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Invisible I. Lo que está y no se ve

Bruno Henríquez, 01 de octubre de 2010

El ojo que ves no es/ Ojo porque tú lo veas/ Es ojo porque te ve.

Antonio Machado

La invisibilidad o propiedad de desaparecer de la vista de quien nos observa ha sido uno de los temas de la literatura fantástica y de ciencia ficción a la vez que tiene su origen en los mitos y los deseos de las personas de poder pasar inadvertidos ante los demás.
 
Un objeto o persona puede considerarse invisible por varias condiciones:
-Que la luz lo atraviese, que sea transparente a la radiación visible y por tanto no se pueda ver.
-Que se confunda con el entorno, que no se pueda percibir, no porque lo atraviese la luz sino porque dé la impresión de no estar ahí, o sea, no deje ninguna impresión visible.
-Otra condición no menos importante es que, aunque sea observado y visto, no pueda ser identificado como objeto de interés y que pase completamente inadvertido ante las personas o los instrumentos de detección.  
 
Recordemos cómo en el cuento de Edgar Allan Poe, “La carta robada”, se enmascara el objeto desaparecido, sin sustraerlo del lugar donde estaba, al colocarlo entre otros de su mismo tipo, con el sobre al revés donde se había escrito otra dirección.
 
En la naturaleza está presente el arte del camuflaje y la invisibilidad a partir de las técnicas de enmascaramiento desarrolladas por diferentes seres vivos. Estas van desde el cambio de coloración de la piel como en el caso de algunos lagartos o de acciones que permiten cegar al enemigo ya sea por la emisión de tinta, la creación de nubes de arena o la emisión de sustancias cegadoras a los ojos.
 
Los trajes tradicionales de camuflaje permiten, como la piel de los lagartos, confundirse con el fondo, así la imitación del entorno o propiedad mimética, es común y se usa entre otras en las maniobras militares. Otras veces y en condiciones específicas, basta solo con esconderse detrás de arbustos.
 
Las técnicas de la invisibilidad
 
Para hacerte invisible tienes que conocer cómo y con qué te observan.
 
Quizás uno logre hacerse invisible a la luz pero no puede evitar desprender calor y ser fácilmente detectable con sensores de la radiación infrarroja.
 
Por ejemplo, los aviones militares invisibles lo son fundamentalmente al radar. La visión de un objeto es posible porque este refleja la luz (o las ondas de radio, en caso del radar) que incide sobre él, si el objeto puede desviarla o absorberla no devolverá ningún eco al localizador, lo que lo hará indetectable, o sea, prácticamente invisible.
 
La invisibilidad tiene dos aspectos importantes para quien la busca: una, la intención de confundirse con el entorno, otra, conocer las causas de  la incapacidad del observador de percibirlo.
 
Muchas de las invenciones imaginarias y eventos extraños se basan en conceptos de la física, aunque a veces la explicación del modo de operación se reduce nada más que a una traducción a términos aparentemente técnicos de la descripción cotidiana de su efecto. Dos ejemplos muestran esto:
 
En El hombre invisible de H.G. Wells la poción de invisibilidad le da al cuerpo humano un índice de refracción igual a uno, como el aire. En El cristal lento de Bob Shaw en “Luz de otros días” la luz viaja a través del nuevo material tan despacio que le toma varios años atravesar algunos milímetros de espesor. Al comprender que una explicación detallada no daría el efecto buscado, el autor plantea simplemente que el vidrio tiene un índice de refracción extremadamente alto. Así un concepto conocido y estudiado desde la escuela, el índice de refracción, justifica ambos fenómenos  sin tener que buscar más detalles. En el caso de Wells lo cotidiano de un vidrio transparente y limpio que es indetectable hace creíble el planteamiento. Una pequeña parte de la efectividad de la idea de un vidrio lento reside en la aceptación cotidiana aunque intuitiva del hecho científico que la velocidad de la luz es finita.
 
Tenemos entonces, volviendo al cristal lento, que  la invisibilidad puede producirse también por retraso de la señal. No es que el objeto no se encuentre en el lugar sino que su luz no me ha llegado aún, debido a un retraso anormal de la señal, o sea, su imagen, en comparación con la percepción cotidiana.
 
La idea mencionada por Wells no era creer en la posibilidad de lograr la invisibilidad sino de racionalizar la idea que le servía en la historia; así que, sin tener en cuenta el rigor científico o la posibilidad de que fuera cierto, planteó que la droga hacía adquirir al cuerpo humano en su totalidad un índice de refracción igual al del aire. Así logró realizar su idea, lograr en el lector la aceptación de que cuando el personaje se quitara la ropa y las vendas que lo cubrían no apareciera nada.
 
