En La Habana de mediados del siglo XIX, y a pesar de la permanente lucha por el adecuado suministro del agua, ni los 2 acueductos, ni los 895 aljibes y los 2 976 pozos existentes en 1846, alcanzaban para abastecer en cantidad y calidad las crecientes necesidades de una ciudad, cuya población ascendía ya a unos 100 000 habitantes.[1]
Ante tan apremiante situación, el Capitán General de la Isla, José Gutiérrez de la Concha, procedió a crear en 1852 una Comisión destinada a estudiar y proponer la solución más adecuada, para presidir la cual nombró al por entonces Coronel de Infantería y Comandante del Real Cuerpo de Ingenieros, D. Francisco de Albear y Fernández de Lara, natural de La Habana y con un brillante expediente profesional, quien desde 1848 había estado a cargo de la Dirección Facultativa de Obras en la Real Junta de Fomento.[2]
Para realizar el análisis de las aguas fue designado como auxiliar de la Comisión el Sr. José Luis Casaseca, Director del Instituto de Investigaciones Químicas de La Habana, quien en su Informe, presentado el 20 de junio de 1852, llegaba a la importante conclusión de que los manantiales de Vento debían tener distinto origen que el río Almendares, y que sus aguas eran casi tan buenas como las del Sena, en Francia.[3]
El proyecto de conducción a la Habana de las aguas de Vento
Ahora bien, no fue hasta 1855, en que una segunda Comisión, presidida también por Francisco de Albear, acometió la realización de profundos estudios geológicos e hidrológicos, los cuales arrojaron como resultado la certeza de que los referidos manantiales de Vento, ubicados a 11 km. de la bahía de La Habana, resultaban la opción más favorable para garantizar el suministro de la capital. Así, el 25 de noviembre del mencionado año, Albear elevó al Capitán General, Gutiérrez de la Concha, la Memoria sobre el Proyecto de conducción a la Habana de las aguas de los manantiales de Vento.[4]
Dicha Memoria comenzaba por analizar la posibilidad de utilizar los 2 acueductos existentes, mediante la realización de obras que permitiesen ampliar el suministro de agua. En tal sentido, tras analizar una por una las diversas variantes posibles, las va descartando por sus implicaciones técnicas, así como por el elevado costo económico, concluyendo que no se lograría en ninguno de los casos una mejoría sensible en la calidad del agua, lo cual arrojaba como resultado la necesidad de acometer la construcción de un nuevo acueducto.
Con respecto a la elección de Vento como fuente de suministro, la propia captación presentaba serias complejidades técnicas, atendiendo a las características del terreno donde se encontraban los manantiales, a su ubicación en las cercanías del río Almendares, muy por debajo de su nivel, por lo cual éste los cubría durante sus crecidas, y a la dificultad adicional de que los principales manantiales se encontraban en la orilla opuesta de La Habana y en el fondo de una cañada, obligando a la conducción a pasar por debajo del su cauce.[5] Sin embargo, la variante de Vento presentaba ventajas muy favorables, que fueron expuestas en la Memoria de referencia, tales como: la cota sobre el nivel del mar a una altura de 41,194 m., la cantidad de agua disponible calculada en unos 120.000 m3/día, y su calidad.[6]
Es de destacar la profesionalidad de Albear, demostrada en los estudios realizados, donde a partir de sus experiencias obtenidas en Europa y de las realidades existentes en Cuba, formuló de forma creativa las propuestas, como evidencian sus cálculos para la dotación de agua de la capital. Así, para las necesidades particulares, proyectó unos 70 litros diarios por persona, alrededor de 20 más que en varias ciudades europeas, donde el clima no demandaba tan elevados consumos en bebida y aseo, y que para las necesidades públicas calculó en 21 000 m3/ día, lo cual ascendía a un total de 42.000 m3/día. Con el objetivo de ejemplificar las ventajas del nuevo acueducto propuesto, el autor de la Memoria lo comparó con la dotación de otras 17 ciudades del mundo.[7]
Como necesidades adicionales, Albear calculó que para el riego de unas 2.400 ha., a razón de 8 litros por m2 y para el riego simultáneo de 1/4 del área regada, se requerían 48.000 m3/día, a la vez que para el uso de quintas, sierras, molinos, máquinas hidráulicas y otros usos, las necesidades ascenderían a 60.000 m3/día, las cuales, sumadas a las cantidades previstas para consumos particulares y públicos, ascenderían a 102.000 m3/día, destinados a una población de 300.000 habitantes, es decir, 3 veces superior a La Habana de mediados del siglo XIX, para una dotación global de 340 litros diarios por persona.
