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Cuando no existe el olvido

Kaly Smith Llanes, 06 de agosto de 2010

“…diré que todo cuanto sé sobre el misterio de la creación poética lo aprendí de un singular, insospechado maestro: el Gato con Botas”.
Eliseo Diego

Para recordar a Eliseo Diego basta cerrar los ojos y soñar, o extender la mano ante un librero y tomar una obra suya. Narraciones, poemas y ensayos salieron de su mano para enriquecer la literatura cubana. Por sus aportes y lo que significa su figura para la cultura cubana, este año, en el 90 aniversario de su natalicio, se le rinde merecidísimo homenaje a quien también ejerció como promotor cultural y traductor. Por el conjunto de su obra, en 1986 le fue otorgado el Premio Nacional de Literatura, y en 1993 obtuvo el Premio Internacional de Literatura Latinoamericana y del Caribe “Juan Rulfo”.

De ese poeta extraordinario y narrador excepcional muchos escriben, sin embargo, poco se habla del Eliseo que desarrolló una meritoria labor para niños y jóvenes.

En 1988 se le concede el Premio de la Crítica por su libro de poemas Soñar despierto,1 escrito para los más pequeños. Con su publicación, las letras cubanas ganan un hermoso texto para niños. Estos versos están alejados de cualquier ñoñería o simpleza que se pudieran pensar propias de una obra para este público. Eliseo teje, una por una, las palabras, resultando un poemario encantador por los temas y las enseñanzas, todo bien, pero muy bien fusionado. Los versos son fáciles de aprender y memorizar, aunque sin despreciar la inteligencia de los infantes. Lo cotidiano, la visión del niño, los sueños y la magia recorren las páginas de Soñar despierto; y sí que se sueña, porque ―y lo sabe Eliseo― la fantasía se contagia.

El jardín es la locación preferida y allí precisamente se desborda la imaginación; por eso “Qué se traerán”, “Las memorias de Manuela”, “En el patio”, “Si miras bien” nos recuerdan el espacio predilecto para hacer viajes y buscar criaturas increíbles, sabiéndonos dueños de un lugar que el adulto no podrá negar. Diego asume el mundo de objetos y seres con los que el niño se identifica: el perro y el gato, pero también la rata y el gorrión; el espacio de la casa y la familia cobran vida propia y asumen los roles protagónicos en los poemas. Asimismo aparece la historia de Cuba, nuestra historia, sin el esquematismo propio de la enseñanza: “El torreón de San Lázaro”, “Caballería mambisa” y “El corneta de Antonio Maceo”, educando a través de una aproximación singular a los hechos.

Otra característica extraordinaria del poemario son las ilustraciones de Rapi Diego, debido a la complicidad entre historia-poema y los dibujos. Eliseo Diego es protagonista en esta obra, vivió cada palabra que escribió como un niño que disfruta de soñar despierto, y Rapi supo también hacerlo caminar por cada página donde el escritor “nos regaló el asombro, esa capacidad de verlo todo como si fuese por primera vez, de disfrutar del mundo como si acabase de salir de la fábrica y oliera a nuevo”.2

El quehacer de Eliseo en torno a la literatura infantil no se limitó a la escritura de poemas, sino que abarcó también la crítica y la teorización, además de su extraordinario desempeño en el Departamento de Literatura y Narraciones Infantiles de la Biblioteca Nacional. La dirección de este departamento, responsabilidad que asumió desde 1962 hasta 1970, le posibilitó la adquisición de fondos de este tipo de literatura, la creación de un fuerte movimiento de actividades culturales que se llegaron a extender por todas las bibliotecas de la Isla. Dentro de estas actividades, una de las que más se recuerda es La hora del cuento, donde un grupo de narradores orales contaban historias a los niños. Estos narradores fueron preparados a partir del conocimiento de Eliseo, como pedagogo y como profundo conocedor del mundo infantil; y se organizaron seminarios para enseñar el arte de contar cuentos. En el Departamento de Literatura y Narraciones Infantiles de la Biblioteca Nacional se publicaron dos libros: Textos para narradores y Teoría y técnica del arte de contar. El primero de ellos contiene relatos ya adaptados y listos para contar, que se distribuyeron por las bibliotecas; el segundo fue un compendio de las primeras traducciones al español de textos teóricos sobre la narración oral. Igualmente Eliseo realizó una serie de estudios, traducciones y versiones de importantes escritores de la literatura infantil en el mundo. En 1966, en este departamento se editaron también varios ensayos de Diego como Los cuentos y la imaginación infantil y Los hermanos Grimm y los esplendores de la imaginación popular.

Ediciones Unión, en 2006, publicó una compilación de ensayos de Eliseo Diego sobre la literatura, entre ellos hay siete dedicados a la literatura infantil. En “Secretos del mirar atento: En torno a Hans Christian Andersen”, “Los cuentos y la imaginación infantil”, “Las maravillas de La Bella y la Bestia”, “Los hermanos Grimm y los esplendores de la imaginación popular”, “Una ojeada cubana a la literatura infantil”, “Tres cuentos para niños de Onelio Jorge Cardoso” y “Aviso y memoria de El gato con botas” aparecen reflexiones en torno a destacados escritores y obras literarias para los más pequeños. Lo que más agrada en estas letras no son solo las opiniones de Eliseo ―sabias lecciones que suenan espontáneas―, sino su manera de llegar al lector, a cualquier lector ―desde un pedagogo o estudioso, hasta alguien que quiera aprender un poco sobre literatura infantil. Pareciera que Eliseo nos narra una historia o declama un poema cuando nos acerca al mundo único de la imaginación infantil. Los siete ensayos ―que no son ni siete caudillos argivos ni siete puertas tebanas― poseen características en común y, a la vez, se interesan por particularidades que los convierten en textos únicos. Los elementos que frecuentemente aborda Eliseo y se establecen como especie de directrices en todos ellos son: la estimulación de la imaginación infantil por los cuentos y, por tanto, su positiva intervención en el crecimiento del pequeño; la necesidad de incorporar la creación literaria y la lectura de cuentos en la enseñanza, junto a otras materias; la utilización para la construcción de la historia de un estilo sencillo, directo; la importancia del folclor y de los cuentos populares para la literatura infantil ―que se convierten en destacados antecedentes, para luego entremezclarse con la savia personal del autor del cuento― y el encanto de ese lenguaje popular en las fábulas.

Deudores del intenso trabajo realizado por Eliseo Diego somos todos los cubanos. Los niños deben agradecer la promoción de, y el interés que logró despertar por, la literatura dedicada a ellos; los narradores orales, reconocer el hermoso mundo al que los hizo entrar; los críticos, saludar el texto hacia el público infantil (sus ensayos y sus poemas) que, de alguna manera, rompe con la obra que más se aplaude de este intelectual. Todos hemos de agradecer al autor de Divertimentos una entrega total por las letras y la cultura cubana y, especialmente, por ese espacio ―que parece muy pequeño― destinado a los niños. Para él no hay olvido, es imposible no sentirse atraído por el encanto de sus palabras y hechos. Cuando no existe el olvido, la eternidad abre los brazos para dejarnos al Eliseo risueño, que siente y se expresa como el poeta, como el niño que será siempre.

Notas:
1- Este libro tuvo dos ediciones (Editorial Gente Nueva, 1988 y 2008). En ambas aparecen las ilustraciones de su hijo Rapi Diego.
2- Palabras de Rapi Diego en el prólogo.

Enrique Pérez Díaz, 2019-12-03
Enrique Pérez Díaz, 2019-11-18
Alina Iglesias Regueyra, 2019-11-04