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Las voces de Eva: el mar de las antologías de narrativa escrita por mujeres
Amir Valle , 26 de abril de 2003
La pregunta eterna: ¿qué hubiera sido si...? continúa signando, generación tras generación, esa lucha de la mujer en cualquiera de los sitios habitados de este mundo por recordar, y recordarse, que precisamente su papel en el desarrollo de la humanidad no ha sido nada prescindible, nada secundario: su marca se halla en la génesis, en la concepción, en el nacimiento y en cada uno de los pasos, imperfectamente humanos, de esa raza animal que, sin embargo, cada día se empeña en ubicarla en un lugar prescindible, secundario.

En el ámbito de las letras, los cambios ocurridos en el escenario internacional apuntan cada vez más a una mayor presencia de la voz de la mujer en el concierto de la literatura universal. Si antes eran bien distinguidos y raros los nombres de mujer, de algún modo saliendo a la luz desde y gracias a un movimiento regido por la creación masculina, a partir de la segunda mitad del siglo XX, en cualquiera de las modalidades de la escritura, la mujer absorbe un protagonismo lógico dentro de una sociedad en la cual su lucha agónica por hacerse respetar ya no puede ser silenciada de un plumazo, como sucedía en otras épocas.

Desde la ya conocidísima Corín Tellado, convertida en un clásico de la literatura universal, a pesar de los criterios contrarios que se le opusieron en un inicio, y que en los últimos cincuenta años comparte el escaño de autores más leídos junto a los que salvaron La Biblia, hasta llegar a la aceptación internacional de Isabel Allende, Ana María Matute o Alice Walker, y pasando incluso por variados nombres de la literatura light, la de tema religioso, o el bestseller, tan vendidos y comprados en estos días, la creación femenina matiza con la perspectiva de la mujer esa mirada moderna que las artes de la escritura ofrece sobre la realidad convulsionada, erosionada y compleja de este fin de siglo.

Las condiciones sociales que desde 1959 dotaron de ciertas libertades a la mujer cubana, especialmente para su desempeño intelectual, derivó en una eclosión creativa en todos los órdenes de la cultura artística y literaria. A las cuatro promociones surgidas dentro de la narrativa cubana en los últimos cuarenta años (las del 60, el 70, el 80 y el 90) ingresó también, y con cada vez más fuerza y protagonismo, un número importante de escritoras que la crítica no ha valorado en su justa medida ni en los aportes que han ofrecido y ofrecen al desarrollo del género en el país.

Lo que nadie puede negar es que la tradición de la narrativa en la isla apunta a la existencia de grandes nombres de mujer. Clásicos como la Condesa de Merlín, la Avellaneda, Juana Borrero o Mercedes Matamoros resultaron antecedentes, escasos pero ilustres, en los cuales las escritoras de épocas posteriores quizás hallaron fuerzas nuevas para enfrentar el reto de imponerse en un terreno en el que su voz era escuchada como de soslayo, con cierta irónica lástima. Pero la obra de Lydia Cabrera, Dulce María Loynaz, Mirta Aguirre, Dora Alonso, Fina García Marruz o Reneé Méndez Capote, por sólo poner algunos ejemplos, está colocada, como se diría por ahí: pésele a quien le pese, en el único Parnaso de la historia de la Literatura Cubana.

Dentro del campo que nos ocupa, la narrativa, la eclosión creativa abarca aportes importantes con la obra de Mirta Yáñez, María Elena Llana, Marta Rojas, Julia Calzadilla, Nersys Felipe o Mary Cruz; o con el influjo renovador de Marilyn Bobes, Aida Bahr, Ana Luz García, Ivette Vian, Ena Lucía Portela, Anna Lidia Vega Serova o Karla Suárez; como tampoco han de olvidarse esos logros, parciales en lo literario y totales en el plano del comercio, que han contribuido a despertar el interés internacional por nuestra literatura, presente en la obra de autoras como Zoé Valdés, Daína Chaviano, Chely Lima, Sonia Rivera Valdés, Achy Obejas, o Cristina García, citando solamente algunas.

