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¿Cuentos? de Nersys

Eldys Baratute, 17 de julio de 2010

Imagino lo difícil que fue para Nersys Felipe escribir prosa después de publicados sus libros Cuentos de Guane y Román Elé, ambos ganadores del Premio Casa (en 1975 y 1976, respectivamente) y obras imprescindibles de la literatura infanto-juvenil cubana.

El protagonista de Cuentos de Guane es el primer niño que en la literatura cubana se enfrenta a la muerte. Con este texto, su autora logra que los lectores sientan como suya la pérdida del abuelo del protagonista. Más que por el juego con el tiempo y el espacio, este libro se ha mantenido vivo, treinta años después, por la vitalidad que se respira en sus páginas; en él se exponen las emociones reales de cada uno de sus personajes y se rompen las barreras etarias.

En el caso de Román Elé, la discriminación racial y, de nuevo, la familia son los temas tratados. El medio deja de ser un ente pasivo para convertirse en un personaje más, tanto que muchas veces determina el comportamiento de otros. Si primero Elé no hubiese conocido la libertad de las palmas, el río, las flores y los pájaros, no hubiese luchado por ser libre él también. En la historia del niño negro confluyen todas las virtudes que pueda tener un buen libro, desde la ternura hasta el depuradísimo lenguaje, pero sobre todo se aprecia el respeto a los lectores, no solo a los niños, también a los adultos.

Casi diez años después de aquellos Casa, y sabiendo que era punto de mira de muchos críticos, editores y escritores, Nersys publica otra de sus historias: Cuentos de Nato (Gente Nueva, 1985).1 Es increíble que a veinticinco años de aquella edición solo escasas palabras se hayan escrito sobre ella. Imagino que esto se deba, primero, a la carencia de crítica literaria que existe en Cuba, lo que se acentúa en el caso de la literatura para niños y jóvenes; segundo, a la ausencia de soportes impresos en donde se publique la poca crítica que sobre literatura infanto-juvenil se escribe; y tercero, a que muchos esperaban que este cuaderno superase a Cuentos de Guane y a Román Elé. Pero —y hacia estas personas van mis preguntas—, ¿acaso son superables esos dos libros?, ¿diez años no son suficientes para despertar otros intereses, otras inquietudes, otras sensibilidades? Por supuesto. Cuando vio la luz Cuentos de Nato, a mí solo me importaba colorear los libros y arrancarles páginas, y no recuerdo si ese fue una de mis víctimas; pero ahora, veinticinco años después, aseguro que el niño que se despierta cuando leo, le agradece a su autora que lo haya publicado.

La familia es el centro de esta novela, y aclaro que es una novela, no un libro de cuentos como sugiere el título. Esta es una trampa que la escritora había empleado ya en Cuentos de Guane y que nuevamente utiliza como señuelo para llamar la atención de los lectores. Elimina las barreras de la comunicación con los niños y la primera palabra que les regala es la que, en materia de literatura, más les gusta: cuentos; aunque no sea exactamente esto lo que vayan a leer.

Con la cita de José Martí que sirve de pórtico: “El que ha andado la vida y visto reyes, sabe que no hay palacio como la casa de familia”, Nersys revela dos cosas: que sigue siendo deudora de la obra de nuestro apóstol —y digo sigue porque en sus novelas anteriores la presencia martiana es innegable—, y que otra vez la familia sirve de excusa para recrear una historia de conflictos y emociones. En esta ocasión la autora se arriesga a escribir sobre la convivencia, supuestamente tranquila, apacible, pero con toda la ebullición que provoca la coexistencia de tres generaciones bajo un mismo techo. Esa ebullición que nace de los sentimientos.

Si una casa tiene cuatro cuartos como la mía, es casa buena para que viva la familia. Mis padres, mis abuelos, mis hermanas y yo, sumamos siete, somos la familia y tenemos, además, sala, saleta, un patio con matas, baño, cocina, comedor y portal. El techo es de madera, fresco, altísimo, y una vez al mes, que siempre es domingo, mis abuelos lo sacuden con un escobillón.

