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Arnoldo enamorado: una lectura para todos

Modesto Milanés , 01 de junio de 2010

Ganadora del premio La Edad de Oro 2008 en el género de novela y editada el pasado año por la editorial Gente Nueva, Arnoldo enamorado es una obra del poeta y narrador Arnaldo Muñoz Viquillón, autor que, tras varios libros publicados y numerosos premios literarios en su haber, ahora hace su “entrada grande” en el mundo de la literatura juvenil.

Estructurada en nueve capítulos y contado con verdadera gracia y talento narrativo, Arnoldo enamorado tiene (por su temática y perspectiva) cercanos referentes en el Tom Sawyer de Mark Twain y en la excelente y cubanísima novela María Virginia está de vacaciones (1994), de Sindo Pacheco.

La novela, que tiene como soportes argumentales los dos grandes temas de toda adolescencia: el amor y la amistad, narra los enamoramientos de su protagonista (Arnoldo) por dos muchachas (Yaima y Nereida) de su círculo más cercano. Como telón de fondo actúan la rivalidad entre los padres de Yaima y Arnoldo, y la amistad entre Arnoldo y Rodobaldo el Lento, Reinier el Rancio y Aramís el Foca. Y como interesantes subtramas: el contrapunto de las historias familiares (de amor) de los padres de Yaima y Arnoldo y el amor de Rodobaldo por Leticia.

Muchas virtudes podrían enumerarse de esta hermosa y entretenida novela, pero quizás lo que le dé su toque distintivo, su marca más personal, es la abundancia de referencias culturales (desde el Renacimiento italiano hasta la trova tradicional cubana) que se incorporan sin estorbar al hilo de la narración ni afectar el nivel del lenguaje, el cual se mantiene en una norma culta, sin ser amanerado, al mismo tiempo que fresco y espontáneo, sin incurrir en fáciles vulgarismos.

De ahí que el rasgo más singular de este libro —más allá de la agudeza en el diseño de los personajes y de la gracia irresistible con que se nos cuenta la historia— sea su trabajo con el lenguaje, el perfecto empaste logrado entre las normas cultas del lenguaje literario y las normas populares del español hablado en Cuba. El poder hablar con una lengua que recicla en su interior las trazas y los matices de la alta cultura y el uso —hasta el peligro de saturación— de normas populares tan estilizadas que se hallan a cada momento ante el problema, siempre bien resuelto, de que el lenguaje se torne inverosímil. Al mismo tiempo, ese mundo narrado, el de unos adolescentes —con su lenguaje propio, sus preocupaciones y su modo de ver la vida—, no resulta traicionado. Esa es, sin ningún género de dudas, la gran proeza, la magia de este libro.

Una de las formas más visibles y encantadoras de esa magia es la recurrencia a los grandes amores de la historia literaria y su contrapunto con la historia central del libro. Así, las historias de Romeo y Julieta, Don Quijote y Dulcinea, Sigfredo y Crimilda, o Tristán e Isolda afloran constantemente, y su referencia siempre supone una solución hábil y feliz para algún pasaje o problema específico del argumento. Lo mismo cabe mencionar para los tópicos derivados de esos amores famosos (el amor contrariado, el amor idealizado, el amor imposible, el amor trágico), y para otros relacionados con el amor cortés, especialmente el de la serenata en la trova tradicional cubana, que es un motivo de la mayor importancia en el desarrollo y el final de Arnoldo enamorado.

Pero quizás, y finalmente, la recurrencia de tantos amores y tópicos famosos dentro de la novela indique algo más importante que el apoyo intertextual que ello ofrece al argumento, algo que apunta a un hecho claro y tangible en el final de la historia: la invariable naturaleza del amor en cualquier tiempo y lugar, y el inevitable filtro cultural que supone la comprensión de este.

Llevados por el lugar común y por cierto automatismo que indica cuáles son las “lecturas de adultos” y cuáles las “lecturas de jóvenes”, muchas veces dejamos pasar un libro que no sólo podría entretenernos sino que, además, podría mejorarnos, cambiar el rumbo de nuestra vida. Para el lector joven, para el lector de cualquier edad, Arnoldo enamorado podría ser uno de esos libros. Así que, amable lector, seas quien seas, puedes leerlo y recomendarlo sin vacilar: la ganancia es absoluta.

Enrique Pérez Díaz, 2019-12-03
Enrique Pérez Díaz, 2019-11-18
Alina Iglesias Regueyra, 2019-11-04