Apariencias |
  en  
Hoy es lunes, 9 de diciembre de 2019; 7:40 PM | Actualizado: 09 de diciembre de 2019
Búsqueda de artículos
título
autor
Artículos en esta sección: 241 | ver otros artículos en esta sección »
Página
De premios internacionales se trata
Amir Valle , 18 de junio de 2004
Recuerdo hace unos cuatro años atrás, la tarde en que tenía lugar una de las actividades que realizaba la Dirección de Literatura en el patio del Palacio del Segundo Cabo, sede del Instituto Cubano del Libro. Se trataba de un espacio para la reflexión crítica y el tema era la promoción internacional del escritor cubano.

Las opiniones estaban divididas: unos echaban todas las culpas a las instituciones que debían ocuparse de aquella tarea; otros, al mercado internacional del libro que no había contaminado aún nuestras dulces aguas; y hasta algunos que vaticinaban tiempos apocalípticos en los cuales llegaría el mercado, existirían instituciones que se encargarían seriamente de promover al escritor, y la literatura se iría al demonio bajo el impacto de todos los vicios, males y corrupciones de ese fenómeno que todos llamaban "las multinacionales del libro".

Pero todos llegaban a un mismo acuerdo: los premios internacionales que habían sido ganados, otorgados, regalados o inventados para escritores cubanos en el exilio, generalmente opuestos a la política de la Revolución, lograron despertar nuevamente el interés hacia las letras cubanas, bajo el todavía rígido e infantil concepto de que "en Cuba no solamente se hace realismo socialista", como bien diría por esa época un ilustre catedrático español en un evento sobre las letras hispanoamericanas en Madrid.

No se haría esperar la revancha de los escritores residentes en la isla. Acostumbrados a tocar, e incluso a empujar si fuere necesario, todas las puertas que le permitieran salir de ese otro bloqueo que han sufrido las artes y las letras cubanas en los últimos treinta años, el listado de los premios internacionales de importancia alcanzado por cubanos comenzó a crecer y actualmente alcanza límites que dan fe de la buena salud de nuestros escritores, así como de la profusión de propuestas estéticas que han confluido en el escenario nacional en las dos últimas décadas del siglo XX.

La narrativa ganó espacio a la poesía. La novela ganó espacio al cuento. Ambos géneros, el cuento y la poesía, como se sabe, fueron los legitimadores por excelencia de la calidad de la mayoría de nuestros escritores. Así como en otros lugares del mundo es necesario escribir una buena novela para legitimarse como escritor, en Cuba había que escribir un gran poema, un buen poemario, un cuento inolvidable (antologable, sería más exacto), un libro de narraciones sólido, maduro, para llegar a ser citado, antologado, considerado una de esas voces que emergían en uno de los momentos de mayor madurez literaria de la isla.

Y hubo premios de muchos en todos los géneros. Desde los insulsos pero bien pagados premios de poesía de cuanta villa española decidiera gastar sus duros en una supuesta contribución a la cultura de la península, hasta los más serios y mencionados galardones. Desde los pasajeros certámenes de narrativa de lejanas alcaldías y municipalidades latinoamericanas hasta los más pomposos premios de importantes diarios de la región. Siempre hubo un cubano que escribía desde la isla, sufría un mar de calamidades para armar sus originales y enviarlos a tiempo, ansiando ganar reconocimiento y pesetas.

Hoy la realidad es distinta. La mayoría de los editores no se acercan a los escritores de la isla a pedirles manuscritos donde se digan horrores sobre la realidad cubana actual. Se exige, por suerte, cada vez más, buena literatura, sea cual sea el tema. Varios agentes literarios de primera línea comparten con la Agencia Literaria Latinoamericana la tarea de "lanzar" autores cubanos de todas las promociones al ruedo del terrible "mercado del libro internacional", destacándose en este último renglón las Agencias de Carmen Ballcells, Guillermo Schavelzon, Ray Güde Mertin, Mercedes Casanovas, y varias otras. Las novelas de escritores cubanos residentes en la isla hablan de todas las realidades posibles: desde una Centro Habana sensual y libertina en Pedro Juan Gutiérrez hasta una Habana difusa y reinventada en Antón Arrufat.

Aquella puerta que abrió tímidamente Senel Paz con el Premio Juan Rulfo para su cuento "El lobo, el bosque y el hombre nuevo", fue empujada por el rotundo éxito de Abilio Estévez con Tuyo es el Reino en un mar de premios de la crítica en toda Europa; fue sujetada por el premio Café Gijón de Leonardo Padura a una de las novelas de su tetralogía, para que entraran por allí otros autores que hoy muestran al mundo la diversidad de una narrativa sólida, madura, con propuestas estéticas tan disímiles que resultan indefinibles, y con una riqueza sólo comparable a las que ocurren en literaturas tradicionalmente fuertes como la argentina, la colombiana y la mexicana.

Los nombres se atropellan, como en el gustado bolero cubano: son tantos. Con miedo menciono a los que abrieron mucho más esa puerta de salida a la promoción y al reconocimiento internacional de nuestras letras: los premios en distintas categorías del concurso Juan Rulfo para Reynaldo González, Arturo Arango, Reinaldo Montero y Francisco López Sacha; Karla Suárez y Ronaldo Menéndez, compartiendo el premio Lengua de Trapo (una de las editoriales más serias hoy en toda Europa); Pedro Juan Gutiérrez como fenómeno de mercado y con premios de crítica para algunos de sus libros; Alexis Díaz Pimienta con Prisionero del agua y su premio en Islas Canarias; Ena Lucía Portela con el premio Juan Rulfo y, más recientemente, el de Novela de Jaén (casualmente uno de los menos corrompidos, de los que no se dan de antemano); Guillermo Vidal y Leonardo Padura (otra vez), con sus obras ganadoras en un certamen que cada año gana más prestigio y resonancia (el Casa de Teatro, de República Dominicana). Y muchos otros.

Pero también va haciendo mella la resonancia alcanzada por novelas aparecidas en España, los Estados Unidos, Puerto Rico, Argentina, Brasil, Francia, Alemania, y otros países, por autores tan distintos en estilos y estéticas como Jorge Ángel Pérez, Pedro de Jesús, Reynaldo Montero, Nelton Pérez, Anna Lidia Vega Serova, Susana Haug, Reynaldo González, Lorenzo Lunar, David Mitrani, Aida Bahr, por sólo mencionar a los que ahora me vienen a la mente.

Si de premios se trata, puede decirse con todo orgullo: la narrativa cubana no está solamente fuera de la isla, como quisieron decir algunos. Como siempre, sigue estando allí, donde la calidad es lo que importa. Y para eso no hay territorios demarcados. Los ámbitos de la calidad literaria, como se puede ver si se analizan muchas cosas que aquí digo, no conocen fronteras.