La nanotecnología: la brecha que se avecina
Al parecer hay una sexta revolución tecnológica en marcha. Pero como siempre pasa, las revoluciones tecnológicas no ocurren de la nada, no aparecen caídas del cielo. Hay muchos intereses detrás de ella, muchos millones para garantizar que esa revolución ocurra y reorganice al mundo. Para que cambie los valores, la cultura. Para que lo que era fantasía, se transforme en una realidad palpable y cotidiana.
Ya ha ocurrido antes. No resulta ocioso recordar lo que fueron las cinco revoluciones ocurridas hasta el momento:
La primera revolución tecnológica, la inglesa, fechada habitualmente en las últimas décadas del siglo XVIII, conllevó la mecanización de la industria del algodón, la aparición del hierro forjado y de la maquinaria, la energía hidráulica. Y trajo también la extinción de los tejedores e hilanderos manuales. Rousseau y los enciclopedistas esparcen la buena nueva de que todo es y debe ser transparente ante la luz de la razón.
La segunda revolución tecnológica fue la era del vapor y la de los ferrocarriles, a partir de 1829. Se comenzó a viajar mejor y más rápido. Aparecieron los servicios postales y el telégrafo. Por primera vez el mundo comenzó a achicarse, y ya no pararía hasta convertirse en la aldea global de MacLuhan. El daguerrotipo, antecesor de la fotografía, le planta cara a los pintores de salón.
La tercera revolución, a partir del último tercio del siglo XIX, sería la era del acero, la de la ingeniería pesada y la electricidad. El teléfono haría su entrada. El telégrafo alcanzaría todos los rincones del globo. Los canales de Suez y de Panamá serían vistos como necesidades económicas, políticas, estratégicas y al mismo tiempo darían la pauta de la época: grandes y orgullosos proyectos ingenieriles que cambian la geografía de una región. La ciencia y la técnica eran capaces de transformar al mundo.
La siguiente revolución tecnológica, y ya estamos a inicios del siglo XX, entraría de la mano de una nueva fuente energética. La cuarta revolución sería la del petróleo y el motor de combustión interna. La electricidad se convierte en un servicio básico universal y los aparatos electrodomésticos, salidos a borbotones de las manufacturas norteamericanas, inundarían primero los mercados locales para luego mirar ambiciosamente más allá de las fronteras. Para los países tropicales una buena noticia: aparecen los alimentos refrigerados y congelados. Para la población mundial una mala noticia: la guerra se mecaniza. Aparecen los tanques y los aviones de guerra.
La quinta revolución tecnológica, la de los ordenadores y la globalización informatizada, comenzaría en 1970 y la denominarían la Era de la Información. Las telecomunicaciones digitales se extienden por todo el globo. La microelectrónica barata se extiende por todo el globo. Estados Unidos se extiende también por todo el globo. Aparecen ideas tales como “gestión de conocimiento”, “capital humano” y “recursos renovables”. Las áreas punteras de investigación: biotecnología, fuentes renovables de energía, nuevos materiales, electrónica e informática. Aparece una nueva manera de discriminar a los pobres: La brecha digital.
¿Y qué es lo que se avecina?
Seamos detectives policiales y preguntemos ¿hacia dónde va el dinero?
Prácticamente todas las 500 compañías más exitosas mencionadas por la revista Fortune tienen inversiones en investigación y desarrollo de nanotecnologías, acompañan así a cientos de pequeñas compañías que se inician en el ramo, según se menciona en un informe del grupo ETC. Lo llamativo es que el componente gubernamental en las inversiones es importante por su volumen. El gobierno de los Estados Unidos gasta alrededor de unos mil millones de dólares por año en nanotecnologías, lo que resulta la inversión más grande en investigación desde el programa Apolo.
Esa es una clave. Y si investigamos un poco más entenderemos mejor la razón de tantos millones.
Según el investigador Gian Carlos Delgado la nanotecnología se enfoca en el diseño de materiales a partir de la interrelación de sus componentes a nivel atómico. Básicamente se trata de manipular la materia átomo a átomo. Y el detalle está en que a este nivel de lo pequeño, la materia cambia radicalmente sus propiedades. Al reducir el tamaño las sustancias presentan nuevas cualidades: conductividad eléctrica, mayor resistencia, ligereza, propiedades ausentes a niveles macroscópicos en las mismas sustancias.
El carbono en la nano escala puede ser más fuerte que el acero y seis veces más ligero y el aluminio en la nano escala se inflama espontáneamente, por lo que se ha sugerido su posible uso como combustible para cohetes. Comercialmente significa la posibilidad para ciertas empresas (las que tienen las capacidades de desarrollo e investigación) de colocar en el mercado nano partículas o productos fabricados con nano tecnologías, como computadoras más rápidas, medicamentos dirigidos a células específicas, sensores, y en general nuevos materiales más fuertes, duraderos, más inteligentes. Como señala un informe del Grupo ETC, las nanotecnologías están destinadas a convertirse en la plataforma estratégica para el control global de la producción industrial, la alimentación y la salud en los próximos años.
Por eso muchas empresas y naciones se están esforzando por no quedar atrás en la carrera por conquistar el nano mundo. Muchos, pero no todos. Solo aquellos que tienen el capital y las infraestructuras de ciencia y tecnología suficientes. El resto tiene que conformarse con mirar desde las gradas y rezar porque no se descubra un material diseñado con nano tecnología y producido a bajo costo que pueda sustituir sus exportaciones.
Un ejemplo pudiera ser el algodón. Como explica el grupo ETC, uno de los productos de la nanotecnología a punto de salir al mercado es una fibra sintética que tiene la misma textura que el algodón, pero es mucho más resistente. Veintidós países africanos cuentan entre sus rublos exportables el algodón. Y todos ellos tienen dificultades crónicas a la hora de destinar gastos en investigación y desarrollo, porque básicamente no pueden darse el lujo. Las deudas contraídas con numerosos organismos internacionales no se los permiten.
La nanotecnología parece ser el futuro que poco a poco se va haciendo presente. También con sus nano horrores. El ejército norteamericano, como no podía ser de otra manera, está invirtiendo grandes sumas en averiguar y llevar a la práctica el filón militar de las nano materias, desde el ensamblaje tridimensional, átomo a átomo, de estructuras para desarrollar nuevas versiones de las armas convencionales, sensores inteligentes, ropa para el camuflaje, hasta llegar a los nano ciborgs o bionanorobots, renovadas versiones sofisticadas de las armas biológicas, diseñadas con el fin de infiltrarse en territorio enemigo y en los cuerpos de sus soldados, dirigentes o población en general.
Podemos pensar que se trata de historias de ciencia ficción. Pero hay muchas personas en los países industrializados, que están trabajando para que usted y yo lo tomemos muy en serio, bajo el cielo que compartimos todos en este planeta.
Nota final:
El Grupo ETC tiene información actualizada y asequible acerca de las nanotecnologías. Casi todo este artículo se apoya en material publicado por el Grupo ETC. Recomiendo vivamente que visite el sitio www.etcgroup.org para que obtenga más información no solo sobre nanotecnologías, sino sobre el impacto que tienen diversas tecnologías en nuestras sociedades y en la naturaleza.
Bibliografía citada:
Manual de bolsillo en tecnologías nanoescalares y la “teoría del little bang”. ETC Group. 2005. Disponible en www.etcgroup.org.
La amenaza biológica Gian Carlos Delgado. Ed. Plaza y Janes, México, 2002