano que delimita sus diferentes etapas a la vez que analiza la actitud de los políticos y el debate político con respecto a las demandas de las mujeres. Algunas de las polémicas que presenta el autor se insertan en parámetros semejantes al debate en torno al sufragio en otros países, otras se remiten a la especificidad del contexto político en Cuba. La investigación abre diferentes líneas de reflexión. Se plantea el impacto de los arquetipos de género en la configuración de la lucha sufragista y nos introduce en el universo de las sufragistas cubanas, de sus figuras y de su agencia colectiva. Demuestra de forma convincente la capacidad política de las mujeres para elaborar discursos eficaces y estrategias colectivas a través de organizaciones y clubes feministas. Este libro, tiene la virtud, además, de abrir interrogantes en torno al impacto del sufragismo en el feminismo cubano y en la posterior cultura política del país. En su conjunto, abre nuevas líneas de reflexión sobre la historia de las mujeres en Cuba que sitúan el protagonismo de las mujeres en el ámbito del sufragismo y de la lucha por los derechos de las mujeres.