En lo concerniente a la obra de captación de los manantiales en Vento, es de destacar que la decisión de conducir el agua por gravedad constituyó una de las particularidades más destacadas del Acueducto de Albear, que permitió, y permite aún hoy en día, la conducción del agua de forma prácticamente gratuita.
Con respecto al trazado del Canal, un aspecto fundamental consistió en el paso del río, para el cual el autor del Proyecto comparó distintas variantes, tanto para determinar el punto exacto, como sus características; en este último aspecto, se decidió por el túnel bajo el lecho del río, al permitir el adecuado montaje de los tubos del sifón, su desagüe, inspección y reparación ulterior.[8] Para el resto del trazado, Albear realizó un profundo estudio, tanto de la red hidrográfica como de la topografía del terreno, comparando variantes, al igual que en los casos anteriores, y efectuando un detenido análisis de los presupuestos requeridos.
Al valorar el tipo de conducto a utilizar, en la Memoria se propuso el canal revestido y cubierto, atendiendo a su menor costo con respecto a las tuberías de hierro fundido, a que no requería de reparaciones periódicas, a las posibilidades de la ventilación para la calidad del agua, y a las ventajas de tipo sanitarias con respecto a un canal al descubierto. Por otra parte, al abordar el problema de los gastos y efectuar una comparación con los acueductos de París, Madrid, New York y Marsella, su autor consideró a la obra propuesta para La Habana como moderada, atendiendo a las características de esta ciudad.[9]
Finalmente, con respecto a la realización de la obra, su autor se manifestó a favor de adoptar un sistema similar al utilizado por el Canal de "Isabel II" en Madrid, añadiendo la circunstancia adicional de la existencia de abundante material de alta calidad, en particular de cal hidráulica, lo que favoreció la posibilidad de utilizar preferentemente el hormigón.[10]
Atendiendo a la complejidad en cuanto a la ejecución del Proyecto, y valorando que los accidentes del terreno obligaban a que el canal de conducción proyectado pasase a sólo 400 m. de los estanques de los Filtros del Acueducto de Fernando VII, lo cual permitiría aprovechar sus instalaciones para adelantar la llegada a la capital de aguas de superior calidad, Albear propuso dividir la obra en dos grandes partes: la primera, desde la toma de agua en los propios manantiales de Vento hasta los estanques de los mencionados Filtros, y la segunda, el resto de la conducción.[11]
El Ayuntamiento habanero acometió de inmediato la publicación de la Memoria, y más adelante, el 11 de julio de 1856 el Capitán General elevó copias del documento editado a los Ministros de Gobernación y de Fomento,[12] las cuales, de acuerdo con los procedimientos establecidos, fueron trasladadas para su consideración por la Junta Consultiva de Caminos, Canales y Puertos, la que sesionó el 17 de noviembre de 1857. Con posterioridad, el 5 de octubre de 1858 fue rubricado el Real Decreto sobre conducción a La Habana de las aguas de los manantiales de Vento, en que se aprobaba en toda su extensión el Proyecto, y se adoptaban las decisiones correspondientes para su ejecución.
