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"Un libro premiado en el concurso JULIÁN DEL CASAL"
Enrique Saínz , 22 de agosto de 2003

El libro Cabezas, de Pedro Luis Marqués de Armas, ganador del más reciente Premio de Poesía del Concurso de la Unión de Escritores y Artistas de Cuba, es un magnífico ejemplo de la extraordinaria calidad de la poesía cubana actual. Escritura otra, de ruptura con el discurso lírico tradicional y en busca de lecturas diferentes del paisaje, de la Historia, de los dramas y angustias de la cotidianidad. La intensidad de este libro no deja resquicios a las efusiones del alma a la manera romántica, de un romanticismo a veces declarado y otras velado, siempre actuante en tantos poemarios nuestros desde Heredia hasta los miembros de la generación de 1940-1955. El grupo de escritores al que por su edad pertenece Marqués de Armas (integrado, entre otros, por Rolando Sánchez Mejías, Carlos Alberto Aguilera, Ricardo Alberto Pérez, Rito Ramón Aroche, Gerardo Fernández Fe, Caridad Atencio, Víctor Fowler) nos entrega otra posibilidad de mirar la realidad, nos ilumina sitios y objetos que de pronto adquieren una dimensión ontológica desconocida para nosotros. Ciertamente, al leer estas páginas que ahora comento tengo la extraña sensación de estar atravesando un espacio ilimitado, de una singular blancura, en el que hay objetos esparcidos de manera irregular y en el que me siento asaltado por esas presencias y la dilatada extensión. Pero hay también en estos poemas un mundo de realidades inmediatas por el sitio que ocupan, delante del que observa y sobre la tierra, junto a sus pies, objetos igualmente extraños especialmente en su funcionalidad, en eso que podríamos llamar su sentido en el texto. Ese sentido es ellos mismos, el texto se consume a sí mismo y es su propia razón de ser. Ese destino textual no está en el tradicional mensaje, sino en la pura y simple escritura, en el acto de escribir. Sentimos cierto horror de aquello que nos rodea y que en alguna medida condiciona la existencia. Así, esos coolíes del poema "Pequeña China", en la estrofa que dice:

al paso de las Ursulinas
una exacta picota de coolíes
la farmacia o quincalla
de los plúmbeos soldaditos
de una legión de maos

O el poema en el que se busca en el Diario de Martí, con un paisaje rodeado de árboles y ramas secas en el suelo, desolado, con una indescifrable angustia como de quien busca y no encuentra. Al final leemos: En efecto, su cansancio había descendido, un pájaro te apretaba la cabeza. En otro texto extraordinario -y creo que todos lo son en este libro-, el titulado "Claro de bosque (semiescrito)", de vigorosa creatividad en lo que nos revela de la poética del autor y, en general, del grupo al que pertenece, el momento de este poemario en el que vemos sus afinidades profundas con Cálculo de lindes. 1986-1996 (México, Editorial Aldus, 2000), de Rolando Sánchez Mejías, en ese largo discurso hallamos fragmentos inconexos que sin embargo poseen una inquietante cohesión interior, son en sí mismos la ruptura y a la vez la integración de una ontología que quiere emerger de esa desestructuración del ser tradicional, del paisaje siempre visto desde una posición fija y con ciertos presupuestos. Este es un discurso del desorden, de cierta forma del caos: locura, muerte, descendimiento, alternancia del cálculo y las pulsiones tanáticas, claridad y horror, escritura y claro del bosque. Veamos el comienzo, donde ya observamos la batalla de los cuestionamientos:

las puertas se abren hacia
dentro y
con horror infinito
hacia fuera los pensamientos
pienso
en una escritura intensidad
pero no es escritura la palabra exacta
(exacto es claro de bosque)
ni siquiera la que más se aproxima
ya que
ninguna palabra es tan intensa para ser escrita

Estos poemas son ajenos por completo al lirismo que brota de los estados de ánimo; se adentran en busca de un diálogo desde la escritura, un diálogo para percibir movimientos que no comprendemos por los modos tradicionales de la poesía y para observar el acontecer desde sus más profundas interrelaciones. Muchas de estas imágenes parecen soñadas. Ya el prologuista, Sánchez Mejías, observó lo siguiente a propósito de la desviación de esta poética de los caminos del lirismo discursivo: "Si escribes como rayas, si raspas hojas en blanco, pasan estas cosas. Que nos son del alma. Que no brotan del corazón así como así". Y a continuación añade esta reflexión, que confirma lo que apuntamos acerca de la condición onírica de muchas de estas escenas: "¿Y de dónde brotan las cosas que no son del alma, que no brotan del corazón así como así? Como diría Blanchot, se piensa como se sueña, y es frecuente soñar en una lengua extraña." El ejercicio de la cultura se asume en este cuaderno como un perpetuo descubrimiento de las resistencias y las transformaciones, desoladora experiencia de todos los hombres en sus búsquedas y su andar por un espacio de ruinas, destrucciones, vacíos, objetos inanimados o en movimiento fabuloso. En las imágenes contempladas vemos rayaduras (el arañazo en la piedra de que hablaba Lezama, pero con otro sentido, aunque también con el mismo), como en el papel observamos la escritura, papel rayado para encontrar los signos de una verdad que el poeta no ha pretendido como tal, sino como un simple suceder, deseado o no. La mirada alcanza por momentos algunas precisiones, como de quien observa detenidamente los objetos; en otras ocasiones la mirada se abre y no ve porque no hay nada visible, nada que colme el no-ser que el escritor tiene delante. Se tiene la impresión, leyendo Cabezas, de que el poeta quiere entregarnos sólo fragmentos, hendiduras, segmentos que han sido seccionados de un cuerpo. No hay historias personales -todas terminarían, de haberlas, en una representación histriónica, de fuerte sabor romántico, actitud por completo ajena a Marqués de Armas-, pero sí una historia de lo que se fue y de lo que es, que no es otra que la antihistoria, ese vacío sustancial que nutre estas páginas. El suicida B., el que se quiso ir por la calle de una sola dirección en la que todos los números están borrados, y los blancos pedúnculos mentales se desvanecen en una materia de sueño, posee como única historia personal el suicidio, su historia es la que nos relata el poeta, sin más acontecer que ese andar por un callejón sin salida. El texto final nos habla de un paisaje definitivamente muerto en el que no hay memoria porque no hay tiempo. Así, oigamos qué dicen estos versos:

y, alrededor
como dormida
la misma gente
(gente de 1844)
abriendo la tierra
con mandíbulas
reciamente
con el ángulo facial de Camper

Y estos últimos: y pensaste
un hueco
un hueco
un hueco
cuán profundo
aunque disimulado
La realidad como escritura, pero también como escenario, como lugar y caos, segmentación, hueco. Estos poemas de Marqués de Armas, elaborados con otras escrituras imprescindibles que son también el paisaje y el drama de todos, traen sin duda una fuerza dinamizante a la poesía cubana, enriquecida ahora con la plenitud de estas palabras. Leer este libro fue una experiencia importante para la conformación de mis diálogos conmigo mismo.