Una de las características que hicieron notoria, casi escandalosamente, la presencia de estas narradoras en el escenario de la narrativa cubana de los últimos veinte años, fue precisamente el paso a una mirada totalmente desprejuiciada sobre las cuestiones relativas al amor y al sexo, que anteriormente, incluso en las autoras clásicas del género habían sido abordadas bajo el tamiz de ciertos prejuicios morales. El desparpajo a la hora de referir el sexo, la agresividad contra lo establecido como estrategia para la imposición de criterios, la natural plasmación de conflictos tabúes como el de la homosexualidad femenina y la prostitución, o la apelación a una total liberalización de todo tipo de frenos y trabas morales, políticas o sociales en la búsqueda de la realización humana, motivaron ese escándalo, incentivado además por el aparente simple hecho de que las obras escritas mostraban una calidad que nada envidiaba a la que se escribía, como ya se ha dicho, en ese entonces, "en el lado de los machos".

Esa mirada de libertad, conjugada con otras libertades antes comentadas, está presente en los cuentos de varias narradoras cubanas, seleccionados entre muchas otras por haber obtenido importantes premios nacionales y reconocimiento nacional e internacional, pretendiendo mostrar que la eclosión narrativa protagonizada por la mujer no es privativa de la capital del país, como puede entenderse si se lee y analiza como modelos posibles la obra y los nombres incluidos en varias antologías que reúnen la creación femenina en este género.

Eso pretendí cuando a finales del 2001 propuse a la editorial Oriente la antología Té con Limón, donde se reúnen cuentos eróticos de 22 autoras de todo el país, que ofrecen una perspectiva desprejuiciada, distinta y múltiple de las miradas que hacia el asunto de la sexualidad y el erotismo tiene la actual mujer cubana, a través de nombres reconocidos como Odette Alonso, Karla Suárez, Mariela Varona, Gina Picart, Souleen Del Amico o Susana Haug, y menos conocidos o desconocidos como Lourdes de Armas, Diana Fernández, María Liliana Celorrio, entre otras, lo cual demuestra el empuje de la creación femenina en este género.

Quizás más amplia, y seguidora de mi antología El ojo de la noche (que a su vez pretendía ser una continuación de Estatuas de sal, de Mirta Yáñez y Marilyn Bobes), puede considerarse Caminos de Eva: Voces desde la isla, que reúne también a 22 autoras residentes en la isla, incluyendo a las clásicas Mirta Yáñez, María Elena Llana, Aida Bahr, Marilyn Bobes, junto a otras también importantes como Mylene Fernández, Adelaida Fernández de Juan, Anna Lidia Vega Serova, y otras nada conocidas como Felicia Hernández Lorenzo, Gleyvis Coro o Agnieska Hernández. Forma parte de un proyecto que continuará con Caminos de Eva: Voces más allá del mar, donde se incluirán escritoras cubanas residentes en otros países, como Cristina García, Achy Obejas, Uva de Aragón, Mireya Robles, Odette Alonso, Karla Suárez, y otras nunca mencionadas como Nidia Fajardo, Lidia Señarís y Khaterine E. González.

Lo importante es la voz, la existencia, la posibilidad de escoger que cada día ofrece nuevos nombres, estilos más disímiles: una amplitud de criterios elegibles que fortalecen cualquier propuesta seria que quiera sobrepasar los ya mencionados criterios estrechos con el cual se han realizado algunas de las antologías de escritoras cubanas en Cuba y fuera de Cuba. No debe primar una selección habanocéntrica puesto que la narrativa escrita por mujeres hoy tiene pilares sólidos en la lejana Guantánamo, en la caliente Santiago, en la planicie de Camagüey, en la céntrica Santa Clara o en la estrecha Pinar del Río. Bastaría una simple ojeada a lo que se publica por los sellos editoriales provinciales para darse cuenta de que existen creadoras en todas las provincias del país; de que sus obras son maduras, irreverentes, frescas en todos los sentidos; de que el coro de la voz femenina en la novela y el cuento cubano lanza su cántico uniforme con la misma fuerza desde una montaña altísima en la Sierra Maestra o desde un apartamento en la céntrica calle 17 del Vedado capitalino. Verdad que, por desgracia, no les importa a muchos en el lado de los "machos" y no es tenida en cuenta por las que, en el lado de "ellas", preparan las antologías del cuento cubano escrito por mujeres que hoy se promueven en el mercado internacional.

Notas:

1 Los conceptos esbozados en este texto forman parte del prólogo del autor de este trabajo a las antologías mencionadas.