De esta forma se acordaba que el Ayuntamiento de La Habana llevase a cabo los trabajos por Administración, y que el Gobierno Superior Civil auxiliase a la obra con el número de emancipados y presidiarios de que fuese posible disponer. Con respecto a los fondos, entre otras medidas, quedó aprobado el suspender por tres años el pago a la Real Hacienda por derechos de Zanja y Acueducto de Fernando VII, la imposición de 45 pesos fuertes anuales por cada pluma de agua, así como la posibilidad de que el Ayuntamiento pudiese abrir un empréstito por 500.000 pesos, si los fondos recaudados no fuesen suficientes.
Para promover ante las Cortes la aprobación de su Proyecto, el Coronel Francisco de Albear había sido destinado a la Península desde febrero de 1856, y no regresaría a la Isla hasta el 5 de enero de 1859; poco después, el 18 de febrero, el Capitán General Gutiérrez de la Concha emitió el Decreto acerca de la creación del Consejo de Administración del Canal de Vento, precisando su integración, y designando a Albear como Director facultativo y económico de las obras.[13]
El 31 de mayo de 1863, la Comisión nombrada para inspeccionar las obras del Canal presentó un Informe al Capitán General de la Isla de Cuba, en el cual se estudiaba la procedencia de las aguas de Vento, como medio de asegurarse de la constancia de su caudal y propiedades físicas y químicas. Tras un riguroso análisis geológico, la Comisión descartó que las referidas aguas procediesen del continente americano, y señaló que todas las evidencias indicaban que éstas provenían de los pluviales que caían "en un radio de 5 a 6 leguas alrededor de Vento".[14]
Comparción de los proyectos de acueductos de la Habana y Madrid
Al valorar integralmente el Proyecto de conducción a La Habana de las aguas de los manantiales de Vento, y establecer un análisis comparativo con la antecesora Memoria sobre conducción de aguas a Madrid, concebida por los ingenieros Juan Rafo y Juan de Ribera en 1848, es justo reconocer la influencia de éstos en las concepciones desarrolladas por Francisco de Albear, evidenciada en sus frecuentes alusiones al acueducto de Madrid, Así, ambos Proyectos partieron de una estrategia común, relacionada con el abastecimiento por gravedad de abundantes aguas, capaces de satisfacer las crecientes necesidades de la población durante un período prolongado de tiempo.
Tanto Rafo y Ribera como Albear, realizaron profundos estudios de las particularidades de las diferentes fuentes de abasto, a los efectos de proponer la más adecuada, con la diferencia de que mientras en Madrid se trataba sólo de aguas fluviales, en el caso de La Habana éstas coexistían con las subterráneas, a la vez que Albear introduciría además un estudio de la posible utilización de las fuentes de abasto que ya existían.
Con respecto al los criterios de comparación utilizados en las Memorias de referencia, puede afirmarse que en general eran similares, pues en ellas se valoraban los relacionados con la cantidad, la calidad, las distancias, las cotas y las posibles necesidades energéticas, entre otros. En lo concerniente a la cantidad de agua a suministrar, existen diferencias significativas entre los Proyectos de Madrid y de La Habana, pues mientras en el primero de ellos se proponía al río Lozoya, por sobre el Guadarrama, el Manzanares, el Guadaliz y el Jarama, por tratarse del de mayor cantidad en estiaje, en el segundo de los casos su autor realizó un cálculo exhaustivo de la dotación de agua requerida para la capital de la Isla de Cuba.
Por su parte, el factor relacionado con la calidad del agua fue abordado en ambos Proyectos, aunque mientras Rafo y Ribera analizaron las aguas del río Lozoya resaltando su elevada pureza, Albear acometió la realización de un estudio comparativo entre las aguas del río Almendares y las de los manantiales de Vento, para concluir con la superior calidad de las segundas.
