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El libro de los experimentos

Rogelio Manuel Díaz Moreno, 16 de junio de 2010

 

Dentro de la comunidad científica cubana, a lo largo de sus épocas de mayor o menor esplendor, por lo general siempre han existido personas con la vocación y el compromiso de hacer extensivo el conocimiento y la motivación por el estudio de los fenómenos de la naturaleza. Esta voluntad se ha volcado en la docencia, el trabajo con los jóvenes y la literatura, aunque en este último campo siempre ha sido deseable un mayor nivel de actividad.
 
Atendiendo al empeño divulgativo, el licenciado en química Francisco Pérez Sanfiel (Prácticas de química inorgánica, 1976; La química, un universo a tu alcance, 1980) convocó a dos especialistas amigos con los que cubrir además los campos de la física y la biología, los licenciados Michel Hernández Mazón y Ernesto Benítez Hechabarría. Los tres se inspiraron en ejemplos de la literatura soviética que se hicieron célebres entre las generaciones de aquellos tiempos –díganse sobre todos los trabajos de Y. Perelman– y en aquella filosofía que asienta que el mejor conocimiento, el que mejor se aprehende y del que más se disfruta, es aquel que se descubre por la actividad del mismo sujeto. A seis manos reunieron entonces un compendio de prácticas y experimentos científicos sencillos de sus respectivos campos, que relacionaron en el seno del texto Ciencia por doquier, el cual saliera a continuación de las prensas de la Editorial Gente Nueva como parte de su Colección Juvenil.
 
La realidad contenida en el título, Ciencia por doquier, es mucho más que una afirmación manida. Con las explicaciones iniciales de su texto, así como en la sucesión de epígrafes que le siguen, Pérez, Hernández y Benítez les ilustran a los jóvenes lectores que los principios y resultados de la actividad científica rodean cada aspecto de la vida de la humanidad de estos tiempos. Podría empezarse por la cocina, pasar frente al televisor, recapacitar ante las herramientas de carpintería o mecánica presentes en el hogar y, si se es dichoso, disfrutar la delicia de un aire acondicionado en este clima caluroso: cada una de estas etapas tiene la potencialidad de revelar fenómenos y principios contenidos sutilmente en las mismas, provenientes de los campos de la termodinámica, la química, etc., desarrollados gracias al ingenio y la curiosidad humanas. Muchos de estos principios fueron descubiertos por la humanidad como resultado de la observación, el tanteo y la reflexión alrededor de vivencias sencillas y no muy distintas de las recreadas en los experimentos del presente volumen.
 
Veinticuatro experimentos de física, cincuenta y tres ensayos químicos y trece observaciones de fenómenos biológicos, integraron la relación en Ciencia por doquier. Cada escena viene antecedida de una introducción, que aporta el entorno teórico del fenómeno que se estudia, para facilitar la comprensión del fenómeno, pero sin extenderse en agotadoras explicaciones, sino más bien como antesala al reto de sumergirse a fondo en el asunto.
 
La realización práctica de los experimentos, tal como destacan los autores, no requiere de complicadas condiciones materiales, pues han sido seleccionados y adaptados de manera tal que con creatividad, voluntad e ingenio se pueden disponer la mayoría de los instrumentos, materiales y condiciones necesarias; sobre estos preparativos se ofrecen convenientes consejos. Cada vez que se requiere trabajar con calor, ácidos y otros materiales y elementos de cuidado, están presentes las recomendaciones y precauciones necesarias, que no pocas veces implican la presencia y participación de una persona mayor.
 
Para su mejor asimilación, el libro requiere de un nivel de comprensión de los contenidos de las asignaturas impartidas en la escuela. Esto también implica un nivel de inclusión de familiares y docentes. Ciencia por doquier, por sí solo, no puede sustituir la labor de años de estudios y de otros libros de texto. Los autores mismos están conscientes de ello y advierten que el joven Thomas A. Edison o la lozana María Curie pueden tropezar y encontrar dudas y confusión en momentos dados del camino, y se ofrecen a mantener el apoyo y asesoramiento al joven y la familia.. La promoción del conocimiento científico requiere de un empeño colectivo, y estos científicos escritores nos dan una lección de compromiso digna de imitar.