Un «revistero» legítimo: José Lezama Lima
Decir que José Lezama Lima impulsó durante veinte años la cultura cubana a través de cuatro revistas fundadas por él – Verbum (1937), Espuela de Plata (1939-1941), Nadie Parecía (1942-1944) y Orígenes (1944-1956)-- y que colaboró en importantes publicaciones cubanas – Grafos, donde en 1935 comenzó a publicar sus textos iniciales, Revista Cubana, Lyceum, Diario de la Marina, Islas, Lunes de Revolución, Revolución y Cultura, Casa de las Américas, La Gaceta de Cuba—y extranjeras de México (El Corno Emplumado, Siempre), España (Verbo, Ínsula), Argentina (Margen), Venezuela (Imagen), Francia (Les Lettres Nouvelles, Europe), Estados Unidos (Tre Quarterly) resulta un lugar común. Pero quiero referirme especialmente a las tres primeras citadas, las menos recordadas, quizás por el peso aplastante de ese gigante de habla española que fue Orígenes.
Verbum fue el órgano oficial de la Asociación de Estudiantes de Derecho, carrera de la cual Lezama se graduó en 1938, y fue también el signo inaugural de una generación que poco después se iría consolidando en torno a la figura del poeta. Solamente aparecieron, de manera irregular, tres números, el primero en el mes de junio. Como director aparecía René Villanovo, en tanto el futuro autor de Enemigo rumor fungía como secretario. Entre los miembros de su consejo de redacción figuraron Guy Pérez Cisneros y Antonio Martínez Bello, quienes, posteriormente, se destacaron, el primero, como crítico de arte, y el segundo como estudioso de la obra de José Martí. De los más tarde llamados origenistas colaboró en la publicación Ángel Gaztelu, aunque también figuraron las firmas de Emilio Ballagas, Eugenio Florit, Ramón Guirao, Juan Ramón Jiménez y del propio Lezama, que dio a conocer en su número inaugural el ensayo «El secreto de Garcilaso», donde ya cobra espacio lo que se convertiría en una constante de su pensamiento en torno a su posición contraria a todo dualismo y la apetencia de una «solución unitiva». En el segundo número, julio-agosto, publicó su Muerte de Narciso, texto fundacional en la obra del autor, que concitó, en la propia revista y en el último número aparecido, correspondiente al mes de noviembre, una crítica de Gaztelu-- «Muerte de Narciso, rauda cetrería de metáforas»-- considerada como la señal de una toma de conciencia ante la poesía de José Lezama Lima por parte del grupo de escritores que se reuniría algún tiempo después alrededor de Orígenes. Si Verbum es importante es porque allí vieron la luz los dos textos de Lezama antes citados que comenzaron a cambiar la imagen de la literatura cubana, en particular el poema, publicado ese mismo año de manera independiente por Úcar, García (la imprenta en la que siempre confió Lezama y la única que le daba facilidades de pago), el cual constituyó una radical ruptura con la tradición poética insular y aún de la lengua española. Pero, además, en la «Inicial», presentación donde se define el carácter de la revista, anónima, pero donde se transpira el aliento del poeta de Trocadero, quedaron plasmadas las inquietudes de entonces: «No hay duda alguna que nuestra Universidad en su fase actual—consecuencia de etapas sucesivas de ociosas vacaciones y de entusiasmos superficiales—atraviesa el momento subrayable en que el dolor de no haber sabido articular su expresión, empieza a recorrerla. Es ya un claro signo. Quisiera la revista Verbum, ir despertando la alegría de las posibilidades de esa expresión, ir con silencio y continuidad necesarias reuniendo los sumandos afirmativos para esa articulación que ya nos va siendo imprescindible, que ya es hora de ir rindiendo». La breve duración de la revista, algo común en la época, debido a la escasez de recursos para financiar este tipo de empresa, no merma su trascendencia en la cultura cubana.
Espuela de Plata dio a conocer su primer número en el bimestre agosto-septiembre y utilizó como subtítulo, a partir del segundo número, «Cuaderno bimestral de arte y poesía». Lezama Lima vuelve a atraer a su cuerpo de dirección a Guy Pérez Cisneros e incorpora al pintor Mariano Rodríguez. Contó con una especie de comité de colaboración donde figuraron músicos, poetas, pintores: Jorge Arche, José Ardévol, Gastón Baquero, René Portocarrero y Cynthio[sic] Vitier, a los cuales se unieron posteriormente Manuel Altolaguirre, Eugenio Florit, Amelia Peláez, Virgilio Piñera y Ángel Gaztelu. Su corta existencia no impidió que la publicación continuara cohesionando, como lo había hecho Verbum, pero ahora con mayor presencia, al grupo que alcanzaría total unidad algunos años después teniendo como centro a Orígenes. Sus páginas estuvieron dedicadas fundamentalmente a difundir poesía, pero también aparecieron cuentos, trabajos de crítica literaria y de arte, así como dibujos y viñetas de los pintores adscriptos al movimiento origenista. Tuvo la peculiaridad de que todos los trabajos y traducciones aparecidos eran inéditos. Dieron su colaboración, además de los citados, Mariano Brull, Emilio Ballagas, Ramón Guirao y Enrique Labrador Ruiz y los españoles Juan Ramón Jiménez, José Ferrater Mora, Jorge Guillén, Pedro Salinas y María Zambrano.
Nadie Parecía. Cuaderno de lo bello con Dios fue el título de la tercera revista auspiciada por Lezama, unido ahora en la nueva empresa a Ángel Gaztelu. Su primer número apareció en septiembre y como Espuela de Plata publicó poesías cubanas y extranjeras, traducciones, artículos literarios, dibujos, narraciones y fragmentos de obras de la literatura universal. Colaboraron en ella, además de sus directores, José Rodríguez Feo, Eugenio Florit y Eloísa Lezama Lima, entre otros.
La raíz de estas revistas y de Orígenes, fue, como ha dicho el propio autor de Paradiso, «la amistad, el trato frecuente, la conversación, el paseo inteligente. Estábamos muy al lado de los pintores […] y de los músicos. Esta amistad estaba por encima de hacer o no hacer revistas, porque las revistas fueron desapareciendo y la amistad ha subsistido».
Verbum, Espuela de Plata y Nadie Parecía abrieron el camino. Fueron, veámoslo así, como una especie de entrenamiento, de pequeños «talleres renacentistas» mantenidos a fuerza de tesón e inteligencia y que después permitieron la aparición de ese gran taller que fue Orígenes.