El aspecto relativo al estudio de la variante de bombear el agua desde cotas bajas, en relación con la posibilidad de la conducción por gravedad, constituye otro punto de comparación entre los dos Proyectos objeto de estudio. Ahora bien, Albear lo abordó sólo de forma cualitativa al analizar la posibilidad de filtrar el agua de la Zanja Real y bombearla, así como cuando evaluó el uso de este recurso para cruzar con las aguas de Vento el río Almendares, desechándolo por sus elevados costos en los cuales no se adentró, mientras que los ingenieros españoles si fueron muy exhaustivos al respecto, pues calcularon todas las variantes posibles y sus costos respectivos.
En lo referido a la topografía, los dos Proyectos guardan semejanzas, y coincidieron en la necesidad de realizar una nivelación detallada del trazado. No obstante, mientras ya en 1848 Rafo y Ribera dispusieron de un plano detallado de Madrid,[15] lo cual les permitió determinar el lugar del Depósito, así como el Proyecto de Distribución, Albear se vio obligado a hacer nivelaciones específicas en las direcciones más apropiadas para presentar sus propuestas.
Producto de lo anterior, el ingeniero habanero realizó en 1874 un magistral levantamiento de La Habana en escala 1:5000, el cual le facilitó, 2 años más tarde, elaborar sus respectivos Proyectos del Depósito y de la Distribución. Es de resaltar que, mientras Albear estableció como condición preliminar para determinar la cota del Depósito el que el agua llegase a las partes altas de los edificios, pero sin determinar las características de éstos, los ingenieros españoles fueron más precisos, pues determinaron una altura media de 50 pies para los terceros pisos de las edificaciones, a los efectos de calcular la altura requerida con vista al Depósito.
Otros aspectos coincidentes estuvieron relacionados con los análisis acerca del valor del agua, la posibilidad de su venta y la factibilidad de realización del capital de construcción, como fuera denominado en el Proyecto de Madrid. De igual forma, en ambos casos fueron calculados los caudales que podían ser conducidos a través de los conductos previstos en su trazado y perfil; sin embargo, mientras Rafo y Ribera manifestaron haberse valido para ello de las fórmulas de Prony y Etelwein, Albear no precisó dicho detalle.
Por otra parte, al abordar el problema del tipo de conducto a emplear, ambos Proyectos se manifestaron a favor del canal revestido y cubierto de bóveda, y con respecto a la forma de ejecución, coincidieron en recomendar que estuviesen a cargo de los Ayuntamientos, con cierta participación de los propietarios, pero prescindiendo de empresas privadas, al tratarse, según Rafo y Ribera, del "abastecimiento de un artículo de primera necesidad".[16]
Finalmente, pudiera señalarse que la Memoria de Albear aventajó a la de Madrid en la constante y detallada comparación de las características del Proyecto habanero con los realizados en otras grandes ciudades del mundo, aspecto no contemplado por los ingenieros españoles. No obstante, es justo señalar, que la posibilidad de aventajar en diferentes aspectos al acueducto de "Isabel II", estuvo dado por el profundo conocimiento que éste tuvo de la obra de sus predecesores, la cual fue siempre objeto de admiración y respeto por el artífice del acueducto de Vento.
