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Usted también puede tener un gay, otra vez
Amir Valle , 20 de junio de 2003
Uno se cansa. De pronto aparecen las clasificaciones absurdas: literatura gay, de mujeres, marginal, asumiendo que un tema puede dignificar la creación literaria. Recuerdo, así, de golpe, una frase de una polémica establecida entre el narrador Jorge Ángel Pérez y yo hace ya unos años. Decía Jorge Ángel que la mariconería era un asunto tan viejo como la historia humana. Y tenía razón. Yo lo sabía.

También recuerdo a ese diablo risueño que pasó de ser el profesor Salvador Redonet para convertirse, simplemente, en "el negro Redonet" o en "el Redo", cuando alguien le dijo que la temática gay  no podía ser un asunto diferenciador, que había que buscar la calidad del texto, fuera del tema que fuera. La respuesta del negro es antológica: "es cierto, pero siempre alguien tiene que ser el primero para que se pueda comenzar a valorar el asunto".

Y esa misma razón, la de que alguien debía buscar en los primeros, fue la que me hizo acercarme con mayor interés al libro Del portal hacia dentro, una recopilación de ensayos con la cual el narrador e investigador Pedro Pérez Rivero obtuvo el Premio Regino Eladio Boti en 1997, y que fuera publicado por la editorial El Mar y la Montaña, de Guantánamo, en  el 2002, aún cuando comenzara a circular a principios del 2003.

En estos ensayos, el escritor asume un supuesto que le permite incursionar en el tema:

"Ciertas lecturas de cuando era muy joven permanecen en mi memoria como detonantes de una explosión que vino a retumbar veinte años después. Hablo de aquellas es­peculaciones psicologistas de los sesenta, cuyo propósito era atri­buir sospechas de homosexualismo a escritores de talla universal.

Tuve picaros profesores de literatura que, para hacer más amenas sus conferencias, sumían la irreverencia de Sartre al señalar cómo los amoríos heterosexuales concebidos por Proust fallaban porque el famoso novelista militaba de lleno en las filas de la inversión erótica; la confusión de los sentimientos no era otra cosa que una doble proyección de las vivencias de Stefan Zweig: de joven el escritor austríaco debió tener una experiencia semejante a la del estudiante de su relato y luego otra como la del maduro profesor; la apasionada descripción de los encantos viriles del grumete de Moby Dick sólo cabía acuñarla a un hombre enamorado de otro hombre." (1)

Y a partir de estas preocupaciones, nos introduce en cinco breves ensayos donde el tema de la homosexualidad en la literatura cubana de fin del siglo XX, básicamente la escrita por eso que la crítica ha llamado Narrativa Cubana del 90, no se propone como un motor para el posicionamiento de esta temática dentro de las demás, sino como una fenoménica que emparenta el desarrollo de liberalidad sexual adquirida por la sociedad moderna con esa liberalidad en el arte, como liberación de los tabúes. Es, en definitiva, la propuesta de que, una vez develados los traumas, los tabúes, el ser humano puede ser más libre, y que eso también puede encontrarse en las letras modernas.

Este libro es como un árbol genealógico de esta zona temática: desde los primeros hasta los últimos, valorando cada aporte y lo que han significado para la libertad en el arte la caída de ciertas máscaras, la destrucción de ciertos muros moralistas, la mentira de una doble moral que condenaba el derecho a ser plenos, sin caer en una tendencia preocupante que sucede en los últimos años: en algunos países donde la intelectualidad homosexual ha logrado imponerse sobre la base de la calidad, y Cuba no es un escenario ajeno a este fenómeno, ha comenzado una discriminación contraria: no se considera buena literatura aquello que no esté escrito por, o dentro del tema gay, o en los cánones impuestos por la élite mandante en el panorama gay.

Autores clásicos como Hernández Catá, Montenegro, Lezama, Piñera, junto a otros más recientes en nuestras letras como Pedro de Jesús, Jorge Ángel Pérez, Jesús David Curbelo, Miguel Ángel Fraga o Ena Lucía Portela, sirven de material de muestra al ensayista para esbozar su tesis: existe un quehacer propiamente homosexual en la literatura cubana; y ese quehacer homosexual no se debe a la casualidad. Es el resultado de un desarrollo de profundas transformaciones sociales en la mentalidad del cubano que no solamente se traslada y evidencia creativamente en las letras, sino en el cine, en el teatro, en la pintura. Deja claro el ensayista que lo que hoy sucede no se debe a un salto, sino a un proceso evolutivo que, mezclando nuestras raíces pacatas con los influjos del pensamiento social moderno, logra un perfecto ambiente para el desarrollo de las libertades de creación en éste y otros temas.

Al cierre, Pedro Pérez anuncia:

"Como ya se habrá podido apreciar, no ha sido el análisis en tér­minos de evaluación ideoestética el centro de este panorama, sino el toque anunciador de una estampida en la literatura finisecular cubana que cierra filas en la proclamación de renovar y conseguir una madurez hacia un discurso postmoderno, o si se prefiere, sim­plemente en la continuidad creativa de nuestras letras. El temor a la inmediatez en el acto crítico y el estar muy al tanto de lo inédito me hacen reservar otras indagaciones para otro momento, pues ya se encuentra en camino editorial un corpus ficcional inmerso en el tema que promete incluso tomar libros enteros -de cuentos, poe­mas, novelas- y además esperan ver la luz ensayos que de segu­ro ampliarán las perspectivas de abordaje y jerarquización de la sustancia misma a analizar. Quede pues este acercamiento como declaratoria urgente de empeño fundacional, balbuceos que anun­cian la voz venidera y sus ecos." (2)

Notas:

1- Pedro Pérez Rivero. Del portal hacia dentro, p. 9. Editorial El Mar y la Montaña, Guantánamo, 2002

2- Op.cit., p. 42