Tengo parte de culpa en que hoy, con orgullo, pueda hablar de este narrador, pues allá, durante el pleno período especial, le insistí a Lorenzo que dejara los caminos que llevaba en el cuento (cosa que también le habían dicho ya Félix Luis Viera y Agustín de Rojas, entre otros) y que se fijara en esa vida que latía, múltiple y complejísima, en el barrio que habitaba por entonces: la mítica barriada de El Condado, famosa ya gracias a esa joya de nuestra narrativa que es la novela Con tu vestido blanco, de Félix Luis Viera.
Lorenzo me hizo caso y al año siguiente, bajo seudónimo, premiamos un libro llamado El último aliento, donde se mostraba a un narrador que iba transitando por un camino cada vez más interesante según lo que se deducía de la lectura de cada uno de aquellos cuentos con los que ganó Lorenzo Lunar el Premio Fundación de la Ciudad de Santa Clara. Un día empezó a escribir novelas. Novelas negras o policiacas, como todavía se les llama en Cuba, aún cuando ya internacionalmente ese término vaya cayendo en desuso.
Y precisamente es dentro de este género donde se hallan los aportes más interesantes de Lorenzo Lunar a la actual narrativa cubana y a ese fenómeno que Leonardo Padura ya designó como "neopolicial cubano", término que también es utilizado por el narrador y crítico Paco Ignacio Taibo II, extendiéndolo a toda la nueva novela negra latinoamericana: una novelística donde lo importante no es ya el crimen, ni la solución del caso, ni la existencia de policías y delitos, sino el reflejo de las complejidades marginales de las sociedades de nuestros países de América, los grandes traumas sociales. En palabras de Paco Ignacio en la última Semana negra de Gijón, celebrada en julio de este 2003, "se trata de un género llamado a convertirse en el mecanismo de denuncia y reflexión sobre nuestras convulsas realidades".
Lorenzo Lunar ha ganado en dos ocasiones el Premio Internacional de Relatos Policiales de la Semana Negra de Gijón (1999 y 2001), y ha obtenido también el Premio Nacional de Novela Policial "Aniversario de la Revolución". Su más reciente galardón lo obtuvo en el 2002, cuando se alzara con el Premio Intenacional de Relatos Policiales de la Asociación Internacional de Escritores Policiacos de Bulgaria.
Pero eso son simplemente premios y, ya sabemos, los premios, premios son, igual que los sueños. Y pasan igual. Pero quedan las obras: Échame a mí la culpa (1999), Cuesta abajo (2002), el cuaderno de ensayos El que a hierro mata (2002) y su más reciente novela, Que en vez de infierno encuentres gloria, aparecida en España bajo el sello Negrura de la editorial Zoela. Próximamente, también por esa editorial española, se publicará La vida es un tango.
La sinopsis de esta última novela es muy reveladora de las pretensiones de Lorenzo Lunar con esta serie policial: "A Leo Martín le tocó ser nombrado Jefe de sector de la Policía del mismo barrio donde nació treinta y cinco años atrás, un barrio periférico y marginal de Santa Clara. El asesinato de su viejo "socio" Cundo, borracho en su cuarto de mala muerte, le conduce a descubrir los mil tentáculos invisibles de ese submundo donde florece todo tipo de tráfico ilegal."
Y he ahí el conflicto de esta serie: un ser humano que ha decidido ser policía, enfrentarse al delito sin saber que la vida lo llevará a enfrentarse a quienes forman parte, pedazo a pedazo, de esa vida propia. Los marginales, los delincuentes, las prostitutas, los que han perdido su camino son esos amigos, esos hermanos, esa gente con la cual estuvo a punto de perder la vida en misiones internacionalistas en África, y esos enfrentamientos humanos son los que hacen distinta la novelística de esta narrador. No estamos ante la clásica forma de los malos malos vs buenos buenos. Leo Martín está lleno de defectos, de contradicciones, de miedos, de esperanzas. Cree incluso, al menos inicialmente, que con su trabajo puede mejorar la vida de los demás, sacar su barrio de la miseria en la que sigue hundida por razones muy complejas. Pero llegará a comprender que está tirándose contra un muro y que no puede vencer en ese encontronazo.
Si a finales de los ochenta con las novelas Primero muerto y Completo Camagüey, firmadas por Justo Vasco y Daniel Chavarría, se comenzaba a transitar en el develamiento de un "lenguaje de la marginalidad" como tema y asunto para la escritura cubana, ya en estas novelas de Lorenzo Lunar el lenguaje del barrio se siente, se vive: "el barrio te machuca, te trajina, te educa, te empuja, te arrastra, te levanta, te tira en el suelo y te pisotea. El barrio te hace un hombre o un traste. Vivir en este barrio le ronca los cojones". Ese lenguaje crudo, directo, lleno de frases populares, de dichos barrioteros, de claves que permiten la comunicación de la marginalidad es, entonces, y a lo largo de toda la obra de Lorenzo Lunar, uno de sus más importantes aportes.
Otro lo es el descubrimiento al lector de una ética de la marginalidad: de una forma de leyes creadas en los barrios periféricos que permiten la supervivencia del modo delincuencial ante los ataques de quienes quieren acabar con el delito; leyes ocultas a muchos ojos, que se adaptan según las circunstancias y van creando lazos que Leo Martín, como cualquier otro policía, deberá develar para llegar al fondo de los asuntos a los cuales tiene que enfrentarse.
Pero lo más llamativo es ese encontronazo: Leo Martín policía contra el Leo Martín habitante común del barrio. Un encontronazo que envuelve amores convulsos, relaciones tormentosas, traiciones, fidelidades, perversiones: todo lo que habita en las entrañas y el alma de un barrio, bajo el lema eterno del enfrentamiento entre el bien y el mal, pero con resonancias muy humanas que humanizan aún más a sus protagonistas.
La narración, que imbrica ese lenguaje de la marginalidad junto a un tono directo lleno de sugerencias sobre la filosofía de ese barrio y de esos personajes, es un acierto más de esta serie aún inédita en Cuba, pues añadiría una nueva nota a la serie de Padura y a las novelas de Chavarría, que también forma parte de ese neopolicial.
Hay que contar ya con Lorenzo Lunar en nuestra narrativa. Su obra va creciendo en madurez e importancia y sus aportes ya están ahí. Solamente hay que leer para encontrarlos.