Los proyectos de depósito y de distribución del agua de Vento
Para la precisión de los detalles correspondientes a la segunda parte de las obras, Francisco de Albear, ascendido a Brigadier del Cuerpo de Ingenieros el 21 de septiembre de 1876,[17] presentó en el propio mes 2 Proyectos complementarios: la Memoria del Proyecto de depósito de recepción y de distribución de las aguas del Canal de Vento,[18] y la Memoria del Proyecto de la distribución del agua de Vento en la Habana.[19]
Con respecto a la Memoria del Proyecto de depósito, Albear analizó detalladamente la imperiosa necesidad de dicha obra, partiendo de la conveniencia de garantizar la continuidad del abasto, la previsión del futuro aumento del consumo, así como las imprescindibles reservas para casos de emergencia. Sin embargo, en lo referido a su ubicación, ya desde su Informe fechado el 1º de agosto de 1865 [20] había reconsiderado la propuesta inicial de ubicarlo en la Loma de Joaquín, contemplada en la Memoria original de 1855, pues el polo de crecimiento de la población, previsto hacia el este de la ciudad, se había ido desplazando hacia la zona del Cerro, por lo cual, el punto de la loma del Mazo, denominado como "Cruz del Padre", sería la alternativa técnica y económica más adecuada.[21]
Entre sus principales ventajas, la nueva ubicación permitiría obtener una disminución del trayecto del Canal en su parte final, evitar la compleja construcción de la "Mina de Incera", así como no tener que atravesar ni el ferrocarril del Oeste, ni el valle del arroyo Valiente, a la vez que acercaría el depósito al núcleo poblacional que se abastecería de él. En lo tocante a su capacidad y dimensiones, Albear lo comparó con los realizados en otras ciudades del mundo, donde se habían visto obligados a conducir el agua desde lugares distante y construir depósitos similares, calculando con respecto a La Habana una reserva de 50 litros por 5 días para 230.000 habitantes, es decir: 57.000 m3.[22]
Otro aspecto de interés lo constituyó la variante de dividir el depósito en 2 secciones, a los efectos de evitar posibles interrupciones por labores de mantenimiento o reparación. Finalmente, su autor precisó los pormenores técnicos tanto de los aparatos de maniobra y de la entrada de agua al depósito, como de los desagües, los edificios y la cubierta.
En lo concerniente al Proyecto de distribución, Albear partió por valorar las condiciones generales requeridas para el logro de un adecuado servicio de distribución, señalando como requisitos los siguientes:
"... que en todos los puntos de la ciudad haya, con cierto exceso y a todas horas, el agua necesaria; que la altura de llegada a cada punto sea bastante para el servicio particular y para el público; que pueda acumularse el agua en gran cantidad en los puntos en que esta sea conveniente; que la afluencia del agua no sea interrumpida e intermitente; que sea fácil obtener todos esos resultados con rapidez en todo momento del día y de la noche; que haya igual facilidad para el reemplazo o reparación de las cañerías, su carga, su desagüe, el manejo de las llaves y aparatos, y la vigilancia o inspección de todo su servicio; y, por último y mas principalmente, que la descomposición, falta, o suspensión de una parte cualquiera del sistema, no impidan el servicio de las demás".[23]
A los efectos de la distribución del agua en la capital, Albear efectuó una diferenciación entre 2 sectores de la ciudad con condiciones distintas: el centro y la periferia, por lo cual concibió el sistema en 2 partes: "distribución interior" y "distribución exterior".
Así, en lo tocante a la "distribución interior", analizó los problemas relativos a la cantidad de agua necesaria, la altura (carga) del agua, la altura de los orificios de salida, el servicio de incendios, el aprovechamiento de las cañerías existentes, la definición del trazado general, la necesidad y cálculo del diámetro de la cañería conductora, el trazado del circuito principal, las cañerías transversales, las líneas de carga, los circuitos secundarios y los pequeños circuitos, la velocidad del agua y la capacidad de la red.[24]
Ya en lo referido a la "distribución exterior", y tras un detenido estudio de las mejores alternativas posibles, Albear resumió su propuesta de la siguiente forma:
"1a. Aprovechamiento absoluto de las cañerías sobrantes del acueducto de Fernando 7o.
2a. Formación de un circuito por medio de una cañería de servicio y de conducción a Jesús del Monte en concurrencia con la parte subsistente del acueducto de Fernando 70. y las cañerías de las calzadas del Cerro y de Jesús del Monte.
3a. Conservación de la cañería de la calzada del Monte hasta la Habana alimentada por el circuito mencionado.
4a. Entronque de esta cañería con las del circuito de la Habana.
5a. Elevación á un pequeño depósito situado en la parte mas alta de Jesús del Monte de la cantidad estrictamente exigida por sus necesidades por medio de una maquina de vapor.