Cuando pone el punto final a estas palabras parece que estamos dentro de la casa, de la mano de ella, o de Ignacio, el protagonista y narrador,2 caminado por cada una de las habitaciones. De esta forma comienza a familiarizar a los lectores con el lugar donde se desarrollará la trama y, al final del libro, logra que los niños tengan dos lecturas simultáneas: la que ella escribió y la que ellos están viviendo en los rincones de la casa.

Como en otros libros, Nersys homenajea a los héroes cubanos del siglo XIX,3 demostrando que la historia se puede enseñar sin teques compulsivos y panfletarios. Y, con mucho ingenio, asocia los nombres de los héroes de la Guerra de 1868 con niños llenos de dudas, inquietudes, alegrías y tristezas, pues no debe olvidarse que, antes que valientes libertadores, estas personas fueron muchachos inquietos, adolescentes enamorados y jóvenes rebeldes. A lo largo de estas páginas, Ignacio, el protagonista, y Amalia, su hermana, nos llevan a la casa del temerario Agramante, y cuando escuchamos al abuelo decir: “¿Sabes que hay nombres como pedacitos de historia? ¿Sabes que los hay como cajitas de recuerdos?”, nos convencemos de que estamos repasando un episodio de la historia de Cuba. Quizás el valiente mambí camagüeyano y su esposa tuvieron puntos en común con estos personajes.

Sin dudas, Cuentos de Nato es un libro cubano, no solo por la presencia de elementos del folclor en cada una de las descripciones, sino porque su autora dialoga constantemente con la historia de nuestro país; pero es a la vez un libro universal porque, sin didactismos forzados, muestra pasajes de la historia de la humanidad:

Sé que esta Venus es una estatua antigua, de más de dos mil años, y que se la ve tan majestuosa y serena, que mirarla encanta. Sé que la encontraron en la isla Milo, de allá, de Grecia, bajo tierra, sin brazos, y que sin brazos se quedó, porque nunca los hallaron. Y sé que ahora está en París de Francia, en el museo El Louvre.

En pocas páginas se demuestra que la historia de Cuba es tan importante como la otra, esa que está más alejada pero que también nos pertenece.

Especial atención presta Nersys al personaje de Li May, “un ave rara dentro de la familia”, quizás porque tiene cuatro años y a esa edad los niños manifiestan una espontaneidad única, o quizás porque tiene mucho de la autora. A diferencia de sus hermanos, “que tenían nombres como pedacitos de historia”, el de ella significa Flor de cerezo. Por ser diferente, quiere ser escritora y se teje un mundo donde la fantasía es la principal protagonista. Con este personaje no solo se quiere marcar las diferencias entre adultos y niños, sino también las que existen entre los pequeños. Ignacio, Amalia y Li May, aunque niños los tres, no tienen la misma forma de comportarse.

Prestemos atención a las palabras de Omar Felipe Mauri:

(…) En las primeras obras de la década de los ochenta, abuelos y abuelas mediaban entre el niño y el mundo. Luego, de tan cómplices, se convierten en protagonistas de una segunda infancia que comparten con sus nietos hasta el punto de oponerse a los padres y discrepar con los adultos (…) Por las abuelas y abuelos es posible acceder a las interioridades humanas en una amplia variedad de sentimientos, experiencias, voces y anhelos; por ellos conocemos de la naturaleza, de las tradiciones y la historia patria, fundidas y decantadas por un proceso personalísimo de gran riqueza expresiva, filosófica y existencial. Los abuelos abrieron un capítulo lírico, imaginero y humanista en las letras infantiles cubanas después de 1980 (…)4