 Fig. El hombre invisible 
 
El hombre invisible por este método sería completamente ciego a la luz visible, ya que para ver hay que tener ojos con índice de refracción diferente, que permitan a la luz formar la imagen en la retina; pero el hombre totalmente invisible sería atravesado por la luz en todas direcciones y además de invisible sería invidente. Así que para lograr la invisibilidad o al menos una forma de invisibilidad que no nos incapacite para ver, las mejores soluciones parecen ir por la vía del enmascaramiento.
 
La invisibilidad en la literatura aparece como un lugar común, utilizado tanto voluntaria como involuntariamente, con justificaciones lógicas y científicas o mágicas y fantásticas. Un personaje puede ser entonces invisible respecto a un aspecto de la sociedad o del entorno.
 
La metáfora literaria de la invisibilidad hace referencia a la persona o suceso que no es notado por nadie, ya sea por su insignificancia o por su astucia al enmascararse. En la fantasía es una propiedad de la magia, mientras que en la ciencia ficción es además de metáfora una posibilidad. Lo que en la fantasía se justifica con un dispositivo (la capa o manto), un pase o una palabra mágica, en la ciencia ficción se explica o se sugiere su explicación a partir de una posibilidad de la ciencia y la técnica, aunque solo se requiere que se acepte como algo posible que se pueda realizar algún día o quizás hoy mismo, sin mediar una explicación detallada de cómo se hace. 
 
Muchas veces se cree que el hecho de que un objeto se vuelva invisible requiere de una técnica sofisticada y una intención predeterminada, sin embargo, muchas cosas cotidianas se vuelven invisibles, más por nuestra incapacidad de percibirlas que por sus supuestas cualidades de invisibilidad. ¿Cuántas veces no hemos visto a una persona tropezar con un vidrio por el solo hecho de estar muy limpio? ¿O no encontrar un objeto que tiene delante de sus ojos?
 
Respecto a la invisibilidad encontramos en la Enciclopedia de Ciencia Ficción de John Clute y Peter Nichols el siguiente comentario: “La fantasía de hacerse invisible es una ilusión común en la infancia. Y como con todas las ilusiones infantiles el tratamiento literario puede dar lugar a historias educativas.”
 
Casi todas las historias de seres invisibles, son historias de confrontación con adversarios invisibles, en los que se simbolizan los sentimientos de miedo e inseguridad sin causas aparentes u obvias de una manera dramática. Una de las primeras historias de este tipo es la novela de Verne El secreto de Wilhelm Storitz aunque muchas de ellas están en la frontera entre la ciencia ficción y la fantasía, entre las que se encuentran las obras de diversos autores como: Guy de Maupassant, 1887, con Horla; Ambrose Bierce, 1893, con The damned thing yThe thing from outside, 1923, de George Allan England, por citar algunos.
 
En lo cotidiano lo invisible se hace popular dentro de la cultura y a veces se confunde con la transparencia, como el ejemplo del cristal extremadamente limpio, una cinta adhesiva transparente (mate) utilizada para fijar figuras para fotografías o fotocopias, así como también las técnicas de zurcido invisible aplicadas a la ropa que ha sufrido algún daño y es más difícil de sustituir que de reparar.
 
Lo invisible, representa un universo que va desde lo que no podemos ver por sus características ópticas a lo que no podemos percibir conscientemente aunque lo veamos por no poder identificarlo. 
 
La invisibilidad se puede lograr así por medio de artes o técnicas, o simplemente distrayendo la atención de quien observa y busca algo pero no sabe lo que va a encontrar. Ocurre muchas veces que quien busca, de tanto fijar su mente en una idea preconcebida no puede percibir lo evidente que pasa por delante de sus ojos con otro color, otra forma, otro aspecto u otra identidad.
 
En las historias de personas invisibles es un lugar común tratar de contrarrestar esa invisibilidad ya sea buscando el antídoto (misión que corresponde al héroe o a su adversario) o tratando de hacer visible al enemigo por diferentes vías al tratar de cubrirlo de pintura, de agua, de vapor, de churre. Una escena memorable por su sentido poético ocurre en la película del tema del año 1992 The hollow man cuando el hombre invisible es percibido por la amada al marcarse su silueta por la lluvia que cae y reflejar las luces del callejón donde se encuentran; él aparece entonces como un fantasma brillante. El efecto se vuelve a utilizar muchas veces en películas referidas al tema, podemos recordarlo en una pelea de hombres invisibles bajo la lluvia.
 
 Fig. Pelea de hombres “invisibles” bajo la lluvia.  
 
Referencias:
 
Clute, John. Enciclopedia de Ciencia Ficción.
 
Henríquez, Bruno. "La Física en la ciencia ficción. Aciertos, predicciones y equivocaciones" Congreso de la sociedad cubana de Física, 2008.
 
Wells, H.G. The invisible man, 1897.
 
Verne, Julio. El secreto de Whilhem Storitz, 1910.