6a. Aplazamiento para cuando lo vayan exigiendo las circunstancias, las necesidades y el crecimiento de la población, de toda nueva cañería que oportuna y fácilmente podrá, llegado el caso desprenderse del gran depósito".[25]
Es de destacar como el Capítulo 4o de la Memoria del Proyecto de la distribución estuvo dedicado por su autor a la precisión de los "Cálculos", donde entró a detallar las fórmulas empleadas, la determinación de los caudales y diámetros de las cañerías, la distribución interior y exterior con sus caudales respectivos, el estudio de las líneas de carga y el estudio para el servicio de incendios. En lo concerniente al cálculo de las tuberías, Albear comparó las fórmulas de 12 autores, decidiéndose por la de Darcy.[26]
Finalmente, el último Capítulo de esta Memoria, estuvo dedicado a la "Ejecución" del sistema de distribución, en el cual su autor se detuvo a analizar lo relacionado con los tubos y su colocación, las juntas, los aparatos de maniobra, las llaves de retenida, de carga, de graduación, las llaves de descarga, las bocas y llaves de riego e incendios, los registros y bóvedas de maniobra, las tomas, piezas de enlace y curvas, las ventosas, y el plan para la ejecución de las 3 etapas de la obra.[27]
De acuerdo con los procedimientos establecidos, los dos Proyectos fueron elevados por el Gobierno General de la Isla de Cuba al Ministro de Ultramar, el 13 de octubre de 1877, para su consideración por el Gobierno de la Metrópoli.[28]
Culminación de las obras relacionadas con el acueducto de Vento
Con la firma del Pacto del Zanjón, el 10 de febrero de 1878, las autoridades españolas lograron que un grupo de jefes revolucionarios depusiera las armas, a cambio de promesas de concesiones de reformas por parte de España, las cuales no contemplaban las demandas independentistas básicas por las cuales se había sostenido un sangriento conflicto armado por espacio de una década. No es por ello casual, que la dilatada conclusión de la primera parte de las obras se produjese el 23 de junio del propio año 1878, y que al acto de conexión del Canal de Vento con los filtros del Acueducto de Fernando VII, asistiese el propio Capitán General Arsenio Martínez Campos.[29]
Con la llegada de las aguas de Vento mejoraban las condiciones higiénicas de la ciudad, pues a partir de esta etapa comenzaron a disminuir los casos de muerte por cólera, que se habían manifestado como epidemia entre los años 1850 y 1856, en 1865 y en el trienio 1867-1870, así como la mortalidad por disentería y otras enfermedades de transmisión hídrica.
Al respecto, el 31 de julio de 1878 la Junta Consultiva de Caminos, Canales y Puertos emitió su Dictamen sobre los Proyectos de Depósito y de Distribución de las aguas de Vento elevados a su consideración,[30] emitiéndose más tarde, con fecha 18 de octubre del propio año, la Real Orden que fue remitida al Gobernador General de la Isla de Cuba, donde se aprobaban dichos documentos con un grupo de prescripciones.[31]
La vida del Brigadier Albear, quebrantada por el paludismo adquirido en el transcurso de su labor en el Canal de Vento, no alcanzó para dirigir la última fase de la construcción de su acueducto. Fallecido el 22 de octubre de 1887, la continuación de las obras estuvo a cargo del Coronel de Ingenieros Joaquín Ruiz, quien se dedicó a continuar las ideas originales de su Maestro. No obstante, Albear tuvo en vida la satisfacción de ver su Proyecto premiado en la Exposición Universal de París de 1878, donde obtuvo Medalla de Oro,[32] con la mención honorífica siguiente: "Como premio a su trabajo, digno de estudio hasta en sus menores detalles, y que puede ser considerada como una Obra Maestra".[33]
