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Escribir al modo de Guillermo Vidal: Novelista en tierra de novelistas
Amir Valle , 14 de marzo de 2003
Recientemente, cuando en una entrevista para un diario mexicano, a raíz de mi participación como autor en la Feria Internacional del Libro de Guadalajara, que tiene en esta ocasión a Cuba como país Invitado de Honor, me preguntaron a quién consideraba yo el novelista por excelencia de las letras cubanas, en un país que había contado con novelistas de la talla de Alejo Carpentier, José Soler Puig y Lisandro Otero, entre otros ilustres ejemplos. Mi respuesta, sin pensarla pero -seguro estoy- consecuencia de años de estudiar al autor mencionado, fue Guillermo Vidal.

Su más reciente novela: Ella es tan sucia como sus ojos, la publicación en España de El amo de las tumbas y la próxima aparición en la editorial Letras Cubanas de Los cuervos -obra galardonada el año pasado en el Premio Internacional Dulce María Loynaz-, pueden servir de apoyatura esencial para quienes pongan en duda mi rotunda afirmación.

La obra de Guillermo Vidal (Las Tunas, 1952) ya ha descodificado y asimilado las primeras influencias que recibiera y reconociera de la literatura latinoamericana y española y autores como Luis Britto, Denzil Romero, Mario Vargas Llosa y Miguel Delibes, convirtiéndolo hoy en un escritor en plenitud de facultades y con una amplísima obra, muestrario de una poética personal que lo distingue del resto de los narradores cubanos que en la actualidad escriben en la isla o fuera de ésta.
No me asombré, puesto que lo comparto, cuando en un evento reciente en Gijón, España, un reconocido crítico cubano residente en el exterior desde la primera mitad de la década del 70, comentó que pocas voces, dentro del espectro narrativo de la literatura cubana en la isla, le resultaban distintivas, estilísticamente hablando. En esa ocasión mencionó a los clásicos: Carpentier y Lezama Lima (yo pensé mientras hablaba que olvidaba a Soler Puig), y luego hizo una especie de paneo por la narrativa de quienes le parecían "diferentes" con poéticas personales o con atisbos de una voz propia en formación: Abilio Estévez, Reynaldo González, Ena Lucía Portela y (lo dijo, para mi asombro) Guillermo Vidal. El resto de las obras podían ser intercambiables entre un autor y otro. "Sin embargo", dijo, "usted sabe cuándo se enfrenta a la obra de estos cuatro escritores aún cuando alguien le haya hecho la maldad de romper las páginas donde aparece el nombre del escritor".

La serie negra de Padura: Las cuatro estaciones, en su criterio, es diferenciable sólo por la creación magistral de Mario Conde, pero su estilo, por ejemplo, no difiere del usado por el propio Padura en dos de los bloques narrativos de La novela de mi vida (que trata de Heredia y otros asuntos) que es el mismo utilizado por Julio Travieso en El polvo y el oro o por Daniel Chavarría en El rojo en la pluma del loro. "Es el estilo del sin estilo", concluyó.

Aunque ya no tan de acuerdo en esto último, el hecho de encontrar a Guillermo en el listado de los "distinguibles" me hizo saltar de júbilo: confirmaba mi antigua y larga defensa de que la obra de este autor presenta rasgos bien distintivos en todo el concierto de voces de la actual narrativa cubana.

Ahora, ¿qué puede diferenciarse, hacerse destacable, considerarse aportes de una voz propia en la obra de este autor? Un recorrido por sus libros demuestran una tesis moderna que busca explicar el tan traído y llevado "mundo narrativo", que en el caso de este autor, ha sido una línea en ascenso desde Los iniciados, pasando por Se permuta esta casa, Matarile, Los enemigos, Confabulación de la araña, El quinto sol, Ella es tan sucia como sus ojos, El amo de las tumbas y consolidada en la cima de la novela cubana actual donde hallan espacio Las manzanas del paraíso y Los cuervos.

Esa tesis, muy debatida hoy en los escenarios críticos internacionales, asegura el predominio actual de una nueva forma de entendimiento de la poética personal de un autor, en nuestro caso, de un novelista. Según esta tesis, si bien la narrativa del boom contribuyó a insertar dentro del pensamiento crítico moderno la idea de que cada autor debía buscar la "novela mundo" que le permitiera mostrar en una sola obra su Poética (Pedro Páramo, de Rulfo; Cien años de soledad, de García Márquez; Rayuela, de Cortázar; Terranostra, de Carlos Fuentes; La guerra del fin del mundo, de Vargas Llosa; Sobre héroes y tumbas, de Sábato, entre otras), en la actualidad hay una vuelta de rueca que apunta hacia la construcción de mundos novelados para poder entender la Poética de un autor, al estilo de Balzac, Dostoievski, Thomas Mann, Joyce y Faulkner. Una tesis que aboga por la expansión de dicha poética en una consecución de novelas, ejemplificando con el mundo novelado de autores imprescindibles como Yukio Mishima, Italo Calvino, Alejo Carpentier, Herman Hesse y José Saramago. En palabras más simples: es imposible llegar a comprender la Poética de estos autores si nos leemos solamente las novelas que los han convertido en clásicos; es necesario leerse toda su novelística.

