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Estremecer la crítica de cine desde un libro

Luciano Castillo, 20 de septiembre de 2010

Quizás sea al cineasta Fernando Pérez, a quien debemos una frase definitoria de la cita que desde 1993 reúne anualmente a los críticos cubanos en la «ciudad de los tinajones»: «Considero que el Taller de crítica de Camagüey es el evento cinematográfico cubano más importante después del Festival del Nuevo Cine Latinoamericano. De sus encuentros han surgido reflexiones sobre nuestro cine y el cine que han contribuido a complejizar la dinámica de nuestro pensamiento, tanto de críticos como de cineastas. Y creo además que todo esto se ha logrado justamente porque Camagüey es la sede donde el trabajo coherente, audaz y creativo de la Dirección Provincial de Cine ha logrado nuclear talentos propios que general y aseguran una búsqueda constante, inquieta y enriquecedora».

Diez años que estremecieron la crítica (Editorial Ácana, 2006), de Armando Pérez Padrón, Máster en Cultura Latinoamericana, quien fuera director del Centro Provincial de Cine por más de una década desde 1990 y fundador y presidente del Comité Organizador de las dieciséis ediciones del Taller Nacional de la Crítica Cinematográfica, es un volumen que recorre la historia del evento desde su propia génesis.

El libro, que obtuviera el Premio Nacional de Crítica e Investigación Cinematográfica (2005), narra como en una suerte de novela de aventuras, las no pocas peripecias vividas sin capa ni espada, pero con tesón y entrega por el núcleo fundacional de ese privilegiado espacio para la reflexión y el debate. Se complementa el volumen con un pormenorizado anexo que relaciona las películas exhibidas a lo largo de una fructífera década por el Taller en lo cual se advierte una verdadera antología de los mejor del cine contemporáneo internacional, así como clásicos de la historia del séptimo arte. La programación cultural mutidisciplinaria que genera el taller, su incidencia en la constitución de la Asociación Cubana de la Prensa Cinematográfica, la participación social en el evento, la proyección de su primera convocatoria y las incidencias de otras nueve, son elementos que recorre el autor en esta compilación de interés no solo para los protagonistas, participantes o testigos de estas escaramuzas, surgidas en una etapa tan compleja de nuestra realidad como el período especial.

En el prólogo, Olga García Yero señala que «Mirar estos diez años, pasar balance a este tiempo, fue darse cuenta de que se asistió  entonces a un verdadero tiempo de fundación. Tiempo que puso a prueba la existencia de las muchas vías de arribar a una multitud de maneras de pensar sobre y acerca del cine. Tiempo que ha permitido unir fuerzas y esfuerzos de buena parte de la intelectualidad principeña que ha terminado por hacer suyo también este acontecimiento». Diez años... incluye dos interesantes anexos con las películas exhibidas en el Taller durante una década y los principales indicadores económicos de esa primera decena de ediciones. Ojalá Ácana, que publicara las memorias de varias de ellas, las retome en su línea editorial.

Como los propios hermanos Lumière, que no auguraban el menor porvenir a su invento revolucionario en las postrimerías del siglo XIX, no pocos escépticos y pesimistas anticiparon que el Taller de Camagüey, en aquella difícil coyuntura y con todos los vientos en contra, no pasaría de esa primera edición o quizás de la segunda... Más de una década después se encargaron de desmentirlo y confirmar la valía de un evento único en Iberoamérica. Si esos primeros diez años de vida del Taller estremecieron y revitalizaron la crítica cinematográfica nacional, los restantes no quedan a la zaga.