A los efectos de lograr los fondos requeridos para saldar las deudas y garantizar la continuación de las obras, el Capitán General emitió un Decreto, el 24 de septiembre de 1888, autorizando el convenio entre el Ayuntamiento de La Habana y el Banco Español, encaminado a la concertación de un empréstito por $6.500.000. El 26 de noviembre de 1889, y en subasta pública, las obras fueron adjudicadas a Runkle, Smith and Co., contratistas de New York, quienes designaron por la parte norteamericana al ingeniero hidráulico Mr. E. Sherman Gould, iniciándose los trabajos el 31 de enero de 1890.[34]
Finalmente, la inauguración oficial del Depósito de Palatino, así como de las tuberías de distribución en la ciudad, con la participación del Capitán General, D. Alejandro Rodríguez Arias, se llevó a cabo el 23 de enero de 1893, restando sólo por construir la cubierta de dicho depósito, lo cual dio origen a reclamaciones que dilataron la entrega de las obras por la referida sociedad, hasta enero de 1896.[35]
Como valoración final de los méritos de esta trascendental obra hidráulica, que con toda justicia pasó a denominarse como Acueducto Albear de La Habana a partir de 1893, vale la pena acudir a las propias palabras del Coronel de Ingenieros Joaquín Ruiz:
"La elección del punto de toma, el análisis de las aguas, el cálculo del consumo necesario, el alumbrado y aforo de los manantiales, operación ingeniosa y difícil; la no menos delicada de su captación; su recogida en un espacio común; la preservación del agua de toda influencia nociva, y la erección de obras que la defienden de toda mezcla o confusión con orígenes enturbiados; su conducción luego a larga distancia en condiciones higiénicas a través de toda suerte de obstáculos, salvando cauces de ríos, arroyos, caminos, ramblas, cerros y trincheras hasta el vasto depósito que las almacena y reposa, asegurando la uniformidad y la constancia en el consumo; su distribución luego científicamente estudiada para esparcir el agua subdividiendo y aprovechando a la par la fuerza que la impulsa desde su partida; todo esto...da lugar a estudios de química, higiene pública, estadística, geología, mecánica de las construcciones e hidráulica, y otros muchos ramos del saber".[36]
Citas, referencias y notas del autor:
[1] Alonso, Eladio Elso: "La Zanja Real: primer acueducto de La Habana", En: Ciudad y Territorio, No 63-64, Madrid, pp.41-46.
[2] García Blanco, Rolando: "Francisco de Albear: un héroe de la ciencia", En: Debates Americanos, No 4, La Habana, julio-diciembre de 1997, pp.143-144.
[3] Casaseca, José Luis: "Informe sobre los análisis de las aguas del Almendares y de Vento", En: Memoria sobre el Proyecto de conducción a la Habana de las aguas de los manantiales de Vento, redactada por D. Francisco de Albear y Lara, Imprenta del Gobierno y Capitanía General por S. M., Habana, 1856, Apéndices, p.23. (En lo adelante, las referencias a este texto se identificarán como: "Memoria".- Nota del Autor).
[4] Memoria, p. X.
[5] Albear y Fernández de Lara, Francisco de, Documentos relativos al estado del Canal de Isabel II al finalizar el año 1865, Imprenta del Gobierno y Capitanía General por S. M., Habana, 1867, p.7.
[6] Un riguroso estudio acerca de la Memoria sobre el Proyecto de conducción a La Habana de las aguas de los manantiales de Vento, se encuentra en el trabajo del Dr. Fernando Pérez Monteagudo titulado: "Valoración científico técnica del acueducto Albear", En: García Blanco, Rolando (coord.): Una Obra Maestra: el Acueducto Albear de La Habana, Editorial Científico Técnica, La Habana, 2002.
[7] Memoria, p. 45.
[8] Memoria, pp. 57-58.
[9] Memoria, pp. 66-78.
[10] Memoria, pp. 79-86.
[11] Memoria, pp. 80-81.
[12] "Cartas del Capitán General José Gutiérrez de la Concha a los Ministros de Gobernación y de Fomento, con fecha 11 de julio de 1856", En: Ministerio de Educación y Cultura de España, Archivo Histórico Nacional (AHN), Madrid, Sección de Ultramar. Fondo Cuba-Fomento, Leg. 32, Exp. 41, Doc. 6 y 7.