Aplicando esa tesis a nuestro autor, tampoco nadie podrá decir que ha descubierto los resortes de la Poética de Guillermo Vidal si no ha llegado a leerse, incluso, su universo cuentístico, que ha sido un punto de salto para sus trabajos dentro de la novelística nacional.

¿Qué lo hace entonces "un animal raro, único, distinto a los demás", como han dicho algunos críticos?

UNO: Si bien es cierto que Vidal comparte con el resto de los narradores de su promoción la "tendencia que muestran los autores a interesarse por visiones interiorizadas"(1), conformando "una perspectiva intimista (que) lleva al relato, generalmente, a centrarse en el lado cotidiano de la realidad" (2), también debe agregarse que, salvo en cuentos aislados de algunos autores, esta promoción narrativa no asume la voz rural en sus universos literarios, exceptuando los casos de Félix Luis Viera y Guillermo Vidal. No obstante, la obra de Félix Luis Viera posterior a Las llamas en el cielo, En el nombre del hijo y Con tu vestido blanco, se aleja de la perspectiva rural con temáticas más directamente cosmopolitas, abandonando así uno de los caracteres que hacían diferenciable su obra. No sucede eso con Vidal, quien sí asume, en todos los casos, la posición de narradores con típicas connotaciones rurales. Logra de ese modo consolidar una búsqueda adquisitiva de los resortes tipificadores de la ruralidad autóctona cubana, elevándolos a "tipos universales" a partir del hallazgo de "lo cubano" en esos rasgos. Todo esto lo convierte en el único narrador de su promoción que alcanza el acierto ya visto en la narrativa de Onelio Jorge Cardoso: la captación y universalización literaria de "lo rural cubano".

DOS: Ya en 1983-84 Vidal demostraba con excelentes cuentos la validez de muchos presupuestos técnicos que poco después serían esgrimidos por algunos narradores de la promoción del 80. Vidal asume la experimentación desde el estilo como una forma de búsqueda, inserción, delineación de esa "cubanidad rural" a la cual nos referíamos en el punto UNO. Lo que resulta ruptura, cambio, innovación en el lenguaje de Vidal, no es otra cosa que la asimilación de las rupturas, cambios e innovaciones del habla popular. Lo que resulta experimentación en los bloques sémicos o de contenido, no es otra cosa que la asimilación de la lógica del pensamiento del personaje extraído de esa realidad real que Vidal ficciona. Los cambios y rompimientos estructurales son los que en realidad se producen en la forma de ser, del habla y de la lengua del cubano rural.

TRES: Esa misma asimilación de la cubanidad del ámbito rural como detalle tipificador de "lo cubano", permite a Guillermo Vidal lograr que la mirada subjetiva de lo cotidiano, el elemento humorístico, la potenciación del referente extratextual, la ficcionalización de la figura autoral y la exploración poética del lenguaje coloquial (características estas que señala Begoña Huertas como rasgos de la narrativa cubana del 80) se particularice y diferencie en una óptica distinta y, a nuestro modo de ver, superior. Se explica: estos rasgos son asumidos por el resto de los autores de la promoción desde "lo citadino", más específicamente, desde lo citadino capitalino, y podemos recordar que la fenoménica social es muy similar en todas las capitales y ciudades del mundo, tal cual se puede comprobar al leer obras publicadas por autores extranjeros de la década del 80. La mirada rural de Vidal en el asunto "lo cubano" añade a su narrativa una universalidad diferenciable, sin dejar también de ser cosmopolita: mira subjetivamente a la cotidianidad rural universalizándola como algo que ocurre en cualquier sitio de este mundo; el elemento humorístico (parodia, humor, ironía) es la ironía de personajes extraídos de la realidad real rural, se potencia el referente extratextual allí donde la modernidad incide en la "paz rural", el autor se ficcionaliza y convierte en un personaje más de (y desde) ese ámbito y la exploración poética del lenguaje coloquial se produce en esas zonas donde realmente existe una poética natural, autóctona, no inventada por el autor, como pasa en otros casos.

Diferencias estas (UNO, DOS y TRES) que definen la solidez estilística de este autor, que las ha llevado a los universos particulares o micromundos de sus novelas en un modo tan definitorio, tan expansivo, tan convincente, que hoy llega a acusarse a ciertos jóvenes escritores de escribir "a lo Guillermo Vidal", como una vez se acusó a muchos de escribir "a lo Carpentier, a lo Lezama, a lo García Márquez".

Notas:

1 Huertas, Begoña. Ensayo de un cambio. La narrativa cubana de los 80. Editorial Casa, La Habana 1993, p. 49.

2 Idem.