y podremos descubrir que Cuentos de Nato es un fiel exponente de la literatura que se escribía en ese período. Los abuelos de esta historia son cómplices de los niños y vienen a suplir al padre ausente. En Cuentos de Guane, la muerte del abuelo era motivo de tristeza. En Román Elé, lo eran los maltratos a los que era sometido el niño negro y la muerte de su abuelo Calazán. En Cuentos de Nato, esta ausencia es la desencadenante de situaciones emotivas similares a las de las novelas anteriores. Un amigo afirmó hace muy poco que si Félix B. Caignet era el más humano de los autores, la más humana era Nersys Felipe,5 y lo dijo porque en todos sus personajes afloran los sentimientos. No existe otra forma para que las historias acompañen eternamente a sus lectores. Para muchos será difícil olvidar las últimas palabras de la carta que Ignacio le escribe a su padre: “Bueno, papá, escríbeme pronto, porque cuando leo una carta tuya, cuando estoy leyéndola, el Océano Atlántico se vuelve una lagunita”; en esta frase se resume toda la nostalgia del cuaderno.

De igual forma, en algunos capítulos se percibe cómo la escritora se deja dominar por su otro yo: la Nersys poetisa, y convierte comunes preguntas y respuestas en versos llenos de sensualidad, magia y lirismo. Los capítulos “Sueñecitos” y “La selva” lo ilustran:

–Corazoncito, ¿no sientes frío en esta cama tan grande?
Y ella me responde:
–Lo sentía, pero ya no; tú me lo has quitado.
Y vuelvo a preguntarle:
–Corazoncito, ¿no sientes tristeza en esta camota?
Y ella vuelve a responderme:
–Sentía, y mucha, pero huyó en cuanto llegaste.

–Jaujau jaujo. (Ando solo)
–Jaujau jo. (Como yo)
–¿Jaujau jaujaujo? (¿Vienes conmigo?)
–¡Jaujau jau joy! (¡Claro que voy!)
Y conversan, corretean, y en la camota decimos:
–¿Los oyes, Corazoncito?
…jaujaujaujaujauuuuuuuuu…
–Sí, los oigo.
–¿Me dejas salir a corretear con ellos?
–No puedo dejarte, mañana es día de escuela.
–¿Y si no lo fuera?
–Te dejaría.
–¿Y corretearías conmigo?
–Corretearía.
–¿Descalza como yo?
–Sí, descalza.
–¡Pero, cuándo, mamá, dime cuándo!
–Cuando amanezca domingo y volvamos a oírlos.

Con el capítulo “Noticias”, Nersys cierra el libro y demuestra una vez más su oficio al evitar un final lacrimógeno. Con la nostalgia que se respira en todo el libro, Ignacio describe una foto que le envía a su padre y en la que aparecen todos los miembros de la familia. Ahí está el presente de sus padres, de sus abuelos, de sus hermanas y él suyo propio, pero la autora hace una invitación para que los lectores imaginen cómo cada uno de los personajes llegó a ese presente, con lo cual estimula su imaginación y los hace partícipes del hecho creativo.

Una vez más, Nersys se revela como extraordinaria narradora, no solo por su dominio del arte de la palabra, sino porque en Cuentos de Nato ha logrado combinar una buena historia, emoción y respeto a los lectores de cualquier edad.

Notas:
1- A petición de la propia autora, este artículo se ha escrito después de leer la versión digital autocorregida de Cuentos de Nato, que saldrá publicada por la propia editorial Gente Nueva en el año 2011.
2- El uso del narrador-personaje es un recurso que la autora utiliza también en su novela Cuentos de Guane.
3- Ver, en Prenda (Gente Nueva, 1980), los poemas “Maestro” y “En el río”, y, en Corazón de libélula (UNION, 2006), los cuentos “La bufanda” y “Noche en New York”.
4- Tomado de “La familia en la literatura infantil cubana”, en la revista El Mar y la Montaña, No. 2, 2004.
5- Palabras del editor Carlos Fuentes en la presentación de Solo un humito (Nersys Felipe, Cauce, 2009) en la Feria Internacional del Libro de Pinar del Río, 2010.