[13] "Expediente del Brigadier Francisco de Albear y Fernández de Lara", En: Archivo General Militar de Segovia (En lo adelante las referencias aparecerán como: "Expediente" - Nota del Autor).
[14]MEC, AHN, Ultramar, Cuba-Fomento, Leg.,223, Exp.,4, Doc.,10.
[15]Rafo, Juan y Juan de Ribera: "Memoria sobre la conducción de aguas á Madrid, formada en cumplimiento de la Real Orden de 10 de Marzo de 1848", En: Antecedentes del Canal de Isabel II: Viajes de Agua y Proyecto de Canales, Canal de Isabel II, Madrid, 1986, p. 97.
[16] Op. cit. p. 111.
[17] Expediente.
[18] Albear y Fernández de Lara, Francisco de: Memoria del Proyecto de depósito de recepción y de distribución de las aguas del Canal de Vento, Habana, septiembre de 1876, En: MEC, AHN, Ultramar, Cuba-Fomento, Leg. 223, Exp. 10, Doc. 5-10 (En lo sucesivo: "Depósito". Nota del Autor).
[19] Albear y Fernández de Lara, Francisco de: Memoria del Proyecto de la distribución del agua de Vento en la Habana, Habana, septiembre de 1876, En: MEC, AHN, Ultramar, Cuba-Fomento, Leg. 223, Exp. 11, Doc. 1-7 (En lo sucesivo: "Distribución". Nota del Autor).
[20] Albear y Fernández de Lara, Francisco de: Canal de Isabel II, Dirección, Habana. 1º de agosto de 1865, pp. 12-13, En: MEC, AHN, Ultramar, Cuba-Fomento, Leg. 223, Exp. 6, Doc .2.
[21] En el mencionado trabajo del Dr. Fernando Pérez Monteagudo se incluye, de igual forma, una valoración científico técnica de la Memoria del Proyecto de depósito y de la del Proyecto de distribución (Nota del Autor).
[22] Depósito, p. 32.
[23] Distribución, p. 2.
[24] Distribución, pp. 7-45.
[25] Distribución, p. 61.
[26] Distribución, pp. 63-66.
[27] Distribución, pp. 129-151.
[28] MEC, AHN, Ultramar, Cuba-Fomento, Leg. 223, Exp. 10, Doc. 1.
[29] Anales de la Real Academia de Ciencias Médicas, Físicas y Naturales de La Habana, t. 17, Habana, 1880, p.153. (En lo adelante las referencias a esta Colección aparecerán como: "Anales".- Nota del Autor).
[30] MEC, AHN, Ultramar, Cuba-Fomento, Leg. 224, Exp. 1, Doc. 3.
[31] MEC, AHN, Ultramar, Cuba-Fomento, Leg. 224, Exp. 1, Doc. 4.
[32] "Real Orden remitiendo a los Gobernadores Generales de las Islas de Cuba, Puerto Rico y Filipinas la relación de los expositores premiados en la Exposición de París", En: MEC, AHN, Ultramar, Cuba-Fomento, Leg. 105, Exp. 2, Doc. 61.
[33] Montolieu y de la Torre, Enrique J.: "Elogio de Albear", En: Anales, t. 74, La Habana, 1937, p. 400.
[34] Sherman Gould, E.: "The New Water-Works of Havana City ", American Society of Civil Engineers, Transactions, No 790, vol. XXXVI, december 1896.
[35] Ruiz, Joaquín: "Canal de Albear", En: Memoria acerca del Estado y Adelantos del Excmo. Ayuntamiento de La Habana, Imp. La Tipografía, a cargo de Manuel Santana, Habana, 1897, p. 134.
[36] Ruiz, Joaquín: "El Brigadier Albear. Necrología", En: Anales, t. 52, Habana, 1915-1916, p. 851.