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Isla en el tacto del ángel. Trayectoria de Augier

Pedro Llanes Delgado, 25 de junio de 2010

 

La poesía sirve de colofón a la obra de Angel Augier (nacido en Santa Lucía, cerca de Gibara, 1910) en libros que incluyen I, Arbolario, Copa de sol o Isla en el tacto. Acordémonos que desde la publicación de I —con su numerología arábiga holística— Augier no publica más hasta 1941. Los manuales apenas hacen referencia a I y prefieren reseñar mejor Canciones para tu historia o los poemas dispersos de la época republicana que luego Feijóo colectara en Breve antología (1963). En Augier se puede hablar de escritura superpuesta. El laboreo de investigación lo retrae brevemente de la poesía y así irá penetrando en nuestras letras para mostrarnos un rostro desconocido: el del hombre estudioso y ya dotado de notable erudición.
 
En 1938 la imprenta Molina publica su Juana Borrero, la adolescente atormentada y más tarde, en 1940, Recuentro y afirmación del poeta José María Heredia. El primer estudio habría tenido cuerpo en una conferencia perteneciente a Habaneros Ilustres dictada en 1937 en el Palacio de La Habana y publicada en el N.15 de los cuadernos de Historia Habanera de la Oficina del Historiador de la Ciudad, en 1938. La preocupación de Augier por la Borrero y Julián del Casal, dos de los grandes líricos de finales del XIX, por Heredia, Martí o Nicolás Guillén, sobre quien realizaría estudios pormenorizados se entreteje a su lectura de la insularidad, nos indica un rasero dentro de su propia invención. En I, el poeta absorbe algunos supuestos de la antipoesía, forma negativa de las últimas ramificaciones del posmodernismo, aunque adscribiera detalles neorrománticos y hasta el tono irónico y conversacional dejado por Porfirio Barba Jacob en La Habana durante la década del veinte, los cuales se sustancializarían en los textos de María Villar Buceta, Rubén Martínez Villena y José Zacarías Tallet. Canciones para tu historia ha ganado en relieve. El movimiento interior, los puentes rítmicos y la factura de los versos nos muestran ahora cierta aproximación a los poemas de Brull, Florit, Juan Ramón o las influencias francesas y alemanas (Mallarmé, Valery, Rilke), además del neorromanticismo que venía de Buesa y Galárraga. Augier es un poeta sobrio, elegante, de tonos desiguales. I, hoy por hoy, resulta un libro introspectivo, con conceptos de vanguardia bastante curiosos, abundantes tal vez de escepticismo. «Desde entonces profeso al reloj / algo así como un cariño fraterno: / esa fraternidad de la desgracia. / Porque nuestras inquietudes se disgregaban / en el abismo / inmenso del vacío. / Pero sobre todo / porque ambos perdíamos el tiempo». Norma Quintana y Virgilio López Lemus ven en Augier al poeta sosegado, íntimo, no trasgresor. Sin ser trasgresor, logra en Canciones para tu historia una inteligencia donde laten los símbolos tersos de la naturaleza (árbol, aire, primavera, azul sonoro).
 
Amor es primavera en el tiempo y en la sangre
no debe haber más ansia que el de la vida plena,
de la vida sedienta que nos está separando
con los brazos abiertos desde todos los rumbos.
Amor, es primavera en la vida y en el árbol.
Coro de nuestro canto, todo en el aire es música.
Alza tu frente diáfana hacia el azul sonoro
que en primavera es crimen ser sordo a la armonía.
 (“Canción de primavera”)
 
El suave contrapunteo de insularidad reaparece en Breve antología (1963). Los espacios dan cabida a las curvas, a las secuencias frutales y los ornamentos. Augier nos apremia entonces visualmente. Algunos de estos poemas de 1940-58 logran sustraerse de la atracción por lo conversacional y se permiten un empaque plástico y rítmico como el caso de «Elegía de nieve y fuego a Paul Eluard».
 
Nieve como un presagio,
como pétalos fríos de mármol,
como algodón último de penas que de pronto estallasen,
como blancas lágrimas congeladas en el último adiós.
Nieve como un sudario,
disperso, desgarrado, que se deshace en el polvo
y que se precipita como una angustia sin consuelo,
sobre los tejados y los corazones,
sobre los árboles desnudos que levantan sus brazos asustados.
 
De 1933 a 1958 Augier acrecienta, a decir de López Lemus, el prestigio de crítico literario. Obtiene en 1942 un galardón con el ensayo «Martí y su influencia innovadora en la poesía de América». Colabora en Mediodía, Hoy, La gaceta del Caribe, Dialéctica, escribe sobre la guerra republicana, la Enmienda Platt, Plácido, Casal, Rubén Martínez, Hernández Catá y el arte de José Antonio Ramos. En «Notas sobre Julián del Casal» publicado en la revista Universidad de La Habana (1943) durante el cincuenta aniversario de la muerte del poeta y que resulta un ensayo lleno de luz, elegíaco, con palabras cuidadas y casalianas de piedra de toque afirma: «Hoy nos acercamos a ese desolado fulgor [el fulgor de la muerte de Casal] y al posar las manos sobre él, sentimos que aún nos quema su angustioso rescoldo y si de pronto se nos ocurre soplar con fuerza para apagar también la luminosa huella superviviente, veremos que la estremece un tenue temblor para enseguida sostenerse vivamente en el tiempo, esa región de lo infinito donde en cada minuto, se renueva la eternidad». En Juana Borrero y Julián del Casal estarían los modelos de la poesía íntima finisecular, es decir, las raíces que Augier siente como suyas y de ahí la simpatía que se transparenta en los ensayos sobre ambos.
 
