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En compañía de... Elías Henoc Permut

Tropos, 01 de junio de 2010

La poesía de Elías Henoc Pernut ha atravesado diversas fases, a pesar de la juventud de su autor. Espíritu inquieto, dotado de una memoria prodigiosa, visitador asiduo de la tradición lírica cubana de ayer y de hoy, muy difícilmente se podrá encontrar otro creador cubano de su edad que conozca la obra de tal número de poetas contemporáneos y declame a viva voz largas tiradas de sus versos. Reconocido artista plástico, que trabaja con delectación las criptografías y los emblemas esotéricos, de los que extrae mucha sabiduría visual, sus versos también gozan de una elevada capacidad para la transmisión de lo inefable y lo que sólo puede ser conocido a través del ejercicio simpático de la intuición. Los versos que aquí se presentan pertenecen a esta fase germinal de su creación, de ricas atmósferas emblemáticas. El poeta también ha incursionado en la poesía más abierta y directa del coloquialismo, en cuyas exploraciones ha sumado al tono de la conversación saltos surrealistas o desenfados comunicativos diversos. Posee un sentido crítico muy fino, educado en la aceptación de las más diferentes maneras de encarar la poesía, que le permite encontrar las esencias discursivas más allá de los fundamentalismos estéticos al uso, aunque no cultiva con sistematicidad la escritura valorativa. Como podrá ver el lector en los textos presentes, el poeta sabe manejar sus lecturas como vivencias, lo que ofrece a lo adquirido por la cultura un estremecimiento genuino del alma que busca y lucha por comprender el enigma de la existencia humana.

ROBERTO MANZANO

ELÍAS HENOC PERNUT (Ciego de Ávila, 1976). Poeta y artista plástico. Premio Nacional Raúl Doblado 2003. Antologado en Arribos de la luz, Editorial Ávila, 2000.

LA LUZ

A mi espíritu

Luz, eternamente un árbol sin hojas,
así eres cuando me miras desde todas mis orillas.
Me duele existir lo que no puede ser tu océano,
pero eres la Luz hundida en el vacío
y nadie podrá sacar tus ojos de la nada
porque las aguas impiden el regreso a mi bosque.
Morirás como un busto de lágrimas
donde los pájaros no llegarán por vivir sin tu voz   
como niños volviéndose rocas en la tarde.
¡Oh Dios!, qué dolor me lleva hacia todas partes
en un silencio donde soy el mar…
Nunca amé la Luz, pero vi en ella la inmensidad
de creer en algo apagado en sí mismo.
¡Dios!, ella se encumbra sin límites,
sus manos son lápidas del recuerdo.
Nadie la entiende, hasta yo soy ajeno a su voz.
Quizás será por su alma de otro abismo,
pues la antigüedad llora en su pecho
y su estepa se pierde por el cielo.

¡Dios!, sólo esto me hace ser nadie;
nunca podré ser eterno en su aurora:
cuando ella nazca, yo dejaré de existir.


EPITAFIO DE LA LUZ

1
Yo soy el aliento de todos los que buscan...

2
Sólo quien existe puede llamarse voz,
por eso los pasos huyen de mis ojos
cuando la hora del hombre me ilumina.

3
Todos nacemos en algo que nos hace resplandecer
silenciosos de obediencia donde nunca será oscuro.
Pero yo permanezco a pesar de latir en nadie:
soy el agua que surca por los ojos de la noche.
            
4
Calla de estar infinito en el Dios de la voz luminosa y profunda.
Sueña que bajo sus alas rebuscan las manos eternas del cielo
para enseñarte la luz solitaria, perdida en mi ser milenario,
donde verás la verdad del amor que levita en lo oscuro de Dios.


EL REY DEL AMOR INMORTAL

Al Dios de la vida, porque
debe dolerle mucho el corazón...

 Shar kibratím arbaím*

en la áurea majestad es sacrificio

por todos los que lo olvidarán.

Shar kibratím arbaím

rompe los muros del poniente

y nos muestra recuerdos de mundos nunca vistos.

El espíritu primigenio

Shar kibratím arbaím

no aspira ser una estatua en llamas

allí donde la maldad no podrá llegar con su río oscuro.

Él no se anochece,

ni sueña recorrer cien mil alturas;

Shar kibratím arbaím

sólo ama sufrir con los que murieron hace siglos.

Ajeno a la llanura del desastre

el espíritu está sentado en la inocencia.

 

* En idioma sumerio significa: el Rey de las cuatro regiones del mundo.
 

LAS CUATRO CARAS DEL ÁNGEL

A José Kozer

I

Me llamarán el profundo
aunque no escape al misterio,
y en mi raro monasterio
seré la faz de otro mundo.
Nunca en la nada circundo
la eternidad del reposo,
porque un sufrir de coloso
logra encadenar el mito
donde soy vuelo infinito
en el río luminoso*.

II

Nunca es mística la altura
donde ilumino callado,
pues sobre el silencio alado
se me pierde la locura.
Es el cielo mi llanura
interior, su negro loto,
voz solar de lo remoto,
por ser enigma cual río.
¡Qué hado tan celeste el mío
de morir sobre lo ignoto!

III

Con mi extraña poesía
yo respiro otro universo.
Soy la bondad, el reverso
de apagar mi lejanía.
Por una inerte manía
indecible de las proles,
cuando perdono las moles
sin altura ni reflejo,
soy el arcano más viejo
del abismo de los soles.

IV

Soy el errante destino
de la voz del paradigma.
En mi partir el enigma,
oigo luces, me encamino
desde un antiguo que vino
a ser el alma del viento.
Soy la verdad. Cuando siento
otros dioses y otras eras,
más allá de las esferas
yo ilumino el firmamento.

 

* Antiguo modus dicendi de la poesía mística.