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Mirta Aguirre a la luz de una relectura

Leonardo Depestre Catony, 14 de agosto de 2010

Si digo que la obra de Mirta Aguirre se inserta dentro de lo que pudiéramos llamar clásicos de la literatura cubana, espero que ningún crítico lo objete. Y como clásico, a Mirta es necesario leerla y releerla para descubrir en cada vuelta de página las aristas de una prosa y de un verso profundos en su sencillez.

Dígase Mirta Aguirre y piénsese en ella como ensayista, profesora, poeta (incluida la producción para niños), pensadora, narradora, periodista, precursora de los estudios feministas… En fin, una intelectual en el más absoluto sentido de la palabra, y una mujer con una vocación de servicio ciudadano que puso a un lado conveniencias, por deberes, y oportunidades, por convicciones; lo cual no es poco y bien se ajusta a ciertos rasgos de la personalidad de la escritora: sensibilidad, inteligencia, austeridad, entrega a un ideal, responsabilidad política.

Proponemos, por experiencia propia, una relectura de Mirta Aguirre. Su poesía —ejemplo excelente para degustarla es transitar desde Presencia interior (1938) hasta Juegos y otros poemas (1974), incluyendo Canción antigua a Che Guevara (1970)— se nos presenta como resultado de un ejercicio del goce poético, de una disciplina que no pierde la naturalidad, y de una responsabilidad para con el lector. La imagen y el verso revelan un momento de inspiración sostenida que solo se consigue mediante la concreción de un lenguaje artístico y la asimilación de una sólida cultura.

Dos de los mayores representantes de la poesía en lengua española, ambos ganadores, además, del Nobel de Literatura —Gabriela Mistral y Juan Ramón Jiménez—, y varios escritores cubanos de los que han de quedar —Nicolás Guillén, Juan Marinello, Cintio Vitier, Nancy Morejón—, la acogen en cuerpo y creación.

Véase un pequeño poema, “Lo frágil”:

Pero, ¿y la flor?, diréis.
La flor, es eso.
Un pétalo y apenas,
tan solo pétalo.
Pero, ¿y amor?, diréis.
Amor es eso.
Un pétalo tan solo,
apenas pétalo.

En cuanto a su producción ensayística, dos libros (cuando menos) son imprescindibles: El romanticismo de Rousseau a Víctor Hugo y Del encausto a la sangre, a los cuales se suman otros de gran relevancia: La lírica castellana hasta los siglos de oro y Estudios literarios.

De Miguel de Cervantes escribe este espléndido y brevísimo retrato: “Soldado licenciado, hidalgo raído, español sin oficio y en ansia de beneficios, él reúne en sí todas las características externas del pícaro de blasones y si no llega a serlo es tan sólo porque lo impide su espléndida categoría humana”.

Su Ayer de hoy, publicado en 1980 por Bolsilibros UNIÓN, recoge una acertada selección de su variado hacer y revela el diapasón tan amplio de su talento y conocimiento.

Sin embargo, menos conocida es la periodista Mirta Aguirre —llegó a ganar un Premio Justo de Lara—, la entrevistadora, la comentarista, la crítica de cine, la escritora marxista, la autora para niños…

Súmese que Mirta Aguirre era abogada, que dirigió la Sección de Teatro y Danza del Consejo Nacional de Cultura, que ejerció la docencia en la Escuela de Artes y Letras de la Universidad de la Habana y presidió el Instituto de Literatura y Lingüística de la Academia de Ciencias, labores que simultaneó con la investigación.

Decir que ella es una de las voces femeninas de la literatura cubana puede ser un lugar común, aunque inevitable. El 8 de agosto de 1980, a los 67 años de edad, Mirta Aguirre se marchó físicamente, solo físicamente. Ahí está su obra enjundiosa que es necesario releer por una sencilla razón: es toda ella patrimonio de la cultura nacional.