Canciones para tu historia reverencia la tradición intimista, el neorromanticismo, los textos de Brull y Florit que se habían ido instalando a través del letargo de las primeras décadas de la república. Hay un borroso seguimiento en el siglo que termina con la falsa independencia de Cuba y la muerte de sus dos grandes adelantados, Casal y Martí. Sus hitos serían el interregno de vacuidad subyacente hasta Arabescos mentales, Poveda y la Revista de Avance.
 
La obra de Augier logra recorrer nuestra angustiosa historia insular. Ahí están sus hermosos trabajos sobre José Antonio Ramos, Enrique José Varona, Esteban Borrero, Marcelo Pogolotti, José White o el médico saguero Joaquín Albarrán: también los de corte histórico «El aporte obrero a la guerra del 95», «Los Estados Unidos contra Cuba», «José Antonio Aponte y la conspiración de 1912», «Evocación de Jesús Menéndez». Los dedicados a la vida y obra de Martí , Nicolás Guillén, Heredia, Darío y el modernismo americano son especialmente enfáticos. Esta intelección de nuestras letras e historia de signo vanguardista tenía un precedente en el pensamiento de la Revista de Avance (Chacón y Calvo, Medardo Vitier, Varona, Francisco Ichaso, Ortiz).
 
La programática de Mediodía (1936-1939) del que Augier era colaborador postulaba «participar en las contiendas históricas de nuestro tiempo» y Página (Le Riverend, M. Aguirre) pretendía «convertirse modestamente, en unas cuantas páginas de firme orientación, donde se recoja la tradición histórica y cultural de Cuba[…] sin falseamientos sectarios, sin capillitas de élite». Cuando Prío es sustituido y los militares se reparten los nuevos poderes, la vida cultural del país da la impresión de palidecer. El autor de Arbolario escribe entonces sus ensayos sobre Piedra y cielo de Juan Ramón; llama a Romain Rolland «anciano heroico, patriarca y apóstol».
 
De esta época son también sus memorables apuntes de viaje como becario de la Unesco, el recorrido por Delfos, centro del mundo antiguo, el Bósforo, la margen izquierda de este en su aventura hacia el Mar Negro salpicada por los restos de las murallas bizantinas y romanas, la catedral de Santa Sofía construida en tiempos de Constantino. Un poco más y estará delante de las mezquitas de Solimán y Azul para pasar luego en un oscuro tren de Damasco a Ammán en Jordania y de allí a Jerusalén en plena Semana Santa. Augier nos contará en De la letra en la sangre acerca de sus contactos con el poeta italiano G. Ungaretti, autor de L’houmo nell’specchio, traducido entonces por Minuit al francés. Estos apuntes publicados en El mundo ilustrado y Bohemia del 55 al 57 recogen su visión de viajero incansable y se correrán del 66 al 69 hacia otro espacio (el de Europa del Este) en la forma del libro Do Svidanya. Allí encontraremos poemas circunstanciales de tónica conversacional (Ereván, Uliánovsk), algunos cosquillosos y concrecionales como «Pequeño concierto para Ajmadullina», otros íntimos, líricos, «Verano en Tbilisi».
 
Copa de sol (1978) es el libro de aprecio a la gesta, al cambio de paradigma histórico. En Copa… irrumpen con fuerza los temas de contenido social, la variable de la poesía cubana inmersa en el ethos aunque él vuelva a la amatoria, a la mujer. Creo que en este poemario el ethos vence al eros. Todo el mar en la ola (1989), Fabulario inconcluso (1998), Arbolario (1998) dibujan con gran maestría el paisaje antillano siguiendo una curva visible en Espejo de paciencia, Manuel Justo de Ruvalcaba, Joaquín Lorenzo Luaces o Sab de la Avellaneda. El exteriorismo de la poesía cubana ancilar se sincopa en Augier, se hace interior.
 
Isla en el tacto (1965) quizás se pueda entender como su poema definitivo. Las imágenes son metaforizaciones del color, del sonido insular, una fluidificación de las curvas y la fitozoomorfía que encontraremos en Lam, en las líneas contingentes de Mariano y Portocarrero. Preguntado sobre Isla en el tacto (Juventud Rebelde, 26 de enero, 2006) el poeta corrobora su preferencia: «Sí, porque es el libro donde he logrado una expresión, más profunda, amplia y en mi opinión brillante desde el punto de vista literario e ideológico».
 
La nominación no se deja retraer: Luz, caracola, sol, mar:
 
Isla mía, resonante / naviera y vegetal a la deriva / Cañaveral velamen / extendido de líquida transparencia. / Sonora y descubierta caracola / de sol y mar y viento traspasada. / Palmar de verdes puntas de sonido / del aire dueño y de la enredadera. / Amo y recorro al tacto / tu ámbito circundado de acústica intemperie / tu ámbito en que despliega / la luz de su canción el oleaje.
 
Isla en el tacto resiste la homología con los textos de Lezama, Dulce María Loynaz, Guillén y Virgilio, este último por negación. Augier ha quedado absorto en medio de sus imágenes incesantes, esa «región de lo definitivo donde en cada minuto se renueva la eternidad».