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El desarrollo local y su articulación con lo comunitario

Careni Lorenzo, 01 de junio de 2010

El desarrollo local es un ámbito de actuación que ha sido trabajado por décadas en Europa y América Latina. Surgió como ante la imposibilidad de los gobiernos nacionales de darle respuesta a las necesidades de las localidades.

Varios autores que han trabajado el tema de "lo local", incluso con opiniones y conceptualizaciones contrapuestas sobre localidad, territorio y región; y acerca de los límites de cada espacio. A partir del debate que se ha suscitado podemos decir que, lo local se refiere a un concepto sustantivo (contenido más que mero contenedor) que alude a una cierta modalidad de desarrollo que puede tomar forma en territorios de variados tamaños, pero no en todos, dada la intrínseca complejidad del proceso de desarrollo. Es evidentemente una sobresimplificación asimilar el concepto de desarrollo local a la idea de comuna, a lo municipal. En realidad, "lo local” sólo hace sentido cuando se le mira, por así decirlo, “desde afuera y desde arriba” y así las regiones constituyen espacios locales miradas desde el país, así como la provincia es local desde la región y la comuna lo es desde la provincia.

Uno de los máximos exponentes del pensamiento regionalista europeo, Vázquez-Barquero, define el desarrollo local[1] (1988):

 “Un proceso de crecimiento económico y de cambio estructural que conduce a una mejora en el nivel de vida de la población local, en el que se pueden identificar tres dimensiones: una económica, en la que los empresarios locales usan su capacidad para organizar los factores productivos locales con niveles de productividad suficientes para ser competitivos en los mercados; otra, sociocultural, en que los valores y las instituciones sirven de base al proceso de desarrollo; y, finalmente, una dimensión político-administrativa en que las políticas territoriales permiten crear un  entorno económico local favorable, protegerlo de interferencias externas e impulsar el desarrollo local.

En el caso de Cuba el período especial hizo visible al escenario territorial como ámbito de heterogeneidad social, de expresión de desventajas y desigualdades y de toma de decisiones estratégicas. La reforma económica cubana de los 90, al responder a los intereses del Proyecto Social de la Revolución, conservó el hegemonismo de la propiedad estatal y los servicios públicos, introdujo cuotas de descentralización a favor de decidores empresariales y gobiernos locales, ampliandose los márgenes de actuación distributiva del mercado y de agentes económicos no estatales. Sin embargo, aunque se centra en la equidad, los impactos sociales de reforma tienen un marcado carácter de selectividad y diferenciación social.

Como bien dice Ramón Pino Rivero[2], la visión sociológica acerca del desarrollo local como gestión social integrada, contiene, entre otros factores importantes, la multiplicidad de actores sociales, una gestión como proceso de aprendizaje y construcción conjunta, a partir de las comunidades de aprendizaje, y el fortalecimiento de la capacidad de los actores para realizar una gestión estratégica.

Del mismo modo, entre los obstáculos se plantean: la preeminencia jerárquica de las definiciones estratégicas políticas, el verticalismo y ectorialismo en las relaciones institucionales, insuficiente preparación de los actores para acciones auto transformativas, directrices centralizadas para ejecutar los gastos en el presupuesto municipal y limitado espacio concedido a proyectos de economía local y a agentes económicos no estatales.

Algunas de las ventajas para estimular el desarrollo local en Cuba son: sistema político maduro y con potencialidad para la democracia socialista, revalorización de la acción participativa en el entorno local, perfeccionamiento de la actividad de las ciencias sociales y humanísticas, sustento académico y científico a partir de la universalización de la Educación Superior

A partir de aquí, se plantea lo comunitario como cualidad del desarrollo, parte del proceso de construcción socialista, donde la participación y cooperación de los sujetos posibilitan la elección consciente de proyectos grupales de transformación, dirigidos a la solución gradual y progresiva de las contradicciones potenciadoras de su autodesarrollo.

Entonces "lo local" y "lo comunitario" no tiene porque ser excluyentes, uno puede nutrirse del otro y coexistir como metodologías válidas para el desarrollo de una comunidad; teniendo en cuenta no solamente el espacio sino las necesidades de esas personas que viven en ese espacio físico, por eso consideramos que a partir, de algunas de las ventajas para el desarrollo local en Cuba, planteadas anteriormente, se puede articular lo local con lo comunitario y obtener muy buenos resultados a partir del trabajo con el Banco de problemas municipal y con las necesidades sentidas de la población.

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[1]Vázquez-Barquero A., Desarrollo local. Una estrategia de creación de empleo, Editorial Pirámide, Madrid, España, 1988, pp129.

[2] Dr. Ramón Rivero Pino, Centro de Estudios Comunitarios, UCLV, Lo local y lo comunitario no tienen porqué ser excluyentes,  Doctorado en desarrollo comunitario.