"Ningún movimiento revolucionario está completo sin su expresión poética. Si dicho movimiento ha atrapado la imaginación de las masas, buscarán un respiro en canciones que expresen los deseos, los miedos y esperanzas, el amor y el odio engendrados por la lucha. Hasta que el movimiento no se distinga por los alegres y desafiantes cantos de la revolución, carecerá de uno de los rasgos más distintivos del movimiento popular, será un dogma de pocos y no la fe de la multitud."
(-James Connolly, Introducción a "Cantos de Libertad," 1907)
Hace un par de semanas fui a una reunión de la coalición donde expresé la idea que, además de nuestros actos de protestas previstos contra funcionarios del gobierno, deberíamos organizar algo como una celebración o un festival de resistencia. Creía, al igual que el grupo al que estaba representando, que sería una acción complementaria a la protesta contra el gobierno; sería una manera de expresar una visión afirmativa y positiva. Me sorprendió la reacción de algunos de los presentes en la reunión. ¿Qué es lo que hay que celebrar?, dijeron muchos de ellos. Otros, hablaban como si tal posición fuese insensible y racista, faltándole de esta forma el respeto a todo aquel en el mundo y en este país que lucha por sobrevivir. Para otros fue como si el uso de la música, la poesía, la expresión oral, el teatro, el arte u otras formas de expresión política creativa de alguna manera no fuese realmente político o serio. Después de lo sucedido, pensé mucho al respecto, tratando de entender por qué algunos de mis hermanas y hermanos activistas progresistas veían las cosas de ese modo. Y mientras más pensaba sobre ello más convencido estaba que esa actitud cultural está arraigada en opiniones cortas de miras y en el fondo auto destructivas sobre las perspectivas y posibilidades de un cambio social. Este enfoque enfatiza "pelear contra el poder" excluyendo casi todo lo demás. Gravemente, se pierde la importancia de lo que son las relaciones personales positivas y una cultura de apoyo mutuo para mantenernos lo más saludables y equilibrados posible durante el largo camino de nuestra lucha por la justicia. No consigue darse cuenta que, de hecho, son las formas de expresión cultural las que han sido absolutamente esenciales para que los oprimidos pudieran sobrevivir, pudieran mantener vivas las esperanzas, pudieran disfrutar y apreciar la compañía de otros durante los periodos de tiempo en las que las probabilidades de cambio parecían tan lejanas. Y se pierde completamente la importancia, como entendía el revolucionario irlandés James Connolly, de las formas de expresión cultural, si lo que queremos no es un "dogma de pocos, sino la fe (y acción directa) de la multitud." Fue el movimiento por los derechos civiles de los años 50 el que terminó con el Macarthismo e inició en este país un período continuo de agitación política masiva que continuó por casi dos décadas. ¿De dónde surgió ese movimiento? De la iglesia de la gente de color, una institución donde la música gospel y los cantos son absolutamente integrales y esenciales. El sello distintivo de ese movimiento fue que era un movimiento cantado. ¿Hubiese existido un Movimiento de Indios Americanos que se levantase contra a las miserables condiciones de pobreza en la ciudad y en la reserva indígena a comienzos de los anos 70 si no hubiese existido una tradición cultural de música, baile y otras formas; tradiciones que muchas veces nacieron de la opresión durante tantas décadas de dominación Europea- Americana? ¿Y acaso fue sólo coincidencia que del masivo movimiento femenino de finales de los 60 y 70 emergieran una gran variedad de mujeres músicos y poetisas que expresaron la rabia y la esperanza de ese movimiento y ayudaron a agrandarlo y hacerlo más efectivo? El movimiento progresista después de la guerra de Irak está tratando de resolver cómo podemos crecer a partir del fuerte sentimiento de paz que se auto manifestó tan masivamente antes de la guerra. Un objetivo clave de las fuerzas pacíficas es desarrollar lazos positivos con los movimientos de justicia social, económica y racial aquí en los EEUU. Tales contactos sólo se fortalecerán en la medida que, en nuestras actividades y eventos, las formas de expresión cultural nos inspiren a todos nosotros y entre en nuestro entendimiento que en la unión está la fuerza.